Días Santos

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La situación cada vez está peor. Parece que no va a tener arreglo. Ya no podemos ni hablar como personas civilizadas. Yo sigo con él por el bien de nuestros hijos, pero todo tiene un límite. Yo no voy a dejar que me insulte y me falte al respeto. Parece que ya no se acuerda que fue gracias a mí que pudimos salir adelante durante la pandemia del Covid-19. Así es, no quiero recordárselo, pero es verdad, él perdió su trabajo y si no fuera porque yo conservé el mío, hubiéramos sufrido penurias. Sí, a los niños los tuvimos que cambiar de escuela privada a pública, fue un golpe muy duro para ellos, pues estaban acostumbrados a cierto nivel de vida, pero al parecer ya lo superaron y lo han sabido manejar.  

Han pasado ya casi cinco años desde que el mundo se paró, y parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero él, como que se quedó estancado, frustrado y aunque logró conseguir empleo nuevamente ya no se pudo acomodar en el mundo laboral al que estaba acostumbrado antes de la pandemia. Obviamente yo gano más, quizá eso es lo que en el fondo le duele y le lastima: que él ya no sea el proveedor de la casa. Siente que, gracias a eso, ha perdido autoridad y jerarquía en el hogar. Nunca fue claro conmigo respecto a su salario cuando él se sentía el amo del castillo, el rey del hogar. Proveernos de todo, le daba confianza y seguridad, y yo, le ayudaba y me alcanzaba para algunos gustos. Quizá ese fue nuestro error, que nunca fuimos claros en las finanzas de pareja. Yo nunca me preocupé hasta que llegó el mentado Covid-19. 

Pero hoy, ya ha llegado al límite. Vivir juntos es un martirio, la convivencia se ha convertido en un suplicio, tengo que soportar estar en el juego de las indirectas y la pasividad agresiva. Las ironías y malos tratos son el pan de cada día. Y lo reconozco, sucede en ambas partes, no nada más es él. La otra vez me encerré a llorar en el baño, creo que los chicos se dieron cuenta, ya no son unos bebés, ya están demasiado grandecitos para darse cuenta de que le relación de sus papás no está bien. 

No entiende que tengo que trabajar hasta tarde, llego después de la hora de la cena, pero él y sus celos enfermizos: que con quién estoy, que dónde ando, que si ya es muy noche, que no estoy segura en el coche. Pero la otra vez yo no le dije nada cuando salió de farra con sus amigos y llegó hasta el siguiente día. Por eso yo me fui al estadio con mis amigas: nos fuimos a ver el partido de futbol, fue tarde de chicas. Saliendo del estadio, después del partido, nos la seguimos en la casa de una de ellas, y ahí estuvimos hasta tarde. Lo bueno que nuestros hijos ya pueden quedarse solos en casa y valerse por sí mismos.

En ese día, a una de mis amigas se le ocurrió la grandiosa idea de irnos de vacaciones, aprovechando que se viene la Semana Santa. Cancún es el sitio correcto, ideal para pasar unos días alejada de todos los problemas de la casa y del trabajo. Los niños que se queden en casa con su papá. 

Esa fue la regla: Sólo nosotras, sin maridos, sin hijos, sin familia. Todas somos casi de la edad, igual que nuestros hijos, por eso ya no nos tenemos que preocupar con quién los dejamos.  Y esa fue la gota que derramó el vaso. ¡No puede ser!, ¡No te mandas sola!, ¿Quién te crees que eres?, ¿Los niños?, ¿Qué va a decir la gente?, ¿que tienen una madre desobligada que los deja abandonados a su suerte?

Ay, por favor, si sólo son cuatro días, los días santos: jueves, viernes, sábado y Domingo.