Cuaresma Digital

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Este miércoles inicia la cuaresma, periodo litúrgico en la religión católica de cuarenta días de reflexión, que precede a la semana mayor, como antesala de la pascua de resurrección, en el que la pandemia mantiene en nuestro país la digitalización de las actividades sociales que, eventualmente, transitarán hacia nuevas modalidades híbridas con independencia de que la biología genere resistencia al virus SARS-CoV-2, pero que, con todo y la llegada de las vacunas y la disminución del número de casos, seguirán siendo 40 días de un confinamiento sugerido.

Es así, que esta colaboración que nuevamente quedó inserta dentro de la deconstrucción digital, y la aproximación hacia los brókers digitales, que en su tercera entrega, será el cierre de mi reflexión de esta temporada acerca de los intentos de la venta y subrogación de la privacidad de las personas, creo que lo que se comente en esta entrega, puede preparar el análisis de la siguiente semana.

“Polvo eres y en polvo te convertirás” y “arrepiéntete y cree en el Evangelio” constituyen las frases más comunes que nos preparan para el tiempo litúrgico antes mencionado, y con ello, en la renovación del espíritu, en la creencia religiosa de que el ser humano está llamado a una transformación basada en el perdón de los pecados, perdón que a pesar de contar con un rostro humano, le damos un sentido divino como parte de un proceso de purificación continua.

Cómo pudiera esperarse de un ámbito destinado a la espiritualidad, un espacio de lo más íntimo en las creencias de las personas, transitará en esta temporada como una Cuaresma Digital, en la que creyentes y no creyentes participarán en una dinámica particular, aderezada con las circunstancias propias de los daños colaterales que ha dejado la pandemia, la reflexión se verá acompañada de esperanza y acción de recuperación ante la llegada de las vacunas que poco a poco reactivarán la vida social y darán paso a una nueva realidad transformada por la digitalización.

Sin embargo, tal como escuché en misa dominical, seguramente trasladamos al entorno digital la vivencia de este tiempo litúrgico en el que la asistencia a templos y  ritos se verá incentivada a través de plazas públicas en redes sociales, o videoconferencias por aplicaciones, en la que un representante por familia, eventualmente será el símbolo de lo físico, orillando a quienes preferían acudir de manera presencial a que se ajusten a esta nueva modalidad a distancia a través de medios electrónicos, por lo que, en el proceso de digitalización que llevamos hasta el día de hoy que pareciera que todavía no es suficiente y que nos enfrenta  a un nuevo lapso de inmersión, por tanto ¿de qué manera se trasladarán nuestras creencias intangibles al ciberespacio? ¿De qué manera pueden ser aprovechados algunos de los datos más sensibles que conciernen a las personas a través de las dinámicas generadas por transmisiones a través de redes sociales? ¿En qué medida cambian los hábitos digitales en función del tiempo litúrgico que de manera inconsciente acerca a las personas con algunos de sus aspectos más profundos?

Si bien el procesamiento de datos de redes sociales y medios digitales ya ha pasado por estos tiempos litúrgicos previamente, será en esta ocasión cuando gran parte del mundo se encuentre volcado en el ámbito digital desde el comienzo, ya que a pesar de que precisamente en un periodo similar fue cuando el rebrote generó los primeros confinamientos, es hasta este año cuando ya se insertaron de manera más o menos regular los hábitos digitales que logran emular gran parte de las actividades que se llevaban a cabo de manera presencial, tales como fiestas, reuniones de esparcimiento o de trabajo, y, también ceremonias de índole religioso; período de índole emocional que a su vez, en nuestro país coincidirá con el periodo de campañas electorales, por lo que será importante identificar si esta combinación merecerá alguna mención particular, sea porque resulte notoria en función de los efectos en la expresión social a través de redes sociales, o, porque resulte relevante por la cantidad de datos que arrojamos en medios digitales ante esta modificación de nuestros hábitos y una mayor intensidad de nuestras descripciones basadas en la información que se rastrea a través de nuestro comportamiento en el ciberespacio.

Ello, si se considera que paradójicamente los medios digitales no conocen ese perdón que debiera ser humano y que trasladamos a lo divino, información sobre la cual deberían generarse mecanismos de exclusión que no permitieran ser utilizados o aprovechados, salvo que dichos aplicativos contaran con una capacidad y finalidad probada, que a su vez, justificara de manera inexorable la necesidad del manejo de información relativa a la creencia de las personas, finalidades que al día de hoy, por ejemplo, a mi no me pudieran resultar del todo claras.

Bajo este escenario ¿cuál sería la analogía de la reflexión “polvo eres y en polvo te convertirás” en el ámbito digital? ¿De verdad sería posible un verdadero derecho al olvido o la explotación de nuestros datos provoca indirectamente la permanencia de nuestras acciones en un futuro lleno de aplicativos digitales que se autogestionan? si en el ámbito digital, datos somos ¿en qué nos convertiremos? ¿de qué manera podremos evitar la tentación de perpetuar los aspectos positivos y/o negativos de las personas a través de sus datos y su aplicación práctica?

Particularmente con el uso de procesamientos automatizados y de inteligencia artificial, nos presentan nuevos escenarios, que para fines de respecto a la privacidad serán más impredecibles que la propia regularidad del algoritmo y/o la función aparentemente les confirieran en su programación, y, en ese proceso de aprendizaje profundo, más allá de la clasificación, será importante identificar el tipo y variedad de datos personales que se requieren y las medidas que se utilizarán para proveerlos.

En ese proceso en que datos somos, y nuestra experiencia de usuario requiere más datos, será interesante identificar cuáles son esos límites sobre los cuales, efectivamente proscribimos el tratamiento de ciertas categorías a fin de que una cuaresma digital pueda efectivamente emular ese proceso de renovación que hace para las personas un sentido de humanidad, y, en mis mejores deseos que las pascuas de este año vengan acompañadas de la recuperación de una vida presencial, ante una adecuada gestión de inmunización a través de las vacunas, acelerada, por el inicio de una primavera que provoque la remisión de la pandemia por COVID-19, y que en ese proceso de renovación y nueva vida física y digital, salvaguardemos nuestra humanidad.

Hasta la próxima.