Critica de Un dolor real

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Un dolor real o A real Pain, es una película es una película escrita, dirigida y protagonizada por Jesse Eisenberg, así como, en la opinión del suscrito uno de los mejores actores en la actualidad como lo es Kieran Culkin, quien llego al estrellado internacional, no solo por su parentesco con Macualay Culkin (de Mi pobre angelito), sino por su trabajo dentro de la serie Succession, obra que ya he relatado en la presente columna, y que narra la historia de dos primos que realizan un viaje turístico que busca realizar un recorrido por Polonia y las principales zonas del holocausto. 

Los protagonistas, David y Benji, realizan el viaje para reencontrarse con la historia de su abuela quien fue una superviviente de la Segunda Guerra Mundial, aunque en dicho viaje, se puede visualizar, como poco a poco, en una actuación fenomenal, los personajes asemejan lo que encuentran en el viaje relacionado con su propio dolor persona como familia. 

El filme desde un inicio plantea que los problemas y crisis familiares son hereditarios, que a pesar de no haber vivido un holocausto, eso no quita que haya personas que resientan más la depresión y que esta depresión puede ser entendida dentro de la propia historia familiar. En la película se plantea de fondo, si nuestra historia familiar puede llevar a que finalmente nuestros hijos y demás desencintes puedan sufrir de una depresión severa, en ese sentido, como a pesar de haber sobrevivido a crisis grandes, hay miembros de la familia que no pueden salir a delante con la misma facilidad que los demás. 

La película además demuestra la correlación familiar, donde dos primos analizan su vida y se dan cuenta, uno por su lado, de que ha pasado su vida compitiendo y sintiéndose mal por la vida que ha llevado su primo, mientras que el otro, ha vivido su vida sin importarle la situación familiar, es decir, ambos se frustran por la relación familiar que han llevado, y aunque tratan de salir adelante y reunirse, tienen problemas de comunicación que no les permiten conectar como cuando eran niños. 

En este sentido, refleja mucho el sentido de la película, cuando Benji, interpretado por Kieran Culkin, dentro de un tren hace un escandalo porque no quiere viajar como simple turista en los mismos trenes en que los judíos en los años cuarentas eran transportados como animales hacia los campos de concentración, con lo cual, en lugar de reflejar un verdadero problema, como lo demuestran los demás judíos en el viaje, quienes no se vieron ofendidos, refleja como el propio personaje busca alejarse y apartarse de los espacios en los que no se siente parte, e incluso, se ve como su primo David, no siente ni empatiza con él simplemente quedándose con el tour como todos los demás, constituyendo una reflexión dramática perfecta de la depresión y la ansiedad. 

En ese sentido, la película invita al espectador a realizar un análisis profundo de su propia familia, cuando ponen una piedra como honor en la casa de su abuela, es como una metáfora del perdón a uno mismo con la ayuda de la familia, por tanto, realiza una invitación al espectador a la empatía hacia el dolor humano, al cuidado de nuestros seres cercanos y una forma muy humana de tocar un tema tan delicado como el suicidio, y sobre todo, un filme sumamente respetuoso sobre el holocausto.