CHARLAS DE SOBRE MESA: EL EFECTO DUNNING-KRUGER Y EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

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Bien lo decía el filósofo Bertrand Russell: El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas.

 A diario nos topamos tanto en persona, como en las redes sociales, con uno de los males de nuestro tiempo: múltiples y variadas opiniones, comentarios y fake news en tiempo inmediato disparados a diestra y siniestra sin contar con el respaldo mínimo requerido. Por ejemplo, en Twitter en donde tan solo 280 caracteres son suficientes para comentar el tema del que todos hablan, a través de mensajes cortos que invitan a opinar de forma inmediata, sin tener conocimiento sobre el tema. De esta forma, podemos acceder a millones de opiniones sin reflexión y caer en las tan nefastas fake news.

Expertos en la materia han determinado varios factores que pueden motivar a la gente a opinar sin realmente saber del tema, como la necesidad de pertenencia o la inseguridad disfrazada de autoconfianza, pero se trata de algo que sobre todo tiene que ver con la ignorancia y la no aceptación de las propias limitaciones. Una deficiente administración de nuestro ego.

 Los expertos en el ámbito de la psicoterapia y el neurofeedback le han llamado el efecto Dunning-Kruger que se puede resumir en una frase: cuanto menos sabemos sobre algo, más creemos saber. Este sesgo cognitivo consiste en que las personas con menos conocimientos o habilidades sobre una materia, sobreestimen su capacidad y no son capaces de reconocer su incompetencia. Al sobrevalorar su competencia e infravalorar la de los demás, tratan de imponer sus opiniones y califican a los otros de ignorantes, cuando realmente no es así. Ello se traduce en el caldo de cultivo perfecto que nutre a los populistas cuya estrategia principal es la polarización de la ciudadanía gracias a tantas personas afectadas por el síndrome referido.

El reverso de la moneda se conoce como el síndrome del impostor. Contrario a lo que muchos puedan pensar, el poco conocido síndrome del impostor, sufrido por infinidad de personas, nos libra de emitir muchas opiniones absurdas: se trata de un fenómeno psicológico que hace que una persona crea que no es inteligente, capaz o creativa (incluso a pesar de las evidencias). Es la cruz de la moneda del efecto de Dunning-Kruger: Las personas que tienen más conocimientos y habilidades sobre un tema son más conscientes de la amplitud y complejidad del tema y de todo lo que les falta por aprender.

Las personas afectadas por el síndrome del impostor, aunque sepan mucho sobre una materia, tienden a darle más peso al conocimiento que todavía no tienen y son más cautas a la hora de opinar. Así es como menosprecian sus capacidades y tienden a atribuir sus logros a golpes de suerte. Son personas inseguras, con baja autoestima y sentimientos de culpabilidad que tienen un miedo constante a ser descubiertas como impostoras. Nuevamente estamos frente a un asunto de saber calibrar nuestro ego.

Bien lo escribió Gabriel Zaid: Cultura es conversación. En mi opinión, por eso son tan importantes las charlas de sobremesa, el tomarse un café con un amigo, el participar en círculos de lectura como los que organiza el buen amigo Ernesto Monroy en su ya tradicional cafetería y librería El Laberinto, atendida diligentemente por otro toluqueño embotellado de origen, el también amigo Juan Díaz.

Para que se anime a participar en un círculo de lectura, le quiero recomendar el más reciente libro de Enrique Krauze cuyo título es muy sugestivo: SPINOZA EN EL PARQUE MÉXICO.

De lectura sabrosa y digerible, se trata de una conversación entre el intelectual mexicano y el escritor español José María Lasalle, en donde el ibérico le hace preguntas y pone temas en la mesa, para que Krauze le narre su vida en este peculiar formato que a mi en lo personal me agrada y que te invita a conocer la obra del filósofo neerlandés de origen sefaradi hispano-portugues Baruch Spinoza.

Lo dividieron en cuatro partes: Origen y Formación (me parece un tanto cuanto aburrida, sobre todo si usted no es judío y conste que no soy antisemita) la segunda parte: Historiador y Editor, es cuando empieza a ganar altura el libro y realmente se disfruta su lectura como un buen referente de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país; después en el tercer cuarto aborda: El libro que no escribí; para cerrar con: Biblioteca personal.

En mi opinión, el libro no tiene desperdicio por la bibliografía que cita, las conversaciones con Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz, Gabriel Zaid y otros intelectuales mexicanos. En mi próxima entrega, les haré una reseña del libro.