Confluencia del arte hindú y wixárica

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En esta edición de la FIL Guadalajara se dio una afortunada coincidencia: una muestra de arte del país invitado, la India, y otra de arte indígena de los wixáricas jaliscienses. Independientemente de que se trata de cosmovisiones diferentes en el tiempo y el espacio, encuentro notables similitudes en ellas.

 

El Museo Regional de Guadalajara presenta Palabras tangibles: a través del arte tribal de la India, muestra que expone una pequeña parte del arte hindú existente en ese gran y extenso subcontinente, referido a tres aspectos: pinturas tribales, lienzos con fragmentos, manuscritos en sánscrito y maniquíes miniatura.

 

El arte tribal hindú es una especie de arte popular que refleja la cosmovisión y las religiones de diversos grupos humanos asentados en ese país, cuyos motivos representan personajes y eventos de culturas locales, manifiestan pensamientos filosóficos y símbolos, así como fragmentos de su propia historia. En este caso, la exposición muestra una serie de óleos de medianas y grandes dimensiones.

 

El sánscrito es una lengua indoeuropea escrita en textos sagrados de la India entre los siglos XV y X antes de Cristo y que actualmente son conservados sobre todo por quienes practican cultos brahamánicos. Se considera que este país es el mayor depósito de manuscritos antiguos del mundo (alrededor de 5 millones) en lenguas como prakrit, pali, hindi, persa, árabe, chino, birmano, tibetano y sánscrito, muchos de los cuales contienen las sagradas escrituras de las religiones védica, puránica, budista, jainica, islámica, sij y cristiana. Su principal función es el rescate de saberes orales y la transmisión de conocimientos ante la amenaza de su desaparición, lo cual significó una revolución en el mundo antiguo. Por fortuna vino a Guadalajara una parte de estos manuscritos ilustrados y cifrados.

 

Finalmente están los maniquíes pequeños que representan, por un lado, parejas con tipos y trajes típicos de diversas regiones de la India: bengalís, cachemiros, guyaratis, manipuris, nepalís, tamiles, sindis, oriyas, telugus, urdus, etcétera; por el otro, representan a novias de diferentes regiones, ataviadas con sus hermosos trajes de boda y que podrían causar la envidia de cualquier mexicana casadera.

 

Por su parte, el Instituto Cultural Cabañas, antiguo hospicio y orfanato, presenta la exposición Grandes maestros del arte wixárika del acervo Juan Negrín, filósofo y artista mexicano que, junto con su esposa fracesa Yvonne, durante las décadas de 1970 y 1980 trabaron amistad y relaciones con cinco artistas wixaritari y sus familias, viajando con ellos a lo largo y ancho del territorio jalisciense.

 

De su acompañamiento y patrocinio resultó una gran colección de arte, cuadros elaborados con estambre de lana de varias dimensiones, de los artistas José Benítez Sánchez (Yicaiye Kikame), Guadalupe González Ríos (Ketsetemahé Teukarieya), Juan Ríos Martínez (Tauxi Mutuani), Pablo Taizán de la Cruz (Yauxali) y Tiburcio Carrillo Sandoval (Tutukila), cuyo acervo se presentó por última vez en 1999 y ahora, 20 años después, vuelve a exhibirse en esta muestra.

 

Se trata de decenas de trabajos hechos con estambres y chaquiras de diferentes dimensiones, que reflejan la cultura y cosmovisión wixárika y se mezclan en un diálogo intercultural de gran complejidad espiritual, lingüística y territorial. Además, a los cinco artistas originales se añaden nombres como los de Jamaima Carrillo, Dionisio de la Rosa Cosío (‘Uxá Yicaiye) y Lucía Lemus de la Cruz (Xitaima).

 

¿Cuál es el punto en el que confluyen dos tradiciones artísticas separadas por un gran arco temporal civilizatorio y por un espacio de al menos 15 mil kilómetros?

 

Parecería que dos culturas y cosmovisiones tan alejadas y diferentes no tendrían puntos en común, pero eso se pone en duda al mirar obras de ambas muestras que reflejan temas y motivos similares como la presencia de seres espirituales, ancestros y dioses míticos, así como animales, vegetación y, en general, diversos elementos de la naturaleza, incluyendo figuras antropomorfas. Resulta increíble también apreciar las similitudes en las composiciones plásticas, plenas de colorido y brillantez, llenas de elementos mágicos, mitologías y figuras de fantasía.

 

De esta forma, tanto el arte tribal hindú como el arte wixárika se convierten en formas estéticas que intentan la recuperación de la identidad étnica y permiten ofrecer resistencia frente a otras manifestaciones de arte moderno más visibles.

 

En conclusión, se trata de dos grandiosas exposiciones, presentadas de manera simultánea a la FIL Guadalajara que aún continúan y por fortuna pude disfrutar. Tal vez el único pero sería que cuentan con una curaduría y contenidos muy básicos, pero eso se convierte en ventaja al momento en que las explicaciones no distraen del objetivo principal: admirar estas majestuosas obras. No se las pierdan.