Crónicas de la Pandemia-Amanecer
Cuadro 1
Como hace mucho que no sucedía, me sorprendió la decisión de tomar la chamarra del mueble a la entrada del departamento, las llaves de donde las cuelgo, el sombrero de palma y el imprescindible cubrebocas, que a estas horas de la madrugada es más que necesario. El silencio del edificio, normal en estas circunstancias, me arropó mientras caminaba hacia la calle. Una locura, pensé. El frío y la leve niebla me envolvieron a mitad de la calle.
Cuadro 2
Desde el mirador de la avenida, las luces de la ciudad me sorprendieron. ¿Hace cuánto no caminaba antes del amanecer? Los autos, pocos, cruzaban a mi lado y la mirada de los conductores no era de extrañeza. Posiblemente para ellos no era muy extraño el ver a caminantes a esa hora. La gente que va a trabajar temprano suele hacerlo. El silencio se rompía con el sonido de mis pasos y el arrastre de la basura que se movía con el viento leve. Es extraño ver la ciudad a estas horas. No existen rostros que pasan presurosos a mi lado, ni el amontonamiento en las esquinas mientras esperan un transporte.
Cuadro 3
La claridad del día iba cubriendo las paredes poco a poco. Los edificios tomaban un color diferente a la noche que se iba. En algunos lugares, las ventanas iluminaban más que los focos en los postes. Con calma, me detuve en una esquina para mirar el entorno y nada había de extraño en esa hora en que las sombras son sólo un recuerdo. El frío se hizo más intenso. ¿Acaso es antes del amanecer cuando arrecia? La verdad, me sentía como en una película de Jean-Luc Godard mientras los sonidos de la ciudad iban en aumento. Cada vez eran más autos los que circulan por las calles. Más pasos resuenan en las banquetas, Ya es hora de regresar al cubil y sentarme a escribir estas pequeñas notas. Sólo fue una locura. Regresar los pasos al recuerdo de otra ciudad, de otras horas, de otro clima.
Cuadro final
La puerta se cerró tras de mí con un leve sonido. El edificio iniciaba su despertar y la música en el fondo atronó con su levedad en el silencio de los pasillos. Abrir la puerta y mirar hacia el interior provocó un leve suspiro que libró a la ansiedad de su ansiedad. Nuevamente tras estas paredes que cubren un poco la inseguridad del día.

