CENTRALIZACIÓN CONTRA DEMOCRACIA

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 “Entre un GOBIERNO que lo hace mal y un PUEBLO que lo consiente, hay una complicidad vergonzosa”. 

 Víctor Hugo

 

Nuestro televidente y amable lector Luis Rodríguez Luna nos pide una visión y un ejemplo sobre la situación de los gobiernos centralistas y su relación con la verdadera democracia. Desde aquí, nuestro punto de vista:

 

DEL DICHO AL HECHO: A finales del siglo XVIII, Joseph de Maistre, el más famoso pensador reaccionario francés de su tiempo, lanzó una frase que, para muchos y en muchos lugares, sigue vigente: “Los Pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Otro gran pensador Francés, André Malraux lo afinó y señaló qué: “no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”. Esto significa que los vicios y las virtudes inherentes a los gobernantes de turno tienen origen o reflejan la sociedad a la cuál pertenecen. 

 

En 1980, Zimbabwe, antes Rodesia del Sur, se independizó de Gran Bretaña , el líder independentista, Robert Mugabe, con un discurso demócrata y liberal, que prometía la implementación de políticas en pro de la reconciliación y la integración racial en el país, así como la redistribución de la tierra y la generación de inversiones y desarrollo económico, se mantuvo como Primer Ministro 7 años y otros 30 como presidente de la república, creando una de las más desastrosas dictaduras centralistas que el mundo conoce.

 

En 2017, un golpe de Estado, encabezado por el hoy presidente, Emmerson Mnangagwa, que también prometió democracia y crecimiento económico, depuso al dictador Mugabe. Exactamente con el mismo estilo que su predecesor, el actual presidente construye su dictadura con decisiones de poder centralizado que ignoran la opinión del pueblo, borró, con un decreto, la cámara de senadores, y creo la suya propia, así como su ejército y su cuerpo de seguridad.

 

Hoy, Zimbabwe tiene la mitad de la renta per cápita que tenía en 1980 y las libertades individuales y los derechos humanos no se pueden restringir más, porque simplemente, no existen.

 

CENTRALISMO: Este es solo un ejemplo, de los muchos que hay hoy en el orbe, del daño que las políticas públicas centralizadas y autocráticas producen en manos de personajes impreparados, o simplemente perturbados, que imponen de su visión del mundo y desprecian su papel ante la historia; se erigen, en nombre del pueblo, en deidades que lo creen merecer todo, sin obligarse a nada.

 

En el contexto de un mundo globalizado y caracterizado por el libre comercio, las políticas públicas centralizadas que promueven la creación de empresas estatales y restringen la inversión local plantean graves riesgos. Estas políticas, que concentran gran poder ejecutivo en el gobierno, o solamente en el líder de éste, tienen, como en los casos de Zimbabwe, Cuba, Venezuela o Nicaragua, consecuencias negativas, tanto para la economía como para la sociedad que los entronizó, a base de promesas y cuasi limosnas disfrazadas de “programas sociales”.

 

Desde el punto de vista de la Administración Pública, haciendo a un lado el aspecto ideológico en que un gobierno, de izquierda, de centro o de derecha, utiliza el verbo populista para justificar sus desvaríos, las consecuencias de este comportamiento suelen ser devastadoras, las economías se destruyen y el bienestar prometido en la palabra se transforma en inconformidad, cuando no en tragedia.

 

Este centralismo no se concreta a la toma de decisiones, sino que pretende concentrar las estructuras económicas, financieras y de servicios en un ente, el Estado, que muy pocas veces, obtiene resultados positivos. China, país centralista por excelencia, tuvo que invertir el proceso para convertirse en la segunda potencia económica mundial y, quizá, en un par de años, en la primera.

 

Cuando un gobierno se involucra en la creación de empresas estatales en gran escala, corre el riesgo de agotar sus recursos y dificultar el cumplimiento de otras obligaciones gubernamentales, como la provisión de servicios básicos o el mantenimiento de infraestructuras clave. Esta limitación financiera puede frenar el desarrollo económico y dificultar el crecimiento a largo plazo.

 

El centralismo inhibe la inversión local. Cuando el gobierno controla la mayoría de los sectores económicos, se desalienta la inversión privada y se limita la competencia. Antes del triunfo de la Revolución de 1959, Cuba producía 14 millones de toneladas de azúcar, hoy solo produce 2 millones, que no cubren el consumo interno, además, la gente no cuenta con recursos para su adquisición.

