DÍA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA
LOS CINCO SENTIDOS DEL PERIODISTA
(ESTAR, VER, OIR, COMPARTIR, PENSAR)
En esta semana se recordó EL DÍA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA, no obstante, en nuestro país, la libertad de prensa, al igual que la democracia, se encuentran bajo fuego, no viven su mejor momento.
El país más violento para la prensa en todo el mundo es Ucrania, que libra una guerra por la invasión artera ordenada por Putin. El lugar fue asignado por la organización Human Rights Watch (HRW), el segundo lugar lo tiene México, que no está en guerra, pero como si lo estuviera. En tanto, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) clasificó a nuestro país como uno con una situación difícil para la prensa en su edición 2022 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa.
En este último ranking que evalúa las condiciones en las que se ejerce el periodismo en 180 países y territorios del mundo, nuestro México, fue pésimamente evaluado en el componente de seguridad, al quedar en la posición 179, o sea, en el nada honroso penúltimo lugar.

Lo anterior es preocupante, sobre todo para nosotros los mexiquenses, ya que el próximo año habrán de celebrarse las elecciones para elegir gobernador para el período 2023-2029. El Edomex estará bajo fuego y con ello sus libertades y la ambición de un régimen federal populista e irresponsable, dispuesto a todo con tal de arrebatarle a los mexiquenses su tranquilidad, armonía y una vida social segura y con crecimiento en todos los ámbitos.
La autoridad electoral y los medios de comunicación, desempeñarán un papel fundamental. Se juega el futuro del estado más importante de la federación y, con ello, el de la socialdemocracia. El Populismo no debe sentar sus reales en territorio mexiquense, sería el fin de la democracia partidista, para dejar la mesa puesta a la autocracia en ciernes.
Por eso, es importante recordar a un icono del periodismo mundial, RYSZARD KAPUŚCIŃSKI, que fue un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta, nacido en 1932 en Pinsk, Bielorrusia, entonces parte de Polonia,a y fallecido en Varsovia, en 2007. En 1953 ingresó en el Partido Comunista de su país y tres años después se licenció en Historia en la Universidad de Varsovia, posteriormente se dedicó al periodismo.
No deja de llamar la atención el hecho que un comunista declarado como Ryszard Kapuściński luchara en todo momento por la Libertad de Expresión, merece reconocerse. Viajó por varios países, fue corresponsal extranjero y un agudo observador del día a día de los habitantes de las tierras que caminó. Enemigo de las tiranías y dictaduras, escribió varios libros al respecto. Por eso siempre puntualizó con claridad, que antes que las ideologías, están las libertades.

En una de sus frases decía: Del mismo modo que Colón vivía en una época de grandes descubrimientos
geográficos, en la que cada expedición modificaba el cuadro del mundo, hoy nosotros atravesamos una época de grandes descubrimientos políticos, en la que revelaciones siempre nuevas cambian incesantemente el cuadro de lo contemporáneo.
He tenido la fortuna de leer varias de sus obras, en esta ocasión, he extraído un pasaje de su libro: Los cínicos no sirven para este oficio.
El 27 de noviembre de 1999, en el marco del VI Congreso Redactor Social titulado de raza y de clase, dictó una conferencia sobre el periodismo y las nuevas tecnologías.
Todos los problemas de nuestra profesión, nuestras cualidades, nuestro carácter artesanal, permanecen inalterables. Cualquier descubrimiento o avance técnico pueden, ciertamente, ayudarnos, pero no pueden ocupar el espacio de nuestro trabajo, de nuestra dedicación al mismo, de nuestro estudio, de nuestra exploración y búsqueda.
En nuestro oficio hay algunos elementos específicos muy importantes. El primero es una cierta disposición a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros mismos. Es ésta una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día.
El segundo es la constante profundización en nuestros conocimientos. Hay profesiones para las que, normalmente, se va a la universidad, se obtiene un diploma y ahí se acaba el estudio. Durante el resto de la vida se debe, simplemente, administrar lo que se ha aprendido. En el periodismo, en cambio, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non.

Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente.
Hay una tercera cualidad importante para nuestra profesión, y es la de no considerarla como un medio para hacerse rico. Para eso ya hay otras profesiones que permiten ganar mucho más y más rápidamente. Al empezar, el periodismo no da muchos frutos. De hecho, casi todos los periodistas principiantes son gente pobre y durante bastantes años no gozan de una situación económica muy boyante. Se trata de una profesión con una precisa estructura feudal: se sube de nivel sólo con la edad y se requiere tiempo. Podemos encontrar muchos periodistas jóvenes llenos de frustraciones, porque trabajan mucho por un salario muy bajo, luego pierden su empleo y a lo mejor no consiguen encontrar otro. Todo esto forma parte de nuestra profesión. Por tanto, tened paciencia y trabajad.
Nuestros lectores, oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla con nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto. Ese es el momento en que se convierte uno en un periodista estable. No será nuestro director quien lo decida, sino nuestros lectores.
Para llegar hasta aquí, sin embargo, son necesarias esas cualidades de las que he hablado al principio: sacrificio y estudio.
Nuestra profesión es dinámica y ha sufrido cambios importantes desde el momento en que el mundo comprendió, que la información es un gran negocio.
Antaño, a principios del siglo pasado, la información tenía dos caras. Podía centrarse en la búsqueda de la verdad, en la individuación de lo que sucedía realmente, y en informar a la gente de ello, intentando orientar a la opinión pública. Para la información, la verdad era la cualidad principal.
El segundo modo de concebir la información era tratarla como un instrumento de lucha política. Los periódicos, las radios, la televisión en sus inicios, eran instrumentos de diversos partidos y fuerzas políticas en lucha por sus propios intereses. Así por ejemplo, en el siglo XIX, en Francia, Alemania o Italia, cada partido y cada institución relevante tenía su propia prensa. La información, para esa prensa, no era la búsqueda de la verdad, sino ganar espacio y vencer al enemigo particular.
En la segunda mitad del siglo XX, especialmente en estos últimos años, tras el fin de la guerra fría, con la revolución de la electrónica y de la comunicación, el mundo de los negocios descubre de repente que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo. Y, una vez que hemos creado la información-espectáculo, podemos vender esta información en cualquier parte. Cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella.
De esta manera, la información se ha separado de la cultura: ha comenzado a fluctuar en el aire; quien tenga dinero puede cogerla, difundirla y ganar más dinero todavía. Por tanto, hoy nos encontramos en una era de la información completamente distinta.
Para estas personas, vivir la vida de la gente corriente no es importante ni necesario; su posición no está basada en la experiencia del periodista, sino en la de una máquina de hacer dinero. Para los periodistas que trabajamos con las personas, que intentamos comprender sus historias, que tenemos que explorar y que investigar, la experiencia personal es, naturalmente, fundamental. La fuente principal de nuestro conocimiento periodístico son «los otros». Los otros son los que nos dirigen, nos dan sus opiniones, interpretan para nosotros el mundo que intentamos comprender y describir.
No hay periodismo posible al margen de la relación con los otros seres humanos. La relación con los seres humanos es el elemento imprescindible de nuestro trabajo.
En nuestra profesión es indispensable tener nociones de psicología, hay que saber cómo dirigirse a los demás, cómo tratar con ellos y comprenderlos.
Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina «empatía».
Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás. La selección de lo que tenéis que escribir está completamente reservada a vuestra intuición, a vuestro talento y a vuestros principios éticos.
Con las redes sociales de este mundo interconectado en tiempo real, todos deberíamos interesarnos en practicar el buen periodismo, con nuestro propio botiquín filosófico, nuestro código de ética, pero con empatía y sin apartarnos de la verdad; sólo así, preservaremos nuestras libertades individuales y plantaremos cara a quienes pretendan utilizarnos para propósitos aviesos y deleznables.
