COMO EL COLIBRÍ Y EL ACERO.

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LO QUE VÍ: Pasó a la inmortalidad hace 20 años sin deberle nada a la vida, aunque ella quedaría endeudada con él. Le debió la dicha de ver crecer y realizarse a sus seis nietos, le debió la magia maravillosa de conocer a su bisnieta, pero a cambio, le compensó como a pocos, con la fortuna de pasar a la eternidad como un hombre amoroso, íntegro y honorable.

Don Rubén Vargas González trascendió a su tiempo, su estirpe da cuenta de ello. Como de todos es conocido, la vida es sabia y no le gusta quedar a deber, es por eso que saldó a Don Rubén con la moneda de la honorabilidad, ésa que nunca se deprecia y constituye un legado invaluable para orgullo y fortuna de sus descendientes.

Nació en Zumpango, Estado de México y desde niño su personalidad se fue templando acaso como el acero, cuando recibió su primer golpe con la muerte de su madre Esperanza, quedando huérfanos él y su gemelo Raúl. El acero se templa al fuego, Pero… ¿cómo se puede templar el carácter del hombre, hacer a éste más fuerte que el acero, firme en la desgracia, leal en la amistad y fiel en el amor? A esta pregunta responde esta exaltación en el vigésimo aniversario de su fallecimiento.

Los inseparables hermanos llegaron a Toluca en la primera mitad de la década de los cuarentas, al entrar a la ciudad, vieron de frente al entonces recientemente inaugurado monumento a la bandera, muy cerca, a un costado, se estaba construyendo la fábrica Celanese Mexicana, sin saber que ahí sería su origen y destino, ya que ambos entraron a trabajar a esa empresa 20 años después.

Rubén y Raúl fueron inscritos en la Escuela de Artes y Oficios (EDAYO); el primero añorando ser algún día médico y el segundo, ingeniero. Pero el destino les tenía preparados otros derroteros. Rubén se casó en 1957, con Ana María Jiménez Islas, hija de un recio agricultor y maderero de Tlalmanalco, Estado de México. Tuvieron 3 hijos producto de un matrimonio ejemplar, inseparables a lo largo de 44 años.

Siempre nos da curiosidad su significado, por ello, avistar a un colibrí nos alegra y nos motiva; es un símbolo de excelencia, de tenacidad, de resistencia y de entusiasmo por el disfrute. Los colibríes se alimentan del néctar de las flores y la dulzura de la vida. Don Rubén era una curiosa mezcla del alegre y resistente aleteo del colibrí y del hombre templado como el acero. Tuvo el coraje para presentar combate a los demonios que suelen acompañarnos en nuestras vidas y salir adelante como un hombre de familia, trabajador, solidario y un elocuente ejemplo de resiliencia.

Como los colibríes se alimentan de las flores, nuestro personaje lo hacía de las relaciones humanas y de la dulzura de la vida. Disfrutaba de un bolillo, de una piedra o de una concha como si fuera el más caro caviar. Uno de sus placeres era la comida y si era con amigos, pues doblemente placer. Se conocía todos los lugares famosos en Toluca para almorzar, botanear, comer o cenar en la segunda parte del siglo XX: La pancita del señor Lugo en el mercado 16 de septiembre, Las Fodongas, Los Paisas, Las Médulas, Los tacos de tránsito, las tortas de Lerdo, los caldos le encantaban… era un verdadero sibarita.

Como anfitrión, era incomparable, lo suyo fue siempre dar y compartir. Fue un fino hombre ilustrado, buen lector y mejor declamador y orador. Siempre empujó sus energías espirituales hacia el amor, su elevado grado de humanismo le permitía encontrar en sus interlocutores esos resortes mágicos que te elevaban para admirar y nutrirte del paisaje sin despegar los pies de la tierra. Fue un maestro de la comunicación y del liderazgo que elegía con cuidado las palabras que no decía. Tenía un sentido del humor natural, contagioso y respetuoso de los límites. Hábil negociador y constructor de consensos, evitaba los conflictos a toda costa.

La perseverancia, la congruencia y Anita su esposa, fueron el trípode desde el que dirigió sus esfuerzos y su pasión para cumplir sus metas. Le gustaba comprometerse y crecer. Era de esa clase elevada de mexicanos auténticos, honrados y empáticos  que hoy nos hacen tanta falta, de esos hombres creativos que son articuladores de lo posible, que cohesionan, armonizan y engrandecen a nuestras comunidades.

