Crónica y Sabiduría
Su vida la dedicó a Toluca. Siendo originario de Valle de Bravo, México; fue un educador dentro y fuera de las aulas universitarias siempre recordado por sus alumnos y respetado por el profesorado de instituciones de educación superior en la entidad. Me cuentan una anécdota de Gustavo G. Velázquez, que en visita que hizo a Toluca uno de los Siete Sabios: Vicente Lombardo Toledano, el fundador del Partido Popular Socialista, expresó que la sabiduría de G. Velázquez era superior a la suya. Dicho así, ese reconocimiento no era asunto sólo para Valle de Bravo o de Toluca, sino de repercusiones nacionales. Tal era el respeto intelectual que se le tenía al fundador en su tiempo, de la Confederación Nacional de Trabajadores (CTM) y de tantas instituciones progresistas en la vida nacional.
Don Gustavo G. Velázquez, que tuve el gusto de conocerlo desde niño, pues viviendo en la calle José María Heredia en la vecindad número 36 —ahora Valentín Gómez Farías # 410— tuve oportunidad de convivir desde niños con Gustavo Velázquez jr. y con Rosa Luz Velázquez, tiempos de jugar al futbol soccer entre las calles de Galeana y Heredia, mientras peligrosamente pasaban los autos o el Colón Nacional por estas no tan transitas vías que nos serían de canchas de futbol para nuestro gozo y alegría.
El recuerdo de ese señor que despertaba tanto respeto no se me ha de olvidar. Con el paso del tiempo y estando en el trabajo dentro de la Dirección de Patrimonio Cultural, institución primera que tanto hizo por la cultura, y después en el Instituto Mexiquense de Cultura supe mucho de don Gustavo: se puede decir, sin rigor de equivocarme, que era el mayor asesor de don Mario Colín Sánchez, patriarca de la cultura mexiquense en su tiempo y al paso de los años. Dentro de esas labores cercanas que tuvo en el originario Patrimonio Cultural del Estado de México destaca su labor segura en la creación y publicación de la Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, con más de 400 títulos, entro otros, personajes, historia, instituciones y crónica.
Mucho respeto sentía que la mayoría de quienes habitaban Toluca en el mundo de la cultura, de la UAEMéx, de los escritores e intelectuales sentían empatía por el originario de Valle de Bravo. Hombre de honestidad supo tomar en serio la política, como él lo decía, no para buscar un puesto de elección popular, con la mirada mezquina de quien sólo desea tener un cargo para malas intenciones. Supo hacerse a un lado de estas componendas y por ello es bien recordado en su paso por la vida. Aún hoy me pregunto del ¿Por qué no está en la Rotonda de los Personajes Ilustres en el panteón municipal de la delegación de San Felipe Tlalmimilolpan?…
Cronista de Valle de Bravo por haber nacido en ese maravilloso lugar a principios del siglo XX, es imposible no citar sus orígenes, pues el libro titulado Retablos de Valle de Bravo, nos definen lo que es el cronista cuando habla de su pueblo, ese pueblo que nos remacha en la cabeza el historiador Luis González y González, al tartar sus orígenes en San de la Gracia, pueblito de Michoacán donde ubica su microhistoria, como lugar donde nace la historia y se convierte de pequeña en la madre de todas las patrias. Así Gustavo G. Velázquez, define su trayectoria al recordar su cuna y origen social.
En nota Introductoria leo: “Retablos de Valle de Bravo es una obra de la autoría del Maestro Gustavo G. Velázquez (1910-1995), escrita bajo el seudónimo de Jesús Brodiaga, que compila los artículos publicados en El Sol de Toluca en la década de los 50 del siglo pasado. En cada uno de ellos, puede apreciarse el gran amor del autor por su tierra natal, así como a la admiración que profesó hacia algunos de los personajes locales que dejaron una huella profunda en sus recuerdos y en su persona, los cuales trasmitió con lujo de detalle a través de estos documentos memorables”. Me recuerda como experiencia los artículos escritos también para El Sol de Toluca, de don Alfonso Sánchez García, que en esa misma década escribía sobre San Juan Chiquito / un barrio de Toluca. Dos periodistas de alta calidad en sus columnas. Dos genios de una generación que tuvo en cronistas, periodistas e intelectuales una voz y mirada que actualmente no tenemos en calidad en este siglo XXI en la capital mexiquense.
Alejandro Vargas Castro, quien fuera secretario técnico del Consejo Editorial del Gobierno del Estado de México dice: “La obra literaria de Gustavo G. Velázquez, en general, inspira admiración y respeto a su talento y versatilidad. En lo particular, el libro Retablos de Valle de Bravo, por su estilo ágil y ameno, así como por la calidez de su contenido, constituye una franca invitación, o provocación quizás, para conocer por medio de la lectura, la historia de nuestra tierra y su gente, para indagar más sobre el pasado que nos une y así explicarnos las razones de nuestra idiosincrasia”. Insisto, queremos saber cómo escribe un Cronista, hay que leer al “Profesor Mosquito” y a G. Velázquez; para que en palabra sencilla y transparente, sepamos dela vida de nuestros pueblos o barrios. De la vecindad cuando es preciso, al leer a Javier Ariceaga. Estos son los cronistas verdaderos en la entidad y ejemplo a seguir; para no sólo hacer habladuría o palabra escrita: historia anclada en el pasado, sin mirar de frente y con valentía las cosas y hechos actuales.
Nos hacen falta este tipo de cronistas en Toluca y la entidad sin duda alguna. Y es leyéndolos como podemos tomar valor para escribir de nuestro presente y así dejar a generaciones futuras el saber cómo es que en este 2026 es Toluca; con todo y que sea <<guapa, pero cacariza, de tanto bache que le distingue por aquí y por allá en Ciudad y municipio>>. Cito a José Alejandro: “La prolijidad de este escritor mexiquense, orgullo del pueblo vallesano (y de Toluca por su estancia de vida en este lugar donde hizo su principal obra publicada), puede observarse en varios géneros. Entre sus obras destacan textos de carácter filosófico, político, periodístico, poético e histórico, con títulos como José María González Arratia. Una vida, una ciudad; Hidalgo. Nueva vida del héroe; Lorenzo de Zavala; Quiénes fueron los matlatzincas; y el libro de poemas intitulado Instante Azul, por referir algunos de ellos”.
En el libro Toluca nuestra, aparece su columna San José de Toluca, el sólo citar algún párrafo comprueba sapiencia e imaginación por el lugar: “La ciudad de San José Toluca en otros tiempos de la Provincia de Mataltzinco, por el oriente no iba más allá de la “Cortadura”, hasta donde se encontró por muchos años, la puerta de la ciudad y una casa de la que los vecinos dieron el nombre de “Casa del Jugo de Pelota”. Por otro lado, opuesto se encontraba el barrio de la Merced, en su mayor parte con chozas de indios miserables, cuyos hogares se anegaban frecuentemente en el tiempo de lluvias…” Cronista por sabiduría y vivencias que le fueron experiencia para escribir lo vivido y no lo contado. Fueron cronistas sin tener soberbia por ello, sino consejo para los demás. Así se le recuerda al maestro de la preparatoria Adolfo López Mateos.

