DESDE EL PAÍS DE LOS TÍTERES SIN CABEZA
«La paradoja es la verdad que está de pie boca abajo para llamar la atención.»
G.K. Chesterton
¡Vaya paradoja! Nos ha tocado vivir en un país dirigido por títeres sin cabeza que se solazan no dejando títeres con cabeza. No debemos permitir que nos corten la cabeza y de eso les quiero platicar.
La expresión «no dejaron títere con cabeza» proviene del ámbito del teatro de marionetas. En estas representaciones, los títeres, que son marionetas, a menudo pueden ser decapitados o dañados durante las actuaciones. La frase se utiliza para describir una situación en la que se ha dejado un saldo de destrucción o de desmantelamiento total, ya sea en un contexto literal o figurado, como en una crítica o refuerzo de una idea. Es una forma de expresar que algo fue completamente arrasado o que no se ha dejado nada en pie.
La frase se ha popularizado en el lenguaje cotidiano y puede ser utilizada para referirse a una amplia variedad de situaciones donde se ha causado un fuerte impacto o una derrota total. En nuestro caso, no estamos todavía derrotados, a pesar de los grandes impactos recibidos a diario para dinamitar nuestra calidad de vida, que si no la mejor, si a donde nos sentíamos más libres, más seguros y con esperanza.

Como en el cuento de Jorge Luis Borges, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, Nos encontramos ante dos caminos: o bien seguir sentados cómodamente como pasajeros de un camión a cargo de títeres que va directo al precipicio por tantas tonterías que quienes dirigen este país, no se cansan de hacer, o nos bajamos y empezamos a caminar para disfrutar de la naturaleza admirar el paisaje, pero, sobre todo, ver hacia dentro de nosotros para recuperar la fortaleza y resiliencia que se requiere para estos tiempos.
Éste cuento escrito hace 83 años, hace referencia a la idea de Tsui Pên de que se crean realidades infinitas a medida que las personas se enfrentan a puntos de decisión. Cada decisión crea un nuevo camino y los resultados de esas decisiones generan más oportunidades para elecciones que se dividen en sus propios derroteros.
La historia sigue a un espía chino, Yu Tsun, durante la Primera Guerra Mundial, que está tratando de transmitir un mensaje crucial a Alemania. Para evitar ser capturado, decide buscar a su ancestro, Tsui Pên, un sabio que había creado un laberinto literario en el que el tiempo y las decisiones se entrelazan de manera compleja.

El cuento juega con la idea de que cada decisión que tomamos crea múltiples caminos posibles, representados como senderos que se bifurcan. Borges utiliza esta alegoría para ilustrar conceptos como el infinito y la naturaleza no lineal del tiempo, además de desdibujar la línea entre realidad y ficción.
El laberinto de Ts’ui Pên también es una metáfora de la vida misma, donde cada elección tiene un impacto en el curso de nuestra existencia. Útil en éstos tiempos recios, ya que el cuento es una rica meditación sobre el tiempo, la identidad y las múltiples realidades derivadas de nuestras decisiones. Es uno de los ejemplos más destacados del estilo único del eterno candidato al Premio Nobel de Literatura y su habilidad para jugar con conceptos filosóficos profundos a través de la narrativa.
Para ello les propongo que dejemos en el perchero nuestra capa de Superman y que nos pongamos los lentes de Clark Kent para leer, analizar y hacer un ejercicio introspectivo apartándonos de nuestra heroicidad quijotesca y que lo que no está en nuestras manos, que no esté en nuestra cabeza; a la luz de los hechos, somos los otros, los que razonamos y no deseamos seguir arriba del camión sin frenos, sin destino y con las llantas lisas.

A la manera de los estoicos, pensemos en cómo nos transformamos interiormente para después buscar una transformación exterior y jamás permitamos que seamos títeres, ni mucho menos, nos corten la cabeza.
Será necesario que revisemos el contenido de nuestra caja de herramientas, echemos ojo a nuestro botiquín filosófico, para que no perdamos la esperanza y algo que es fundamental, que aprendamos a comprender la situación para poderla trascender.
Les dejo algunas de las enseñanzas de Brené Brown, académica, investigadora y autora conocida por su trabajo sobre la vulnerabilidad, la empatía, la conexión humana y la compasión.
Según Brown, los cuatro pilares que sustentan la conexión son: “la autenticidad, la vulnerabilidad, la compasión y la confianza”. Cada uno de estos elementos es esencial para construir relaciones significativas y saludables, pero de estos pilares les platicaré en mi próxima entrega.