Siempre tenía en mente dar lo mejor de sí a la sociedad de alguna manera. Se destaca su contribución con un arduo trabajo en la creación de la liga infantil de Potros en el año de 1977, su inseparable Anita, le ayudaba a preparar tortas junto a otras mamás de los niños deportistas, para venderlas y recaudar fondos para la adquisición de la utilería requerida para la práctica del Futbol Americano. Llegó a ser Vicepresidente del subpatronato de los Potros Salvajes de la Universidad Autónoma del Estado de México.

 

LO QUE OÍ: Fue muy querido por sus compañeros de trabajo de Celanese, su calidad humana era muy valorada y reconocida, al grado de que no había fin de semana que no lo invitaran a un mole, una barbacoa, unos quince años o cualquier tipo de reunión social.

Lo suyo era dar, siempre buscaba tocar las fibras más sensibles de sus cercanos, tanto en su trabajo como en su círculo social, para apoyarlos, motivarlos y auxiliarlos en todo lo que pudieran necesitar. Era un hombre bueno, humilde, noble, íntegro, inteligente con gran sabiduría.

Celanese, le hizo un reconocimiento por su trabajo a lo largo de 25 años, casi toda su vida laboral la dedicó a esta empresa que fue ejemplo de responsabilidad social, además de darle una casa que él convirtió en hogar para su familia, le dio un cúmulo de satisfacciones. Ser empleado de esta fábrica era un orgullo, no solamente porque sus salarios siempre estuvieron por arriba del promedio local, sino porque era de las pocas que ofrecían seguridad social y prestaciones laborales siempre por encima de las establecidas en la Ley Federal del Trabajo.  Sus empleados eran felices, trabajaban contentos, en jornadas laborales siempre ajustadas al marco legal y, cuando era necesario redoblar esfuerzos productivos, cobraban horas extras, lo cual no era muy común en los primeros años de la industrialización en México.

Participó en infinidad de acciones de beneficio social y alto contenido humanitario en varias organizaciones de la sociedad civil, entre ellas: Scouts de México, Potros Salvajes, Toastmasters de Toluca, Movimientos mundiales católicos como el Escoge y Encuentros Matrimoniales.

Le encantaba jugar al ajedrez y al dominó, fue un entusiasta participante en su grupo de dominó conocido como Las Mulas de Seises, desde 1972 hasta su última partida en 2001, casi tres décadas Benjamín Nuñez me expresó: Se le recuerda principalmente como un buen amigo y excelente compañero de trabajo. De charla amena y agradable, con muy buena voz para la poesía con la que nos deleitaba en muchas reuniones, sociales, de trabajo y/o familiares.Y con mucho cariño puedo afirmar haber tenido en él al más entrañable compadre.

Efrén Vargas me obsequió estás remembranzas: Cuando recordamos a nuestros seres queridos fallecidos nos ubicamos en el pasado y pensar en el pasado generalmente es símbolo de nostalgia y tristeza. Yo recuerdo a Rubén principalmente en dos etapas de mi vida y en ambas tengo en la mente a una persona entusiasta, bien intencionada, amoroso con su familia, responsable, sincero y con un gran apego a su hermano Raúl. La primera etapa en que lo recuerdo es en Chiapas, específicamente en Tuxtla Gutiérrez, donde junto con su familia llegaron a vivir, no tengo claro cuándo y por cuantos años, y la familia Vargas Carbajal ya tenia varios años de establecidos antes de la llegada de la familia Vargas Jiménez, actuando como anfitriones de los recién llegados.

 

Mi padre tenía además de su trabajo en la línea de autobuses Cristóbal Colón, un periódico de circulación diaria y edición vespertina que se llamaba “El Noticiero” y Rubén se integró al periódico encargándose de las notas de sociales en las cuales firmaba con FARUVA, que es un nombre formado con las dos primeras letras de su nombre FAUSTO RUBÉN VARGAS.  Esta actividad periodística se le dio muy bien dado su carácter afable y obviamente no se le complicaba abrirse paso en el ámbito social de una ciudad en aquel entonces de poco mas de 50 mil habitantes, así como en el entorno político, ya que se encontraba en la capital del estado y el periódico tenia su renombre y presencia.

