Cortesía: proceso cognitivo de lo intuitivo a lo reflexivo y viceversa

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De acuerdo con Brown, la cortesía es la manifestación más patente de la vida y de la interacción social de los individuos, el rasgo lingüístico que revela de la manera más clara la naturaleza de la sociabilidad humana. Hay que comenzar por analizar a conciencia este valor. Así es que hay estudios que la consideran como un fenómeno pragmático ya que se trata de una conducta estratégica con la que la persona busca evitar el conflicto interpersonal, como lo sugirió Kasper. Se podría también hablar del tema de establecer una mejora o inclusive una transformación de las relaciones sociales. Vale la pena comentar sobre el estudio de Watts, en el sentido de que la cortesía es una conducta responsable de una interacción deseable así como de la producción de un discurso bien formado dentro de grupos sociales abiertos los cuales poseen códigos lingüísticos elaborados.

 

Partiendo de éstas premisas este autor nos explica que la cortesía se contrapone al comportamiento político, un comportamiento no marcado cuya finalidad es el establecimiento o mantenimiento del equilibrio en las relaciones de las personas de un mismo grupo sociocultural.

De acuerdo con lo dicho por Watts podríamos inferir que el habla es un elemento fundamental en la acción de esta conducta a la que se le ha llamado cortesía y se conforma como un valor inherente a la acción misma de la persona. Entonces diremos que el habla por sí misma no es siempre suficiente para la expresión de deseos. Por lo tanto, es de reconocer que la persona puede generar lenguaje no sólo en relación a lo que habla sino también gracias a sus acciones físicas, es decir, el lenguaje es una interacción constante.

 

En relación con este tema Van Dijk argumenta que ciertamente el discurso es acción, es un fenómeno práctico, social y cultural donde los usuarios del lenguaje realizan actos sociales. Por supuesto hay que estar claros que hablamos de los seres humanos, un animal naturalmente social que en su accionar debiera buscar el bienestar cultural. Un animal, creador de lenguaje generador de mundo, nutrido por una amalgama cultural. Entonces,  es todo un tema el lenguaje como expresión social y no sólo como convenciones culturales, se puede establecer que cualquier manera de uso del lenguaje es netamente interacción social. Ahora bien, advirtamos también que la cortesía va más allá de los convencionalismos, de la gama de creencias que cada persona tendrá, también estará involucrada la vivencia de la persona al respecto de esas convenciones de la moral así como la elección del ejercicio de un libre albedrío responsable.

 

Regresando al tema de que no podemos hablar de una cortesía o de algún otro valor si no lo enmarcamos en el contexto de la acción, Kasher nos comenta: la cortesía, a partir de un principio de racionalidad, en virtud del cual una persona elije su acción para alcanzar un fin determinado de la manera más efectiva y con el menor costo posible. Toda elección tiene un costo. Siempre habrá que preguntarse, pero no sobre un costo como tal, sino hasta dónde estoy dispuesto a llegar con mi compromiso en tanto mi acción, pero también debo de estar claro en cuáles son los precios que estoy dispuesto a pagar por ponerme en acción, al final de cuentas tendré un balance del pago de la inacción. Ahora bien de acuerdo con Kasher, cuanto más efectiva tenga que ser la acción de la persona, su realización le supondrá un mayor costo en términos de cortesía.

 

Un tema fundamental que ronda este valor tan complejo y que ha sido definido de demasiadas formas y en múltiples ángulos, razón de que hay tantas cortesías como culturas y grupos sociales. Por lo que se estará hablando de aproximaciones e interpretaciones. Se trata de la cuestión del poder, que al ser ejercido a través de valores como la cortesía, permite pensar su acción también como una forma de garantizar el orden social, así como el no hacer uso de la misma puede dar inicio al desorden. Habría entonces que ampliar la interpretación de la cortesía al contexto en que Foucault ejemplifica al poder y exponer que, desde el punto de vista de la cortesía, la interacción entre dos hablantes también es una relación de fuerzas que a través de una guerra silenciosa, señala la composición jerárquica de las instituciones, las desigualdades sociales y el uso del lenguaje.

 

Foucault recalca que las relaciones de poder están basadas en la dominación y se amplían hasta las relaciones interpersonales. Es importante remarcar que este autor insiste y no quita el dedo del renglón en el sentido de que la relación de poder entre ellos no es únicamente derivada de un poder político sino que el poder se ejerce dentro de cualquier tipo de convivencia humana comenzando por la familia y los círculos sociales más cercanos como los amigos y la escuela.

 

Aquí sería importante comentar lo que señala Fichter respecto al tema del poder en el contexto de que la cortesía es una manera de control informal, en contrapeso al control formal que se establece a través de las leyes y normas jurídicas, se trata de un control sutil pero efectivo. Es aquel control que impone la conducta que todos saben que es correcta y prohíbe o condena las que son reprobadas por la comunidad. Este autor opina que las conductas que muestran las personas son representaciones de los mismos grupos en que participan estableciendo una uniformidad conductual compartida por muchas personas. Sin embargo, en este proceso, las personas  pueden partir de conceptos intuitivos o reflexivos que usarán para realizar inferencias cuyo resultado serán creencias intuitivas o reflexivas sobre los distintos sistemas de cortesía o la adecuación de sus conductas, según sea el caso. Si esos conceptos son intuitivos, se convertirán en reflexivos si hay una instrucción explícita sobre los mismos. Lo mismo ocurrirá con las creencias intuitivas que posean. En última instancia, sus creencias y conceptos reflexivos podrán volverse intuitivos cuando las personas no requieran pensar en ellos para poder discernir sobre determinados aspectos de la realidad social en la que interactúen. Por tanto, es pertinente decir que la cortesía radica en un proceso cognitivo en el que las personas pasan de lo intuitivo a lo reflexivo, de lo reflexivo a lo intuitivo.

 

Ahora bien, de acuerdo con Watts hay una conducta de carácter político que está construida  socioculturalmente que tiene que ver con el establecimiento  de un estado de equilibrio de las relaciones entre los individuos de un grupo social. Dese esta óptica, la cortesía es, por un lado, una obligación social hacia los otros miembros del grupo, mientras que Brown y Levinson confirman que se trata de estrategias adquiridas y manipuladas para conseguir objetivos específicos. Podemos concluir que sea cual sea la visión de la cortesía en determinadas sociedades, es claro para Watts que una cortesía es un proceso que tiene que ser adquirido. En consecuencia, la imagen que adopte la persona es parte de un proceso de socialización que fue adquirido a lo largo de su desarrollo personal. Hay que decir que esta práctica en acción tiene todo que ver con una disciplina que propicie la formación o transformación de la personalidad sobre la base de principios filosóficos que estimulan su convivencia pacífica y armoniosa al servicio de los demás.

Esto es sobre la base de una reconstrucción de identidad en el sentido de aceptación y respeto hacia los demás, alimentando su autoestima y estimulando la convivencia pacífica. Podríamos hablar en un sentido coloquial de la amabilidad como un rasgo de la personalidad que se define por el respeto y tolerancia hacia otras personas. Esto es ser bondadoso y no rudo, confiable y no sospechoso, por ejemplo. La persona que posee el rasgo suele ser empática hacia las emociones y sentimientos de otras personas. En suma debe de accionar como una disciplina que enseñar y permite vivenciar a la persona que la sabiduría debe prevalecer al momento de actuar. Hay que aprender a domar el carácter de una manera noble. Es la acción lo que contribuye a moldear la conducta y  personalidad, comprendiendo el valor de la amistad y el respeto hacia los demás.