De vuelta al pasado y el final de un sueño

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Continuación de lo que puedes leer aquí:

https://poderedomex.com/el-retorno-a-la-vida/

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Dice mi gato, y creo que, con buen criterio, si no será un atentado contra la intimidad, además de abusar de la generosidad de quienes, con buena voluntad, se acerquen a leer estas historias. Contar las cosas que me ocurren como si fuera una novela, me cuesta creer que le pueda interesarle a alguien. Toda vez que la mediocridad, además de brillar con luz propia, se asemeja a un encefalograma plano con algunos picos hacia abajo, demostrando claramente su decadencia.

Y tal vez que no le falte razón, a fin de cuenta, cuando la vas escribiendo, te das cuenta de que la humildad, además de brillar por su ausencia, es una apología a la vanidad. Y, por lo tanto, no me queda más remedios que acatar su sensatez y poner punto final a los diálogos, paseos por los tejados y el maullar con tono lastimero a esa Lunita clara que, seguramente cansada de tantos lamentos, cada vez con más frecuencia, nos lo hace ver con sus ausencias.

Es verdad que, a veces, la ficción adelanta a mi realidad, dejándola tan alejada que me cuesta mirar atrás porque dudo que la pueda encontrar. Puede ser que mi conciencia (llámese gato), por no hundirme más, me diga que la vida son estados de ánimo y que todo es pasajero. Menos la muerte, le digo. donde seguramente no exista la euforia. Si es que en ese lugar tan desconocido se puede pensar en lo que dejamos atrás.  Rectificar es de sabio, me aconseja. Y sin vacilar, me digo ¡Ay, inteligencia…, ¡dónde andarás!

Se acerca el final, (siempre lo hace, sea lo que sea), nada puede detener el carrusel del tiempo, y el tiempo de mis tribulaciones está tocando el horizonte, si es que no lo ha tocado ya. Esa línea difusa del futuro, donde mis incógnitas son interrogantes por la falta de evidencia; quizás la falta de fe de mi gato sea porque es capaz de ver en noches cerradas, esas donde esperamos a nuestra Lunita clara. A la que, a modo de despedida, le dedicamos (ay, insolente osadía), una poesía. 

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Volveré si el destino lo quiere. En el tintero quedan historias inacabadas y sueños por despertar. Y si decidiera que mejor no, le pediré a cambio, que baraje de nuevo las cartas a ver si tengo la suerte de cara y me sale otra vez la Dama de Corazones, esa linda Lunita clara que me alumbró los tejados y les puso voz a mis sueños más dorados.

¡Ojalá te diga que no!, dijo mi gato cuando iba camino del balcón a correr las cortinas. Estaba oscureciendo y ya presentía que se acercaba ella, además de que no le gustaba que le repitieran las cosas. La rotundidad de su maullido fue la advertencia de que llegaba la hora de desplegar velas y poner rumbo a las estrellas. 

Y antes de emprender ese viaje a lo desconocido, unos versos dedicados…

A la reina de nuestras noches doradas.

Va por ti, mi amor de madrugadas.  

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Te vi llegar empapada de Luna,

tan magnífica y clara

que, al amanecer, el día maldije,

y maldije a la claridad por profana

porque apartó de ti la Luna clara.

~/~

No quiero la Luna sin ti, no quiero a la Luna sola,

en las noches solitarias y tan largas

quiero verte llegar envuelta de Luna,

que nada es comparable con la vida

y la muerte se asemeja a la noche oscura.

~/~

Amanece y la Luna se aleja, se esconde

tímida del día, y es en su timidez

un alma enamorada,

envuelta de Luna, te quiero

que mi amor así te reclama.

 ~/~

En un mar de Luna, lunita clara

reflejos grises, reflejos de plata

son lágrimas de lunita clara

las gotas de rocío en los olivares en calma

un mar de profundidades verdes,

de claridad de plata

y un reflejo luego de claridad dorada.

~/~ 

No se esconde la Luna enamorada

se toma un respiro, descansa

y, henchida de tanta hermosura,

nunca será el sol lo que ella reclama

nunca dejará que, con sus tesoros de oro,

le robe su claridad de plata.

~/~ 

Cabalgando en su montura estrellada

por los olivares verdes

al encuentro de su amada,

y así te extraño, tanto como ella te ama

con reflejos de Luna, de lunita clara

donde el olivar sueña y el ruiseñor descansa.

 ~/~

No quiero una Luna triste,

ni quiero a mi Luna sola,

empapada de ti, la quiero

con tu cara reflejada,

y, cuando tímida se esconda

se irá en tu mirada,

inalcanzable y tan cerca que, sin tocarte

mis manos te llegaren.

 ~/~

A otros, mis ojos te ven distinta, 

te ven callada, tan enamorada

y otros que no saben cómo yo de ti, 

te pensarán lejana,

¡Ay, Luna! Luna, lunita clara

que de tanto desearte hasta del día reniego

porque me roba tu cara.

~/~ 

En cada atardecer, me lamento y te espero

y luego, cuando tu luz de plata,

de Luna, lunita clara

me anuncia tu llegada, 

me devuelves la vida desterrada.

Vida que, entre olivares verdes

oye los gemidos del viento ausente

añorante y triste por no tenerte.

¡Ay, Luna!, mi luna, mi lunita clara

que de tanto y tanto desearte 

hasta del amanecer reniego.

Porque en cada alborada dorada

me hurta la mirada 

de la reina de mis noches plateadas.

~/~

Un fuerte abrazo para ti con mis mejores deseos de paz y abundancia, sobre todo, la del amor, esa fuerza que inflama el corazón, enaltece el alma y, a la vida, le pone el color de la esperanza, ese estado de ensoñación, donde las noches son alboradas. 

Gracias, muchas gracias por tanta generosidad, tu mirada. Luz que alumbró, durante estas diez semanas, los pasajes de nuestras humildes historias noveladas. 

Y recordando a García Márquez, te digo adiós… 

No lloro porque terminó, sonrío porque sucedió