DIVISIÓN

Views: 759

Querido y aguzado lector, le saludo con el gusto de siempre. Espero esté disfrutando de estos climas atípicos confiamos en que pronto cesen y den paso a las lluvias que tanto necesitan las siembras.

Han pasado algunos días de la contienda electoral en  nuestro Estado, y mientras eso sucedía, todo el territorio se dividía en sectores que apoyaban a las candidatas por la gubernatura. Algo curioso de las propagandas y difusión de los mensajes e imágenes de campaña es que algunos militantes y fanáticos de partidos políticos no toleraban la diferencia, que alguien apoyara al partido contrario e incluso ninguna de las opciones.

Un día me tocó ver cómo los del partido tricolor hacían sus recorridos por algunas calles y había gente, del partido contrario, que desde sus autos los insultaban, también circulaban videos en redes sociales en el que supuestos miembros del tricolor amedrentaban autos de campaña de sus contrarios. Ambos partidos intentaban descalificarse con tal de obtener la preferencia del electorado.

Porque también en política hay guerra sucia y quizá hasta más nefasta que las guerras armadas.

Ante estos acontecimientos y ataques de fanáticos políticos, porque sí, querido     lector, también me tocó que me hicieran comentarios un tanto agresivos por no dar o apoyar uno u otro partido de manera explícita. Recordemos que existe algo que se llama respeto y algo muy importante que nos hace convivir como sociedad es la tolerancia. Conceptos que escuchamos constantemente e incluso en los medios masivos, pero al parecer poca gente los comprende.

En esos días me pareció oportuno compartir en mis redes sociales la diferencia entre, apartidista, militante y fanático: el apartidista es ajeno a cualquier partido político, militante aquel que forma parte de una organización, especialmente de un partido político. Mientras que el fanático refiere a un apasionamiento, tenacidad desmedida en la defensa de creencias, opiniones, que pueden ser religiosas o políticas.

Últimamente como abundan los fanáticos, que no se prestan al diálogo y buscan imponer sus ideas incluso por la vía de la violencia, ya sea verbal, simbólica e incluso física. También al mismo tiempo encontré una frase adjudicada a Voltaire que decía Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerero, la enfermedad es casi incurable.

En otro momento tratamos aquí, cómo el fanatismo se desborda y se vuelve incluso mortal. También hay muchos comunicadores que por compartir reportajes, investigaciones, datos contundentes que desenmascaran algún actor político, son atacados por esos fanáticos y por los mismos implicados en su intento de defenderse y desviar la atención de ellos.

Siempre han existido las diferencias de ideas, pero ahora con las plataformas de redes sociales, es fácil atacar a alguien desde una pantalla, muchas veces detrás de un perfil falso. Y con eso de que la realidad virtual se ha vuelto importante, la gente no mide el impacto que puede tener un comentario para algunos usuarios, mientras que para otros que tienen más claro lo superfluo de la red,  lo toman según de quien venga.

Recordemos que la división de la sociedad no ha dejado buenas consecuencias, por ejemplo ha causado el ataque entre connacionales, la discriminación, agresiones hasta los asesinatos.

En estas elecciones, el abstencionismo significó el 49.8824% en el estado. Prácticamente la mitad del electorado no emitió su voto, y es comprensible cuando en nuestro país no hemos podido dignificar la investidura política de los representantes y servidores públicos. Tristemente no hay políticos ni política que motiven a la participación ciudadana.

Ojalá esto fuera tomado en serio por los actores políticos, no sólo del estado, del país, están más preocupados por conseguir el próximo puesto, que por realmente trabajar por y para el pueblo. La sed de poder es tanta que los pierde, el disfrute del poder corrompe de manera inevitable el juicio de la razón y pervierte su libertad. Immanuel Kant.

Esperemos que estas experiencias mueva a las nuevas generaciones para propiciar nuevas formas de hacer política, en las que el principal fundamento sea el sentido de servicio, el trabajar con verdadero compromiso de servir  a la nación no para servirse a sí mismo o los suyos.

Queda aquí la provocación querido lector, a repensar nuestra postura ante los actores políticos y cómo nos involucramos como ciudadanos para que haya políticas públicas y servidores públicos que verdaderamente sean benéficas para todos.

Me despido con una frase que se atribuye a Marco Aurelio que dice:

El objetivo de la vida no es estar en el lado de la mayoría, sino escapar de formar parte de los insensatos.