 

La falta de apertura afecta la innovación e incide en baja calidad de los productos y servicios, y minimiza de diversificación económica. Además, la inversión extranjera también se ve afectada por esta preferencia gubernamental y por su desprecio ideológico, lo que conlleva a una disminución en el flujo de capital y tecnología de otros países. Cuba exporta médicos, pero no produce ni importa tecnología para sus hospitales, ni medicamentos para sus habitantes. En última instancia, la falta de inversión local y extranjera afecta el crecimiento económico y la generación de empleo, más que el bloqueo económico de USA -tan poco respetado por otros países-.

 

Aunque autores famosos como el Estadounidense John Rawls en su “Teoría de la Justicia” han defendido la necesidad de políticas públicas centralizadas para asegurar la distribución equitativa de recursos y oportunidades, lo cierto es que cuando el Estado juega ese papel central violando sus propias reglas, los resultados suelen ser, por lo menos, catastróficos y ciertamente, poco democráticos.

 

DE FONDO: Elinor Ostrom, primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía en 2009. Analizó los beneficios de la gobernanza de los bienes comunes y la gestión colectiva de recursos naturales, con una metodología muy rigurosa, nunca a través de encuestas a mano alzada.  Ostrom demostró que la gestión descentralizada y la participación de las comunidades locales son efectivas para evitar el agotamiento de los recursos y superar los problemas de la gestión centralizada. Con el lema -y libro- de “Trabajar Juntos”, su enfoque destaca los riesgos de la centralización excesiva y promueve la importancia de la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas.

DE FORMA: Una revisión histórica, realizada por el Estadounidense Roland Inglehart en 43 sociedades, demuestra, empírica y estocásticamente que, en las sociedades tradicionales y autoritarias, es más probable que las políticas y decisiones sean centralizadas, con un fuerte énfasis en la autoridad jerárquica y en la obediencia. Sin embargo, a medida que las sociedades se modernizan y los valores cambian, se abren espacios para políticas y decisiones descentralizadas que reflejen una mayor participación ciudadana y una diversidad de perspectivas, esta es la llamada “Economía de la Elección Pública”. ¿Acaso vamos de reversa?

DEFORME: Por extrañas y centralistas situaciones, México se comprometió a adquirir a Cuba 200 mil toneladas de balasto (grava suelta), que enviarían, a partir de enero, a razón de 90,000 toneladas mensuales para la construcción del Tren Maya. A la fecha solo se ha enviado, desde el puerto cubano de Cienfuegos 20,00 toneladas ¡a Puerto Morelos!, Quintana Roo, que no tiene el calado ni la capacidad de maniobra para la estiba del producto. Luego de tres meses se tomó la “sabia” decisión de enviar al barco, previa destrucción del arrecife de coral, al puerto de Veracruz, para su descarga y posterior y carísima transportación a Quintana Roo.  La semana pasada, arribaron a Puerto Progreso, Yucatán, cerquita de la blanca Mérida, 65,000 toneladas de rieles para ferrocarril. El Puerto no cuenta con los canales de maniobra ni el calado para el atraque y descarga correspondientes. Se tomó la decisión de enviarlo a Coatzacoalcos, Veracruz y trasladar el material a Quintana Roo en camiones de doble plataforma, ¿El costo?, no importa, al fin que no se transparenta.

Dos ejemplo clarísimos y carísimos de que, actuar sin planificación y por puntada, le cuesta mucho al país y a sus ciudadanos que pagan impuestos. Ya que la construcción del tren está a cargo del ejército, ¿no podrían pedir asesoramiento de la Marina sobre calados y capacidades portuarias? Por cierto, México, que produce 900 millones de toneladas al año de grava, con exceso de oferta y falta de mercado, adquirió, discretamente, 200 mil toneladas de balasto a Cuba. ¿Discriminación al mercado nacional?

COLOFÓN: En esta óptica, con verdadera gobernanza y decisiones sin autoritarismo: ¿Habría un aeropuerto como el AIFA… o tendríamos uno de los 10 aeropuertos más modernos del mundo? ¿Habría una refinería inconclusa y deficiente… o plantas generadoras de Hidrógeno Verde para garantizar la sustentabilidad y la protección al medio ambiente? ¿Habría un Tren Maya sin logística en su diseño y construcción… o un sistema mixto de comunicación peninsular, también con protección ambiental y criterios de sustentabilidad? Usted tiene la mejor opinión…