+Desapariciones, el caso de Luis Alejandro Rueda; familias atrapadas entre la desesperanza y el miedo; prefieren futbol que clases para los niños

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La frase:

 

Nadie quería denunciar por miedo.

FAMILIA DE UN DESAPARECIDO

La creciente incidencia de desapariciones, privaciones ilegales de la libertad y casos de secuestro de menores en Toluca ha comenzado a generar una preocupación que rebasa el ámbito de la seguridad pública para convertirse en un tema de profunda alarma social.

Mientras madres y padres de familia viven entre la incertidumbre, las fichas de búsqueda se multiplican y las Alertas Amber se vuelven cada vez más frecuentes, la percepción ciudadana es que las autoridades municipales han minimizado una problemática que ya no puede ser ignorada.

Durante las últimas semanas, diversos casos han colocado nuevamente bajo los reflectores la vulnerabilidad que enfrentan niñas, niños y adolescentes en la capital mexiquense.

La desaparición de Luis Alejandro Rueda Alvarado, de 17 años de edad, reportado como no localizado desde el pasado 4 de mayo, es apenas uno de los numerosos expedientes que se han sumado a las bases de datos de búsqueda de personas desaparecidas.

Como este caso, decenas de familias han tenido que recurrir a redes sociales, colectivos ciudadanos y mecanismos oficiales para intentar localizar a sus seres queridos.

Lo más preocupante es que algunas investigaciones han revelado que detrás de ciertas desapariciones existen conductas delictivas mucho más graves que una ausencia voluntaria.

El caso de la menor Paulina Maritza estremeció a la opinión pública luego de que las autoridades determinaran que habría sido privada de su libertad por sujetos que presuntamente la interceptaron en la zona de La Magdalena Otzacatipan para posteriormente exigir dinero a sus familiares a cambio de su liberación.

La captura y vinculación a proceso de uno de los presuntos responsables confirma que el riesgo para los menores no es una percepción, sino una realidad documentada por las propias autoridades ministeriales. Por cierto, ¿Qué tanto tienen que ver los parientes?

Detenidos en el caso de Paulina Maritza.

Aunque corporaciones estatales y fiscalías destacan rescates y localizaciones exitosas, para numerosas familias estos resultados representan únicamente una respuesta posterior al delito.

La crítica recurrente es que los esfuerzos institucionales parecen concentrarse en reaccionar cuando la desaparición ya ocurrió, mientras las estrategias preventivas continúan siendo insuficientes o simplemente invisibles para la ciudadanía.

La preocupación se intensifica debido a que Toluca aparece constantemente entre los municipios mexiquenses con mayores reportes de personas desaparecidas, particularmente adolescentes.

Las plataformas de búsqueda, organizaciones civiles y colectivos especializados han advertido sobre un incremento sostenido en la emisión de fichas de búsqueda para jóvenes de entre 13 y 17 años, una tendencia que alimenta el temor entre quienes diariamente observan cómo sus hijos se trasladan a escuelas, centros recreativos o actividades cotidianas.

En este contexto, la administración encabezada por Ricardo Moreno enfrenta cuestionamientos cada vez más severos. Diversos sectores ciudadanos consideran que el gobierno municipal ha evitado reconocer la magnitud del problema, privilegiando discursos sobre operativos y resultados generales de seguridad mientras la preocupación social continúa creciendo.

La percepción de muchos habitantes es que existe una desconexión entre las cifras oficiales y la realidad que viven las familias que buscan desesperadamente a sus hijos.

El problema además no puede analizarse de manera aislada. El Estado de México continúa enfrentando importantes desafíos en materia de seguridad y desaparición de personas, dentro de un escenario nacional donde las cifras de personas desaparecidas y no localizadas mantienen una tendencia preocupante.

La combinación de delincuencia organizada, violencia, debilidad institucional y limitaciones en los mecanismos de prevención ha convertido a los menores de edad en uno de los sectores más expuestos.

Cada nueva ficha de búsqueda, cada Alerta Amber difundida y cada protesta vecinal por una desaparición representan mucho más que un dato estadístico.

 

Detrás de cada fotografía existe una familia atrapada entre la esperanza y el miedo. Por ello, la exigencia ciudadana ya no se limita a la localización de víctimas, sino que demanda políticas preventivas reales, vigilancia efectiva en zonas de riesgo, fortalecimiento de los mecanismos de reacción inmediata y una coordinación permanente entre autoridades municipales, estatales y federales.

La pregunta que hoy recorre las calles de Toluca es incómoda pero inevitable: ¿cuántos casos más deberán registrarse para que la protección de niñas, niños y adolescentes se convierta en una prioridad absoluta? Mientras esa respuesta no llegue acompañada de resultados tangibles, la sensación de vulnerabilidad seguirá creciendo y la confianza ciudadana continuará erosionándose frente a una problemática que cada vez resulta más difícil de ocultar.

Prefieren futbol que clases para los niños

La decisión ya está tomada y, por lo menos en la capital del país, las actividades escolares se suspenderán los días en que haya juegos de la Selección Nacional mexicana, pues es preferible que los niños vean un encuentro de futbol a que aprendan los contenidos escolares.

Parece realmente ofensivo que se dé tanta preferencia a las actividades del futbol, no sólo a la realización de los juegos sino, además, a las celebraciones que –ojalá– se deriven de los triunfos que consiga nuestro representativo nacional en la justa de verano.

¿Qué tan benéfico será para los infantes y jóvenes mexicanos esta decisión de la autoridad educativa nacional? Dudo que aporte algo bueno al proceso de enseñanza-aprendizaje de las infancias y juventudes mexicanas, pero como los maestros mexicanos buscan cualquier pretexto para no ir a trabajar, pues la autoridad educativa nacional ya les consiguió argumentos.

El jueves 11 sin clases en la capital del país, porque se inaugura el Mundial.

Esperemos que el suspender actividades educativas en el país se traduzca en mayor alegría educativa para la justa, la cual, por lo menos hasta el momento, se observa apagada y reservada para unos cuantos a los que sí les alcanzó la economía para adquirir un boleto de acceso a los estadios.

Tal vez sería preferible mantener intocados los horarios de escuela y empujar a los maestros y padres de familia para que se organicen y lleven al aula un radio o una televisión en la cual sea posible sintonizar los encuentros futboleros, lo que crearía comunidad e incentivaría la convivencia de las nuevas generaciones, para, de algún modo, sumar al ánimo nacional.

Porque el Mundial de la FIFA tiene que dejar algo bueno para todos los mexicanos, ojalá que sea por lo menos en materia de satisfacciones y alegrías colectivas por algún buen resultado que coseche el seleccionado nacional mexicano, ya que, de modo contrario, no habrá valido la pena ni la suspensión de clases para apoyar a los nuestros.