DER KÁISER, EL EMPERADOR

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Cuando Franz entra a la sala, la luz se enciende.

Karl-Heinz Rummenigge

 

 

 

El éxito le acompañaba a todas partes gracias a su habilidad para fusionar su elegancia y eficiencia. El caballero de la cancha empastada y del campo traviesa de la vida falleció a los 78 años de edad, el pasado 7 de enero.

He sido aficionado al fútbol y siempre he admirado al Káiser Franz Beckenbauer, no únicamente como estrella del fútbol soccer, en donde tiene un lugar entre los cinco mejores jugadores de la historia junto con Pelé, Messi, Maradona y Cruyff;  sino también, como reconocido líder en diversos campos de su vida; por ello, ya forma parte de los personajes que han trascendido desde el deporte hacia la eternidad como grandes líderes cuyo ejemplo es digno de ser reconocido y estudiado.

En el Tenis: Roger Federer, admirado no solo por sus logros sino también por su comportamiento ejemplar y liderazgo íntegro en el deporte; Rafael Nadal, con su sello personal caracterizado por su espíritu de lucha y capacidad para liderar, dentro y fuera de la cancha; Billie Jean King, una líder en la lucha por la igualdad de género en el deporte y, por supuesto, Serena Williams, por su resiliencia y compromiso con la defensa de la igualdad, como en el Basquetbol: Michel Jordan y LeBron James.

En el Fútbol Americano, varios coaches han dejado una marca indeleble, algunos de los más destacados: Vince Lombardi, un ícono en la NFL, conocido por su liderazgo en los Green Bay Packers durante los años 60, llevándolos a ganar cinco campeonatos de la NFL, incluidos dos Super BowlsTom Landry, coach en jefe de los Dallas Cowboys durante 29 años, llevó al equipo a dos victorias en el Super Bowl y fue conocido por su innovación táctica; y por supuesto, Chuck Noll, head -coach de mi equipo favorito de toda la vida, los Pittsburgh Steelers, quien los guió a cuatro victorias en el Super Bowl en la década de 1970.

Pero volvamos a nuestro homenajeado, para platicarles que cuando yo estaba próximo a cumplir los 13 años de edad, me sorprendió la entereza elegante con la que el Kaizer jugó el partido del siglo ante Italia en nuestro estadio Azteca, en ocasión del mundial de 1970, en donde fue lesionado, ocasionándole rotura de clavícula y a pesar de ello, regresó a la cancha con un cabestrillo para seguir motivando a su equipo, sin duda, la mejor muestra de compromiso, profesionalismo y liderazgo.

Desde su debut a los 18 años, rápidamente se ganó el apodo de Der Káiser por su autoridad real en el campo, liderando la defensa con un aire de aplomo acorde con su homónimo. Un factor importante en el desarrollo de la personalidad de Franz y su pasión por el fútbol, fue su familia. Sus padres le inculcaron los principios de la perseverancia y el trabajo duro, después de haber experimentado las dificultades de la reconstrucción en la Alemania de la posguerra.

No era solo un futbolista. Era una fuerza de la naturaleza, un torbellino de elegancia y gracia que redefinió el deporte rey. Por su majestuosa presencia en el campo, la vida de Beckenbauer es un óleo logrado con los pinceles del triunfo, la innovación, la empatía y la pasión inquebrantable.

Recordar al Káiser es un viaje ilustrativo al corazón de una leyenda, una exploración del hombre que se atrevió a redefinir lo que significaba un defensor, un líder, un motor y sextante de un equipo y un emblema en la sociología deportiva y empresarial. Su historia, es una cátedra de brillantez, resiliencia y una vida vivida al máximo, dentro y fuera del campo.

Cual director de orquesta, fue genial en su anticipación para ilustrar y dar brillo a cada uno de sus compañeros con una habilidad excepcional para compartir el balón.

Revolucionó el fútbol en su posición de libero cambiando hábilmente de la defensa al ataque con la elegancia de un bailarín de ballet y la decisión y coraje de un mariscal de campo al más puro estilo de su paisano Rommel, el mítico zorro del desierto.

Su habilidad para leer el juego y lanzar ataques desde larga distancia transformó el juego defensivo, y se colocó como el pionero de los jugadores liberos barredores como algunos también le suelen llamar. Veía espacios donde otros veían a los rivales, anticipaba los pases antes de que se hicieran y poseía una calma sobrenatural en medio del caos de la cancha.

Su visión e instinto táctico inauguró la época del futbolista estratégico, creativo y constructor de oportunidades de gol. Tenía un sexto sentido para el juego hermoso.

Amaba el fútbol, fue un estandarte cultural, sirvió de levadura a la identidad alemana, un filántropo que utilizó su plataforma para defender sus causas sociales. Fue un faro que inspiró a una generación, un maestro carismático con gran audacia y una fe inquebrantable.

Rendir homenaje a Franz Beckenbauer, es aprender de la impronta de un titán del futbol, un maestro cuya sinfonía en el campo reverbera a través de los siglos y deja una huella duradera en el hermoso juego y por supuesto, en la figura del líder en cualquier ámbito de la vida social, política y empresarial.