Cuando la migraña comenzó

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Seiscientos pesos por el peor dolor de cabeza, ¿en verdad lo valían? Elecciones, elecciones, elecciones. Solo se habla de eso dentro y fuera de la escuela. Candidatos partidarios hasta dan conferencias. Vaya verano en los edificios de color ladrillo y los pasillos abiertos que permiten entrar al frío aire. Seis de la mañana del primero de julio hasta la una del nuevo día.

Ni una llamada recibió aquel joven que esperaba estresado todo el día por un trabajo que tenía que hacer; solo interés de ti. Tú, la tía de los juegos de infancia; tú, la tía de la sopa de fresa y el platillo parecido a la pizza. Tú, la tía del desayuno más allá de las galletas y el jugo; tú, la tía de la casa abierta para él y dos chihuahuas. Fuiste por mí y me preparaste para esa eterna noche. Tú estuviste ahí.

Nunca acepten ser representante de casilla, menos en presidenciales. Casi a las dos de la mañana, la única interesada en recogerme fuiste tú. El estudiante de letras pidió de adelanto una coca y un red bull, no sé si voy a recibir las paralelas al ángel. No sé que escribir, ¿qué es esto? Pues a entregarlo. Un ensayo comparativo con ideas confusas, que llega a gustar a pesar de su contenido.

Camión de la cinco de la mañana. Llegas y bajas las escaleras para entrar a ese hermoso recinto, lleno de todo tipo de libros y colecciones extrañas. La eterna espera de la fila de la Biblioteca, que estresante todavía no tener el trabajo impreso. Al menos la segunda clase se suspendió para un remix de jugamos para siempre y perdimos como nunca. Brasil se vengó del triunfo en Londres 2012.

Gracias a David leí que la migraña es como una araña que aprendes a querer; el joven al ser hijo de doctores siempre tuvo como previo a la dolencia un paracetamol. Fue el primer piquete, si la primera vez que te hice sentir así. Aunque durmiera, o duerma, jamás me iré. Te tendré en constante asecho, no cumplas con algo a tu cuerpo y te lo haré saber as tavés de dolores que no comprenderás de forma razonable.

La primera vez siempre se recuerda. La pequeña camionetita de regreso, en efecto eres tú Juan. Ya no aguanto, ningún alimento me conforta. Trata de cerrar los ojos, pero no podrás descansar. Caminar retardado, ¿verdad que te afectan las luces? ¿verdad que te afecta casa paso? La eterna espera por un camión que diga Hidalgo: uno, dos, tres camiones, cuatro, cinco, seis caminones. Bendito sea el número siete.

La llegada al hogar, en la familia siempre un confort. Te recuestas a lado de un primo, él te ve dormir antes de marcharse. Te pone una cobija encima. Una habitación oscura, tu mano sobre mi cabello tratando de buscar esa aguja en el pajar. Gritos y más gritos, ¿acaso no exageraste niño? El dolor no se describe, no llega la tina palabra más que el descargue de energía con grandes y grandes salidas de silencio.

Sé que te es difícil creer en las pastillas; sé que es difícil marcarle a una doctora, ya no familiar y aún así por mí le llamaste, pediste que darme. La doctora da indicaciones y en seguida corre a una farmacia, la tía no se despega en todo el día de él. La vida crea extrañas situaciones para que lazos familiares se forjen. Contigo a tu lado sé que la araña vivirá con desagrado.

¾Ya lo veremos.¾