Yo a esa edad (10 o 12 años) seguía mucho a Rubén porque era como un hermano mayor, amen de los fines de semana que disfrutábamos a lo grande ambas familias en las bellezas naturales del estado de Chiapas. Por circunstancias de la vida regresamos ambas familias más o menos en 1963, ubicándonos la familia Vargas Carbajal en Zumpango y si mal no recuerdo la familia Vargas Jiménez estuvo un tiempo en la ciudad de México, para posteriormente ubicarse en Toluca. Pasaron los años, los encuentros obviamente eran menos frecuentes entre ambas familias, pero siempre con cariño. Yo llego a Toluca en 1977 y mi reencuentro con Rubén fue inmediato, así como con Raúl con quien ya había tenido menos relación, pero con el tiempo se fue acrecentando. Como un recuerdo a mi padre se decidió festejar los cumpleaños de mi madre con lo que denominamos “tertulias literarias”, donde, sin excepción,  todos los asistentes al festejo de mi madre participaban, ya sea dirigiéndole algunas palabras o declamando alguna poesía y Rubén invariablemente participaba, y muy bien, declamando la poesía “Cobarde” y brindándole siempre un mensaje a mi madre. Nuestra interacción de los tres fue muy frecuente, la cual se acrecentó cuando yo me incorporo al Club de Oratoria Toastmaster e invito a los dos hermanos y claramente los tres nos encontramos en un club en que estábamos muy a gusto por las relaciones que ahí se dieron, porque crecíamos intelectualmente y la vida social del club era interesante. Nunca serán suficientes las líneas que pudiese escribir para reseñar la gran convivencia que tuve con Rubén. Con estas breves líneas recuerdo con mucho cariño a un gran hombre, gran padre, gran hermano y gran ser humano: Rubén Vargas González

Siempre tenía una palabra de aliento y un oído atento a escucharte. En los festejos familiares, sobre todo de la Navidad y el Año Nuevo, nos obsequiaba con palabras que con natural espontaneidad emanaban de su corazón; particularmente recuerdo lo que nos regaló en una Navidad, justo 10 años antes de su paso a la eternidad:

El amor es el fundamento de la relación humana, que todos se amen entrañablemente, es la única forma en que podemos realmente saber que somos humanos y que estamos sintiendo y viviendo el amor de Dios, ámense mucho, quiéranse mucho y amen a los demás, creo que es la mejor forma de de ser nosotros mismos para Dios. Hoy estamos como familia, ojalá y siempre no sólo podamos estar como familia sino como seres humanos con la demás gente, que no solamente esté en nosotros ese amor sino proyectarlo a mucha gente. Hoy el corazón de Anita, el corazón de Rubén, el de la familia Vargas está con todos ustedes, porque todos somos una familia, todos somos un solo corazón. Les voy a pedir a ustedes que nunca olviden que la familia Vargas los quiere, los ama y siempre pedirá por ustedes.

 

LO QUE LEÍ: Don Raúl, su hermano gemelo fue su ventrículo derecho, Don Rubén fue el izquierdo, y ambos, formaron el corazón de dos familias la Vargas Jiménez y la Vargas Herrera, fue un esposo dulce y amoroso, un padre ejemplar y un abuelo cariñoso y detallista. Alguna vez le escribió a una de sus nietas:

Esperancita: Que la lectura de estos bellos cuentos proporcione a tu vida momentos de sana alegría, de tranquilidad. A través de tu desarrollo intelectual vas a ir descubriendo lo maravilloso que es la lectura y estoy seguro que considerarás a un buen libro… Un gran amigo.

 

Se que con el tiempo, con tu capacidad y dedicación sabrás salir adelante en tus mejores anhelos y entonces estarás escribiendo tu propio libro.

 

Para que convertido en amor se lo regales a cada uno de los seres que forman parte de tu vida.

 

Tu abuelito

Con mi cariño de toda la vida.

Toluca, Méx. 11 de julio de 1995.

La impronta de vida de Don Rubén Vargas González, personifica estás reflexiones con las que quisiera concluir, de uno de los poetas y dramaturgos más influyentes del siglo XX, el alemán Bertolt Brecht: La primera dice: El regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida; y justo a la medida cierro con la segunda: Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.