Critica de “Megan”
Mucha gente no le tiene fe al cine de enero, esto porque las grandes productoras estrenan sus películas más taquilleras en diciembre para aprovechar el boom navideño y que la gente, ya relajada, se puede dar el tiempo de ir al cine y disfrutar de una buena película, esto lleva a que, en enero, se estrenen las películas que fueron pospuestas por las productoras para no hacer competencia a las producciones a las que les tienen más fe.
En ese sentido, este enero, se estrenó Megan, una película dirigida por Gerard Johnstone y protagonisada por Allison Williams, la cual, podríamos denominar una buena idea muy mal ejecutada, en este tenor, Megan es la historia de una niña que pierde a sus padres en un accidente, llegando a vivir con su tía, quien se dedica a hacer robots (juguetes), para una empresa que busca desarrollar una inteligencia artificial para niños, y en este sentido, al no poder llegar a conectar con los sentimientos y la etapa de duelo de su sobrina decide crear a Megan, una robot con inteligencia artificial que tiene como finalidad divertir, apoyar, así como educar a la niña.
En este tenor, Megan presenta una novedosa oportunidad de desarrollar el lado terrorífico de la creación de la inteligencia artificial desde un ámbito más pequeño, es decir, no la premisa de las maquinas que quieren destruir al mundo como en Terminator, pero desde un punto de vista más terrorífico que en Inteligencia artificial, lo cual es una gran premisa y que plantea varios dilemas filosóficos actuales y futuros, no obstante, la película tiene tantas fallas de lógica que termina asimilándose más a películas de muñecos demoniacos como Chucky, esto en el entendido de que no aporta absolutamente nada al género.
Estamos acostumbrados a readaptaciones que no aportan nada de Chucky o en este caso las películas de Annabelle, que en lo personal no son de mi gusto, que ya desarrollan el punto de un simple muñeco que se mueve y mata gente; en este tenor, es irreal que a una inteligencia artificial no se le enseñen las reglas de la robótica establecidas por Issac Asimov, y más que se entregué una IA a un niño sin tener un control parental, sobre todo tratándose de una niña que acaba de perder a sus padres (en el sentido de que Megan se vuelve mala a partir de preguntas filosóficas como la vida o la muerte), en este tenor, plantea una critica social respecto de los padres que permiten a sus hijos ser absorbidos por la tecnología, pero esto es completamente irreal por parte de una empresa que saca a la venta una IA dirigida a niños.
En este tenor, cualquier pedagogo o psicólogo estaría en contra de una Megan, dado que es ilógico que una niña guarde sentimientos y apego por un juguete por encima de su padre o tutor, y que como bien lo establece la película ¿Qué pasa si un juguete no te deja crecer? En este tenor, aunque si planteen eso, es ilógico que no se lo hayan planteado antes de crear a Megan, y queda una sombra de que todo se pudo haber evitado.
En este tenor, Megan plantea dilemas filosóficos y una critica social bastante actual que podría dejar pensando a cualquiera, pero la ridiculez de la trama viene a distraer al espectador, en este sentido es una película que es innovadora pero a la vez no lo es.

