Contestación
Veinticinco años,
cinco lustros, mi frase preferida
mientras de lustrar se trata,
un trabajo de plata, anonimato
del que se gana a pulso su casta.
Hace ya un cuarto del siglo
y apenas relevo, la ira, las ganas;
ese deseo por seguir alerta
en una parvada de sinvergüenzas.
Y aquí no pasó nada. Nada,
sólo mi ilusión se empaña
al punto de perder el reflejo
del rostro y la mente calmada.
Se acabaron las fuerzas, las pasas,
toda la comida del festín, las arpas.
En su lugar sólo el desasosiego,
mi palabra favorita por mucho,
la que me regresa cada mañana.
Cuando acabe conmigo mi perseverancia
luciré más tranquila, resignada.
Habré encerrado en una nuez
a la que soy, mujer araña,
amiga abandonada, novia que huye
sin sospechar por qué me falta
todavía el ánima de un cordado,
saber qué es el amor,
y no sólo hacer suposiciones
como dijiste en tu último reclamo.

