¿Cómo educamos?

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Los clásicos establecen que no hay una fórmula única para educar, cada ser humano decide el rumbo que desea para hacerlo y es justo en esa diversidad donde se pueden perfilar los éxitos o fracasos en la aventura. Algo resulta contundente, el éxito o fracaso de los hijos es, sin duda alguna, el éxito o fracaso de los padres.

En un estudio reciente, la revista Entrepreneur establece que los padres que desean tener hijos exitosos deben propiciar las condiciones adecuadas para que éste, se pueda obtener en un plazo razonable.

El texto establece que son siete las acciones puntuales que favorecen que un niño logre con el tiempo un mejor posicionamiento de sí, logrando con ello mayor visibilidad ante el mundo y más probabilidades para el cumplimiento de sus propios objetivos.

Lo primero es generar altas expectativas; una persona trabaja en función de las metas que tiene, si lo acostumbramos a lo simple, crecerá con la idea de que no hay que esforzarse más que para lo meramente esencial y eso acaba por limitar.

A la par, se debe enseñar que la calidad está por encima de la cantidad, que es preferible comprar una sola cosa, de buena manufactura, que muchas de calidad dudosa, solemos priorizar el costo por encima de cualidad. Con el tiempo, las personas se quedan en ese paradigma.

Por supuesto que se debe impulsar la formación académica, esto significa plantear que entre más se avance, mayor capital cultural se adquiere y eso es una magnífica herramienta para enfrentar los retos de la vida.

Favorecer la adquisición de habilidades matemáticas de manera prematura es de suma utilidad para los procesos cognitivos en el mediano plazo; hay que dejar de tenerle miedo a estas áreas de conocimiento.

Establecer un mejor cuidado, quizás de las áreas de oportunidad más grandes en los padres de las nuevas generaciones. Es simple, hay que estar en toda la extensión de la palabra, no se trata de pretender que estamos porque pagamos, debe haber supervisión permanente para dar certeza a los hijos de que cuentan con alguien en todo momento, y que su primer opción para solucionar problemas deben ser los padres. Cuando un menor tiene que recurrir a otros, llámese tíos, abuelos, vecinos, es muestra de que hay una desatención grave.

Evitar el tiempo perdido con los niños, esto significa darles libertad para hacer sus cosas, siempre que haya una agenda clara de actividades, de nada sirve estar si no hay una plática, apoyo en tareas escolares o supervisión de las acciones que realiza, debemos ser cuidadosos de no generar contagio emocional, entendido como permear el estado de ánimo de los padres a los retoños.

Favorecer una mentalidad de crecimiento, es decir, propiciar que gusten de retos y que vean al fracaso no como una evidencia de no ser inteligente sino como una forma de crecimiento y de expandir las habilidades existentes.

¿Cómo educamos?, es la pregunta que tendríamos que hacernos todos, la evidencia de una buena educación siempre saltará a la vista, tal y como expresó Don Manuel Altamirano, la buena educación es como el perfume de las rosas, se percibe desde lejos.

horroreseducativos@hotmail.com