Crónica de las fiestas patrias en Toluca

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¿Se puede decir algo nuevo sobre las fiestas patrias? ¿Algo mejor que lo ya dicho por los autores de Las fiestas patrias en la narrativa nacional (libro coordinado por Emmanuel Carballo que va de Fernández de Lizardi a Carlos Fuentes)?, ¿o por autores recientes como Juan Villoro? ¿O algo mejor que lo dicho por cronistas toluqueños (Alfonso Sánchez García, Margarita García Luna, Gerardo Novo y el mismísimo Amador López)? ¿Qué decir de una fiesta que se celebra en todo el país (una fiesta nacional, 31 estatales, aproximadamente 2500 municipales y en un sinnúmero de localidades)?

 

Seguramente no lo haré mejor, tal vez no haya mucho más que decir, pero intentaré una crónica de la verbena popular patriótica que indague en alguna especificidad de nuestra amada ciudad capital. Por principio de cuentas, siempre me ha parecido que al empezar septiembre el ambiente y el ánimo social cambian, pues inician los festivos meses terminados en “bre”: septiembre patrio; octubre otoñal; noviembre de muertos y revolución; diciembre de posadas y navidad; sin mencionar la cantidad de festivales de otoño e invierno. Es decir, comienza el periodo de festividades populares, el aire huele a cierre de año y los ánimos se renuevan luego de los difíciles primeros ocho meses.

 

Siguiendo con septiembre, ya desde los últimos días de agosto comienza la emoción al ver carritos y puestos cargados de banderitas y banderotas, dijes, aretes, rehiletes, sombreros, rebozos, matracas, baleros, corbatines, máscaras, globos e instrumentos musicales, todos pintados de verde, blanco y rojo.

 

Algo sólo visto en la última década es lo que en redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) llaman “tren del mame”, es decir, la bola de “memes” sobre temas de moda. Así comienzan las bromas y albures sobre las fiestas patrias y no paran hasta que los usuarios se cansan. Desde el 12 de septiembre ya vemos el nombre de “Juan Escutia” como “tema tendencia” ó “trending topic” (TT) pues muchos bromean con su “hazaña aérea”. Antes sobresalen nombres de batallas de la intervención norteamericana: “Molino del Rey”, “Padierna”, “Churubusco”, “Chapultepec”. El mero día 13 son TT los “Niños Héroes” y desde el 15 lo son “Porfirio Díaz”, “Grito de Independencia”, “Hidalgo” y otros, la mayoría antecedidos por su respectiva almohadilla o hashtag (#), lo que les permite ser vistos y compartidos por millones de internautas.

 

Sin duda debemos considerar ya a las redes sociales como parte de las fiestas patrias pues no sólo sirven para el solaz y las burlas de los usuarios, también para compartir imágenes y audiovisuales de las celebraciones y verbenas, de la comida y bebida, los juegos tradicionales, las guerras con huevos de harina y espuma, los trajes típicos, la música de mariachi, las vacaciones, los desfiles escolares y militares, los cuetes y las luces que adornan las ciudades.

Hablando de cosas serias, por lo general el grito de los gobernadores mexiquenses se apega al guión: salen al balcón principal de Palacio y luego de arengar a los “¡Mexicanos!” y lanzar el “¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!”, gritan vivas a los principales (Hidalgo, Allende, la Corregidora, Morelos, Matamoros, Galeana y algún otro u otra), y terminan con los tres “¡Viva México!” de rigor. Tal vez por esa ceremoniosidad tan característica de los políticos mexiquenses y por su filiación nacionalista, revolucionaria y priista, no han hecho innovaciones al grito. Al otro día, también desde el balcón central, presencian el desfile acompañados, como la noche anterior, de los titulares de los Poderes Legislativo y Judicial y sus gabinetes.

