Día de los abuelos
Hay una canción que habla de los abuelos: los orígenes, escuchar las historias del abuelo, necesitar de sus consejos para abrir el corazón, que la abuelita es medicina y termina diciendo: abuelitos, guíenme.
Recientemente en nuestro país se celebró el día de los adultos mayores, mejor conocido este día, como el día del abuelo. En el que se recuerda y festeja a los padres de nuestros padres. Hubo quien tuvo la fortuna de conocer a sus abuelos, bisabuelos e incluso a los tatarabuelos.
Una gran fortuna poder coincidir con ellos, tuve la dicha de conocer a mis bisabuelas maternas siendo aún joven, una de ellas durante mi niñez, la mamá de mi abuela, hoy siento que ella era mi conexión con la tierra, sabía mucho del campo, de cómo utilizar las plantas para la comida y remedios caseros para curar algunos malestares físicos y del alma. También de aquellos brebajes para las celebraciones, como por ejemplo el tecuí: la bebida a base de jugo de naranja, alcohol puro, frutas, algunas semillas y frutos secos, algo similar al ponche. Una bebida característica de su lugar de origen, Calimaya, Estado de México.
Mi otra bisabuela, la mamá de mi abuelo, con quien tuve mayor convivencia en mi adolescencia, ella significó un encuentro con la fortaleza femenina, ella era la prueba de que la fuerza de las mujeres es insospechada, pese su avanzada edad jamás dejó de vender ropa que traía de la CDMX a Toluca, para su sustento, viajaba en los diferentes tipos de transporte e iba a ofrecer sus productos y para cobrar. Ni la curvatura pronunciada de su espalda, ni la pérdida de la audición jamás le impidieron continuar con su vida; nadie lavaba su ropa porque nadie lo hacía como ella y para su comida, también, pues el haber perdido todos los dientes le exigía comida especial que sólo ella sabía cómo prepararla. Autosuficiente hasta que la enfermedad y la edad la venció. Además nunca dejó de llenarme de consejos acerca de la vida y el amor, contándome sus anécdotas y vivencias que le tocó ver de cerca.
Y qué decir de mis abuelos, yo crecí muy cercana a los cuatro, mis abuelos paternos fueron muy importantes en mi niñez: con ellos aprendí los vestigios de su generación, en los que la familia es lo más importante y que el comal de leña y las tortillas recién hechas son el pretexto perfecto para reunir a toda la familia. Aprendí de la disciplina y el compromiso, pero también del humor: jamás olvidaré cómo mi abuelo toreaba los remolinos de polvo que se nos atravesaban al volver a casa después de la escuela; él cargando nuestras mochilas y sosteniendo su bicicleta con una mano y con la otra sosteniendo su sombrero en medio de la polvareda, mientras cantaba éntrale toro, éntrale toro.
Con mis abuelos maternos también estuve en contacto, ellos compartieron un poco de los vestigios de su tierra y de su tiempo, con ellos visitábamos, mi hermano y yo, las milpas, jugábamos después en el sincolote y nos deslizábamos en el maíz recién desgranado hasta que mi abuelito nos corría diciendo ¡Órale, hijos del maiz!, así sin acento, como sonaba en su voz.
Un estudio del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental con sede en Carolina del Norte, Estados Unidos, concluyó que las mujeres tenemos un vínculo importante con la abuela materna, al parecer se heredan la genética y el temperamento de ella. En mi caso, hasta nací en el mismo mes, cuatro días nos separan de haberlo hecho el mismo día, no sé si hay mucho de ella en mí, pero sé que cuando la miro a los ojos es un oráculo de mis días.
Ella cree en la fuerza de la naturaleza, pero antes que todo cree en Dios, ha sido un ejemplo de fe y amor, en la fe ha podido sobrellevar los ratos más amargos de su vida y en el amor ha podido cosechar amistades y cariño no solo en el seno de su familia sino de gente que la rodea, también es sorprendente cómo, pese a que su esposo, su amor, ya no está con ella, no deja de amarlo e incluso ha llegado a decir que su amor por él, sigue creciendo.
De mis abuelos aprendí también que el amor de pareja existe, que si bien no es como en los cuentos de hadas, es posible y poderoso, aun cuando la muerte los separa. Mis abuelos paternos vivieron en matrimonio 71 años, hasta que la edad y el cansancio venció a mi abuelo; en la tercera parte de esos años que los vi como matrimonio, si bien hubo tragos amargos, jamás lo suficiente como para separarlos.
Alguna vez los dos fueron a parar a un hospital, en diferentes momentos y mientras uno estaba ahí, se preguntaba cómo estaba el que permanecía en casa, siempre se buscaban, se preocupaban por el bienestar del otro, aunque al estar juntos no tuvieran muestras de cariño el uno con el otro, pero siempre procuraban estar juntos y pendientes de sus necesidades, así como un día se prometieran ante un altar.
Mis abuelos maternos estuvieron juntos 53 años, años que mi abuela me dijo no fueron fáciles, pero fueron los más hermosos de su vida, de jóvenes vivieron en diferentes lugares, conociendo gente, antes de establecerse, ya con la llegada de sus hijos el amor crecía entre ellos y en la familia que construyeron y que heredaron a sus nietos que también fuimos testigos de ese amor que crecía con el paso de los años. Como el día en que una de las nietas los encontrara dándose un beso al pie de la escalera, rodeados del trinar de las aves que tenían como mascotas, miren pajaritos a estos chistosos, dijo la pequeña niña de escasos 4 años.
Y qué decir de las innumerables historias que los constituyeron: de su niñez, de su juventud, de su experiencia en la vida, historias que a veces nos cuentan para sacar lo mejor de las nuestras, para evitarnos malos ratos, aunque hay quienes dicen que nadie experimenta en cabeza ajena.
Los abuelos, las personas que han llegado a una edad en la que la experiencia de los años los lleva al remanso de la vida. Donde las problemáticas de la salud pueden aparecer o agudizarse, donde aparentemente termina su etapa productiva y comienza el camino a la vejez. Además no podemos olvidar a los sectores menos favorecidos donde la pobreza y el abandono termina por finiquitar la vida de muchas personas, sin siquiera alcanzar la vejez.
Un sector que llega a ser incluso maltratado y que a últimos tiempos, por la modificación de las problemáticas económicas, han tenido que extender su periodo de productividad y cada vez son más las personas que se ven necesitados de un trabajo que compense las limitadas pensiones que reciben después de años de trabajo.
Sin duda que hay muchos temas en torno a la vida de los adultos mayores que procuraban nuestra atención igual que en todas las etapas de la vida, cada una con sus esplendores o su penumbra, con su tempestad o su calma, entonces sólo nos queda la garantía y la certeza del ahora.
Una reverencia a la memoria de aquellos antepasados que marcaron nuestras vidas y que hicieron posible que mis letras y sus ojos nos encontremos ahora.

