Día del padre

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¡Yupi!, por fin es Domingo, el día de la semana que más me gusta, ya que es el día en que veo a mi papá, porque tiene que trabajar todos los días, sólo le dan de descanso los domimgos. Yo le pregunto a mi mamá: ¿por qué papá tiene que trabajar tanto? y ella me responde que porque sí. Yo siempre le pregunto, pero ella parece fastidiarse. pues dice que simpre le ando preguntando lo mismo. Casi no lo vemos, cuando despierto él ya no está, o está por irse y casi no podemos platicar ni disfrutar tiempo juntos. Sale siempre corriendo y casi nunca veo que desayune. Mi mamá es la que me lleva al colegio, bueno, si a eso se le llama llevarme, ya que más bien pasa a dejarme con una señora y es ella quien se encarga de llevarme a la escuela. Es una buena señora, aunque casi no habla, creo que no le importa mucho mi vida ni lo que me ocurre en la escuela, siempre me dice: “dile a tu mamá” o “ahora que llegue tu mamá, le dices”.

Como la escuela está a unas tres cuadras, me lleva caminando, y ella misma es la que me recoge. Mi mamá me da dinero, siempre me guardo unos pesos para comprarme mis papas con salsa a la hora de la salida. Y ahí está ella, la señora, esperándome. Casi nunca tengo tiempo de quedarme a platicar con mis compañeros de la escuela, ya que, se le hace tarde, me dice. ¿Tarde para qué?, me pregunto, si siempre llegamos a la misma hora, y se queda sentada en la sala viendo la televisión, que se queda encendida mientras va por mí a la escuela. Nunca he visto apagado ese aparato en su casa. 

Haz la tarea, me dice. Siempre le respondo que sí, aunque ya no nos dejen, pero creo que ella se quedó con la idea de sus tiempos donde a los niños les dejaban hacer tarea. A mí me aburre ver la tele, asi que me pongo a ver mi celular: videos que me gustan, de videojuegos o de memes.  Después de unas horas, pasa por mí mi mamá. Siempre con la misma pregunta: ¿Cómo se portó?, ¿Bien? Qué bueno. Nos vemos mañana. 

La prisa de las mañanas obliga a mi mamá a pedir servicio de taxi por aplicación. Pero en la tarde, como ya no hay prisa y tampoco dinero, tomamos el camión, dos para ser exactos. Después de casi dos horas de trayecto, unas veces incómodo, pues nos toca ir parados y a veces hasta separados, llegamos por fin a casa, ya casi anochece. Apúrate y vente a comer, me dice mi mamá con un tono bastante seco. Ya voy, le respondo. 

Saca un refractario del refrigerador y lo mete al microondas. A veces pedimos comida por servicio de aplicación, pero eso es regularmente cada dos viernes, cuando eso sucede suele decir: ahora sí, porque es quincena. Me cuesta trabajo entender eso. Otras veces pasamos por un pollo rostizado. 

Nos sentamos a comer, mi mamá con el teléfono en la mano izquierda mientras con la derecha se lleva la cuchara a la boca. Quién sabe que tanto vea. Antes me regañaba porque comía con el celular en la mano, justo igual que ella lo hace ahora. Parece ya no importarle, así que también hago lo mismo, me pongo a ver los streamings en mi celular mientras como. Estamos igual que la señora que me cuida, sólo que en lugar de quedarnos viendo la televisión, ambos nos quedmos viendo nuestros respectivos teléfonos celulares.

Y digo que estamos igual que la señora porque aunque ya terminamos de comer seguimos viendo nuestros teléfonos por un largo tiempo más. 

Ya vete a dormir, me dice, sin despegar su vista del aparato. Ya voy, le respondo de la misma manera. ¿Quieres algo de la tienda?  Le respondo que sí, y a veces vamos los dos o a veces me manda ella. 

El sábado es casi lo mismo, sólo que ahora ella me lleva a clases de futbol. Se queda sentada en la banca, mirando su celular, lo sé porque cuando meto gol y la volteo a ver, ella no se da cuenta por estar con su aparato. 

Así que el Domingo, es mi día favorito porque mi papá no va a trabajar, y yo no voy a la escuela. Papá llega muy cansado y prefiere estar en cama viendo la tele, cuando hay partido, o su teléfono celuar igual que mi mamá.

¿Por qué casi no estás con nosotros, papá?

Porque trabajo para una empresa, hijo, y no soy dueño ni de mi tiempo ni de mi tierra. Estoy sometido a los tiempos y horarios de la industria, me dice.