 

Por cierto que los bailes palaciegos a los que asistía la crema y nata de la política tienden a reducirse o a desaparecer. Este año el gobernador Del Mazo decidió ser austero y dejar para mejor ocasión la fiesta de los trajes y vestidos largos (aunque el ejemplo ya lo había puesto el presidente Peña al cancelar bailes, por simple corrección política a fin de mostrar respeto a los mexicanos que sufrieron por los desastres naturales: sismos, inundaciones, etcétera).

 

Y luego está la peculiaridad que tienen todas las capitales estatales: que el Alcalde de Toluca no da el grito para su municipio. Su función se reduce a conducir, junto con el Cabildo, el Lábaro Patrio para ponerlo en manos del Gobernador y, una vez que finaliza, lo devuelven a su lugar. No obstante hubo presidentes municipales de Toluca que, si bien no dieron el grito para su comuna, si lo dieron como Gobernadores: Emilio Chuayffet, Carlos Hank González y Juan Fernández Albarrán. Así como varios que, al no ser de Toluca, dieron gritos como Alcaldes y Gobernadores: Alfredo del Mazo (Huixquilucan), Eruviel Ávila (Ecatepec), Arturo Montiel (Naucalpan) y César Camacho (Metepec).

 

Hablemos ahora de lo importante: la gente. En Toluca la verbena popular se concentra en el primer cuadro de la ciudad, especialmente en la plaza principal o “de los Mártires” y calles aledañas, los Portales, las vecinas plazas “Ángel María Garibay”, del Cosmovitral, “España” (llamada también “Nemesio Díez”) y “González Arratia”, así como en el más lejano “Jardín Zaragoza”. Cabe señalar que los puestos de comida típica y accesorios invaden todos estos espacios.

 

En la Plaza de los Mártires se concentra el grueso de la gente para escuchar el “grito” que ofrece el Gobernador, así como a famosos artistas que animan la verbena (para este aniversario 208 estuvieron Celso Piña, Pablo Montero y banda El Recodo). También se instalan los cuetes que iluminan la noche más patriótica y al otro día de aquí salen contingentes del desfile conmemorativo.

 

Las Plazas Garibay y Cosmovitral (a un costado del Palacio) se especializan en puestos de comida y chucherías; la Plaza España (cruzando las anteriores) conserva su memoria centenaria al instalarse allí los juegos mecánicos y a últimas fechas sirve para el comercio de banderitas y accesorios; los Portales (a un paso de la principal) sirven para los que quieren pasear y disfrutar el ambiente nocturno en esta noche tan especial, aunque también corren el riesgo, al pasar por la González Arratia (a un costado de los Portales), de ser atacados con huevos o espuma y de quedar en medio de una guerra (hay que ver cómo queda de blanca, por la harina, la calle de Bravo, sobre todo el día 16). Y quienes no quieran o puedan llegar hasta el mero ombligo del guateque, se pueden quedar a comprar chácharas y comida en el Jardín Zaragoza (a unas cuatro o cinco cuadras largas de la Plaza de los Mártires).

 

Llegado este punto podemos cuestionar la creencia de que los tolucos son fríos y conservadores. Basta con darse una vuelta durante las fiestas patrias por los lugares mencionados para percatarse que la algarabía y el jolgorio creados no desmerecen del de las festividades realizadas en lugares más cálidos. Incluso que no importa si llueve (como suele pasar) o si hace frío (a veces se adelantan las heladas): los tolucos se mueren antes de moverse de su lugar.

 

Lo cierto es que actualmente las diversiones populares enfrentan obstáculos, comenzando por la inseguridad y la caótica urbanización que orilla a muchas fiestas cívicas y religiosas a considerarse “marginales” o suspenderse, mientras la gente adopta otros espacios de socialización más cerrados como las plazas comerciales y los antros. Es por ello que la verbena popular que celebra nuestra independencia se constituye también como un espacio de resistencia frente a la brutal modernización y la primacía de lo individual sobre lo colectivo. Que Dios y la patria nos guarden por mucho tiempo las fiestas patrias…