CONCIENCIA HISTÓRICA EXTRAVIADA
“Si los sapiens somos tan sabios,
¿por qué somos tan autodestructivos?”
Yuval Noah Harari
Con una democracia mexicana destripada y una República en la antesala de la peritonitis, no me queda más que pensar que en nuestro México lindo y qué herido, la conciencia histórica sigue brillando por su ausencia.
Siempre he pensado que habemos una infinidad de tipos y clasificaciones de nosotros los mexicanos, pero hoy, a propósito de este SEPTIEMBRE NEGRO, quiero clasificar a mis compatriotas en relación con nuestra bandera nacional.
A propósito de los “Niños Héroes”, la historia los tiene en un pedestal porque según la crónica, se envolvieron en la bandera nacional aventándose al vacío, para que ésta no fuera desgarrada. Ese es un tipo de mexicanos, y el otro, quienes vemos a nuestra bandera como símbolo de unidad y de motivación y no como simple mortaja.

Los herederos de esa casta del Heroico Colegio Militar, por fortuna, los más, no corresponden a aquellos que se envuelven en la bandera y para entendernos, en el lenguaje de nuestros tiempos, éstos son quienes dicen que están esperando que los grupos delincuenciales dejen de matarse. ¿En manos de quienes estamos?
Para transitar en este infierno, que mejor que la lectura y para ello les recomiendo el nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, continuación de Sapiens y de ahí he tomado los siguientes pasajes:
“En la década de 1990, las democracias liberales tomaron la delantera, pero ahora esta se nos antoja una victoria transitoria. En el siglo XXI, cualquier nuevo régimen totalitario podría tener éxito allí donde Hitler y Stalin fracasaron, creando una red todopoderosa que evite que las generaciones futuras traten siquiera de destapar sus mentiras y ficciones. No deberíamos dar por sentado que las redes ilusorias están destinadas al fracaso. Si queremos evitar su triunfo, tenemos un trabajo duro por delante…
…En consecuencia, mientras que una dictadura es un núcleo central de información que lo dicta todo, una democracia es una conversación constante entre diversos nodos de información.”

Preparémonos para esa conversación constante a la que alude Harari, ¡no claudiquemos, persistamos!
El ex presidente de México Ernesto Zedillo, disertó sobre el tema en la entrevista que recientemente le hizo Carlos Loret, vale la pena que la vean.
Mientras tanto, les invito a refrescar en nuestra memoria, la importancia de tener conciencia histórica como un concepto fundamental en, no solo la disciplina de la historia, sino también en la comprensión y análisis de la sociedad en su conjunto. Ya que se refiere a la capacidad de un individuo o una sociedad para entender, interpretar y valorar el pasado en todas sus dimensiones, reconociendo su importancia en la configuración del presente y el futuro.
La conciencia histórica implica un profundo conocimiento de la historia, pero va más allá de la mera acumulación de datos y fechas. En realidad, se trata de una actitud mental que implica reflexión crítica sobre el pasado, la capacidad de cuestionar las narrativas dominantes, y la habilidad para identificar y contextualizar los procesos históricos que subyacen a los eventos actuales.

Una persona con conciencia histórica no solo entiende los hechos y sucesos del pasado, sino que también es capaz de conectarlos con su propia realidad y experiencias presentes. Reconoce la influencia de la historia en la configuración de la identidad individual y colectiva, así como en la toma de decisiones políticas, sociales y culturales.
La conciencia histórica nos permite comprender que el pasado no es algo estático o inmutable, sino que es reinterpretado constantemente en función de las circunstancias y perspectivas presentes. Nos ayuda a reconocer la complejidad de la historia, con sus múltiples facetas y narrativas, y a apreciar la diversidad de interpretaciones que pueden surgir de un mismo conjunto de hechos.
Además, nos permite reconocer la importancia de la memoria y el patrimonio histórico como elementos fundamentales para preservar y transmitir el conocimiento del pasado a generaciones futuras. Nos motiva a reflexionar sobre nuestras propias raíces y a valorar la diversidad cultural y la riqueza de las tradiciones que conforman nuestra identidad nacional.
Concluiré parafraseando a Harari: “No soy político ni empresario, y carezco del talento que exigen estas vocaciones. Pero creo que un conocimiento de la historia puede ser útil a la hora de adquirir una visión más amplia de los acontecimientos tecnológicos, económicos y culturales de hoy; y, lo que es más urgente, a la hora de cambiar nuestras prioridades políticas. En gran medida, la política es un asunto de prioridades”.

