COSMOVITRAL JARDIN BOTANICO

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Dar cuenta del Cosmovitral, no exhibiendo su currículum o haciendo un esbozo de su historia, sino expresado cómo, por qué y para qué ha sido y sigue siendo un hito del Valle de Toluca, y qué significa esto, se me presenta como una prueba nada fácil de afrontar.

 

A veces he tenido la pesadilla de estar en el lado erróneo de una dualidad. Por lo menos, en este caso, emana un equilibrio del Universo. Les puedo decir que la sensación que brinda este sitio, entre fuentes y estanques, se complementa con la iluminación que destellan sus vitrales, en los que se narra la visión cosmogónica del tiempo, la materia y el espíritu. Donde la eterna dualidad de la luna y el sol, la noche y el día, el hombre y la mujer, el bien y el mal, es dividida de Oriente a Poniente por un vitroplafón en el que representa la vía láctea.

 

Tengo que decir que desde muy joven, le he estado dando vueltas a la idea de las dualidades. No sé cómo nació esta preocupación o inquietud, pero cada que entro al Cosmovitral, me percato de que todo cambia y parece no haber algo firme a lo que poder asirse. Podría decir que en este lugar permea la idea de movimiento, tanto en su historia como lo que hoy en día presenta.

 

Ubicado en el corazón de la Ciudad, la historia del Cosmovitral se remonta a una construcción metálica –como se acostumbró un tiempo para los mercados–, tan majestuosa –como era la moda en el siglo XIX y XX–, llegó el Art Nouveau a Toluca la Bella. Que si bien desde el año 1933 a 1975, el Mercado 16 de Septiembre no le pedía nada al Mercado Hidalgo en Guanajuato. Sin embargo, un lustro después, plantas, Japón, 45 toneladas de vidrio soplado, 60 mexiquenses, 3,000 metros cuadrados, Leopoldo Flores, pigmentos, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Canadá, E.U.A., vida, muerte, día, noche, cada pedazo que hoy conforma su historia, representa una parte del Universo que creó Leopoldo Flores para los toluqueños

Leopoldo Flores era un hombre sencillo y bondadoso, como sabio. Siempre que pienso en él, me conmuevo, no sólo nos explicaba lo importante de la naturaleza y el equilibrio, vaya que para realizar tal hazaña hace falta impregnarte; en el Cosmovitral además de ver los viajes que realizó, la Nebulosa de Andrómeda y de Trífida, la Constelación de Orión y de Sagitario, la representación de la relación del hombre con el Universo, el origen de la vida, la noche, la muerte, el equilibrio, el vuelo hacia la libertad, veo también, el mundo que existía en Leopoldo Flores.

Afirmar y mostrar la existencia de testimonios de este recinto puede caerse a veces en presunción o arrogancia. Todo esto y más, es posible. El Cosmovitral tiene el privilegio maravilloso –y mágico– de abarcar duraciones y asimismo de recordarlas. Una parte de mi formación es la historia y éste ha sido mi quehacer principal.

 

Leopoldo Flores, el dador de la vida y de la muerte me mantiene en este Universo anacrónico; me hace existir con su iconografía, sus pigmentos y sus efectos de luz; un día, o tal vez noche, como a todos, con sus pigmentos marcará mi fin. Y si se me permite adjuntar, como ya lo pensaron los sabios del mundo náhuatl, no acabarán mis flores, no acabarán mis cantos; los hago llegar a la casa del ave de plumas rojas y azules, pues allá en el tiempo y espacio donde este él, es a quien agradezco que se haga posible y le dé un sentido a la historia.