DIÁLOGO

Views: 1426

Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro.

Albert Camus.

 

Comienzo con una frase que parece tan sencilla, que suena obvia, pero que al revisar los diferentes conflictos que se pueden presentar en la vida cotidiana o en conflictos de mayores dimensiones e incluso mundiales, tienen su origen en no hablar claro.

Y tan se da en todas las áreas de la vida, la necesidad de diálogo, de hablar claro, que en días pasados, en Argentina, se dio una reunión en la que católicos, musulmanes y judíos firmaron una declaración por el diálogo y la convivencia. Un documento que se había firmado ya en 2005, con el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, el hoy Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Se refrenda el documento que rescata puntos importantes como la creación de instancias de diálogo; el informar, compartir y brindar opinión de los valores en común, entre otras.

Menciono el tema religioso porque ha sido motivo de varios conflictos y motivo de división entre creyentes, creyentes y no creyentes. Pues hoy, hay poca tolerancia y respeto al credo que profesan las personas, sea cual sea.

El poner sobre la mesa las divergencias y coincidencias, necesidades y diferencias; hacen posibles los acuerdos, la convivencia fraterna y la caridad hacia quienes no pertenecen a ninguna religión.

En 2004  hubo otro antecedente de diálogo en la Academia Católica de Baviera, en el que Jürgen Habermas, filósofo y partidario del laicicismo se encontró con Joseph Ratzinger, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el encuentro, presentaron sus ideas respecto a la fundamentación de la ética y las preocupaciones morales compartidas, a partir de la correlación de la razón y la fe.  

Un encuentro que dejó a luces los elementos necesarios para el diálogo en términos de diferencias de credo; el reconocimiento de la diversidad cultural y formas de vida; la reconsideración y valoración de los discursos ético–políticos, y el papel de la materia jurídica y otros temas que parecieran imposibles de conciliar.

Y tan es así que no solamente Habermas ve la posibilidad, sino que hay otros autores como Hans Kung, un teólogo y sacerdote suizo que también pide el diálogo interreligioso cuando dice que No habrá paz mundial sin paz entre religiones, no habrá paz entre religiones sin diálogo entre las religiones. Y también está el aporte del recientemente fallecido Robert Spaemann, filósofo católico alemán quien señaló que Estamos sometidos de modo habitual a un error de óptica. Las diferencias nos llaman la atención porque las coincidencias son evidentes. Pero aún así no nos ponemos de acuerdo.

Y así como ellos, hay muchos más estudiosos, religiosos y no creyentes, que estamos a favor del diálogo, del establecimiento de acuerdos y no sólo en términos de religiosidad y sana convivencia, sino al logro de la paz en un mundo que cada vez está más necesitado de acuerdos y convenciones en varios aspectos de la vida cotidiana.

La invitación esta para todos, hagamos un mundo de más acuerdos y menos polarizaciones.