Crisis ética

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El hombre, desde su aparición en la faz de la tierra, ha tenido la capacidad para adaptarse a cada uno de los retos que el entorno le ha puesto, pasando de una inconsciencia casi absoluta a una enorme capacidad de razonamiento que, en papel, tendría que verse reflejada en una adecuada y controlada forma de coexistencia, manifestada por el uso de la razón por encima de cualquier emoción o desenfreno.

En ánimo de aprender, transitamos de la escuela informal a la sistematización de los procesos educativos que dieron origen a espacios construidos, ex profeso, para la práctica educativa, en donde se espera que profesores y alumnos establezcan lazos de interacción y comunicación asumiendo las responsabilidades propias de cada rol, haciendo uso de su libre albedrio.

Teniendo en cuenta esto, es importante tomar conciencia de que cada individuo es responsable directo de los actos que realiza y de las consecuencias de las decisiones que ha tomado, de forma tal que se van hilando cada uno de estos actos aislados hasta conformar una estructura continua de eventos que dan sentido y explicación a lo que llamamos vida.

Es entonces cuando se comienzan a estructurar paradigmas concretos de lo que se debe y puede hacer, y de lo que es mejor evitar para llevar un paso fructífero y positivo en todas las esferas de acción, evitando con ello problemas, tan recurrentes en nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, y respetando la capacidad de decisión que cada ser humano tiene, así como su libertad de decisión, es claro que en los últimos años existe un evidente sesgo de lo que, tradicionalmente, considerábamos correcto, y de manera frecuente encontramos personas, cuyo paradigma da por sentadas situaciones o acciones incorrectas, (desde la perspectiva que violentan las formas establecidas y los códigos predeterminados) y no conformes con ello, las legitiman, incluso desde las esferas de poder.

Para llegar a esa conclusión, no hay que ser mago ni tener poderes sobrenaturales, simplemente bastaría con ser un poco observadores de la realidad que el entorno muestra, cada vez más fría y aterradora, no sólo por los hechos que engalanan las ediciones de noticias en los medios, sino por la actitud, en momentos cínica y descarada que se asumen los protagonistas de las mismas.

Porque más allá de credos, costumbres y hábitos, es evidente que muchas personas no están actuando de forma armónica con su alrededor, por el contrario, se han convencido de que conductas agresivas, arrogantes, deshonestas y negativas son perfectamente válidas, se ha llegado al punto en que un adolescente de 18 años, tiene la sangre tan fría que es capaz, no nada más de matar a cuanta persona se le cruzó, sino de ir grabando una a una sus atrocidades.

¿Qué es lo que está sucediendo?, simple, hemos dejado de ser hombres y mujeres éticos; lo preocupante es que son padres de familia y formadores quienes acusan dicha conducta, muchos debates podrían generarse al respecto; simplemente debemos reflexionar, ¿cuál es el rumbo que debe tomar mi vida?, ¿cómo pretendo que me recuerden?, ¿qué gano cuando me alejo de ese deber ser?

Podemos hacer tontos a todos, pero ¿a uno mismo?

 

horroreseducativos@hotmail.com