¿Cómo reaccionar ante la desilusión?

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En esta ocasión me gustaría compartir con ustedes, parte de un estudio muy interesante, sobre nuestras reacciones frente a la desilusión.

 

«La reacción correcta»

He experimentado numerosas desilusiones en mi vida —relaciones fracturadas, planes arruinados y promesas olvidadas; cosas muy serias y cosas que sólo parecían serias en el momento.

Si he aprendido una cosa sobre cómo lidiar con las desilusiones, es la importancia de reaccionar de la manera correcta. Enfocar mis ideas y mis acciones, antes de cometer errores producto del desasosiego.

Juan el discípulo amado de Jesús, en su evangelio, nos muestra el ejemplo de María al enfrentar la muerte de Lázaro, su hermano y amigo amado de Jesús.

Cuando ella se enteró de que Jesús había vuelto al pueblo, después de la muerte y sepultura de Lázaro ella «se levantó de prisa y vino a Él». María no se anduvo con rodeos. Cuando vio a Jesús, dijo: «Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano».

¿Habló ella con un tono de desesperación? Es posible, pero también seguramente habló con un tono de entrega; pues leemos en el mismo pasaje bíblico que ella, después de todo, se había postrado a los pies de Jesús reconociendo Su señorío.

Ella fue a Él, y expresó francamente su sentir. Podríamos parafrasear lo que ella dijo de otra manera: «Esto no tendría por qué haber ocurrido, porque Tú estás en control».

Sin embargo, esta no suele ser nuestra reacción natural, ¿no es cierto? Cuando las cosas no resultan de la manera que queremos nuestra reacción natural es cuestionar.

Nos sentirnos tentados a darle la espalda con dolor o coraje, no sólo a Dios sino a todo aquel que pueda representar calma, misma que rechazamos a consecuencia del dolor que representa no tenerla.

Esta lección es bastante sencilla, en lugar de dar la espalda, debemos acercarnos a Dios con humildad, sinceridad y entrega. (Fragmento del estudio La desilusión. Estudio aportado por Andy Butcher y Pamela Praniuk, para la app de You Version.)

La desilusión es una fractura del corazón, pero representa más que nada, un pacto ignorado o, quebrantado. Un total abandono a consecuencia de la ausencia de lealtad, interés, amor y probablemente acción de la moral.

Produce una profunda fragilidad emocional, desconcierto y temor a consecuencia de no obtener aquello que anhelábamos o deseábamos.

Martin Luther King, Jr. En cierta ocasión dijo lo siguiente: Debemos aceptar finitas desilusiones, pero nunca perder la esperanza infinita.

De manera que, efectivamente, no estamos exentos de ser golpeados por la desilusión en diferentes momentos de la vida, pero siempre estará presente la esperanza y la esperanza es uno de los más poderosos recursos de la fe, de donde resulta aquella famosa frase que dice que la esperanza muere al último.

Es decir, así como María la hermana de Lázaro, a pesar de lo que los demás piensen, la opción que siempre estará presente y nunca nos desilusionará es la fe en Jesús, el autor y consumador de la fe.

Si estamos tranquilos y preparados, deberíamos poder encontrar una compensación en cada desilusión. (Henry David Thoreau)

Una desilusión siempre puede ser el comienzo de una nueva ilusión, debemos ser siempre positivos en la vida.

Por esto mismo, algo que, recomiendo constantemente, tratándose de expectativas es, no crearlas ni muy lejanas, ni muy altas.

Mantener un plano objetivo de acción y medición, amplía la posibilidad de acertar y mantener un estado positivo y de buen estado anímico y mental.

Cada desilusión es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de mejorar y crecer emocionalmente.

Ponemos el corazón en las cosas que amamos. En ocasiones, aquello que decidimos amar o a quién decidimos amar, no encaja en el resto de los planes o parece no hacerlo, el problema es que no damos el tiempo necesario, para ver lo que deseamos ver.

Es decir; para que las cosas tomen el lugar que les corresponde y esto nos agota, no nos permite ver con claridad el final de la historia y, más que nada, la realidad es que no tuvimos la inteligencia de esperar pacientes el acierto anhelado.

Toda crisis, todo tropiezo, cada asunto de nuestra vida, hallará acomodo y su camino correcto, si y sólo sí, debe de ser, de lo contrario, simplemente llegará el momento en que no cabrá en ningún lado y de ninguna forma.

¿Debe esto derrotarnos? Por su puesto que no, el camino que Dios ha trazado para nosotros es eterno y verdadero. Mantengamos pacientes el camino de la fe y lo que deba ser, lo que deba resolverse, será y se resolverá en el momento correcto, lo que no, simplemente no será.

No permitas que la desilusión socave tu vida y tu deseo por seguir, por el contrario, encuentra en ese momento una oportunidad de cambiar el rumbo de tu vida y dejar así como María, que Jesús cambie las probabilidades y vuelva la crisis y el dolor en victoria verdadera.