Cervical

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Mi cabeza preciosa, entubada

de nervios que suben y bajan,

ellos detectan sensaciones, humores;

seducen y ultrajan.

Los mismos que avasallan al tacto

y sustituyen las huellas por llanto.

Una vez tuve un encuentro poco

afortunado: trauma, golpe, síncope blanco.

Así quedó almacenado y cinceló

vértebra a vértebra el desastre

de la Malatesta y la espalda curva.

La majestuosidad del cuello  a

nadie interesa hasta que la rigidez

obliga a agachar la mirada

ante los sirvientes del drama.

He olvidado mis importantes nombres,

títulos, viajes y blasones,

daría lo que llevo encima

por voltear a tiempo en la huida

antes de volverme estatua de sal.