Dos Juanas de América

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Me sorprendo el escuchar llamar a la poeta Juana de Ibarbourou Juana de América, por tal hecho decidí estudiar su obra, consejo que da Jorge Luis Borges en cada momento y lugar. Leo sus versos porque en tales está la vocación de vida; permite a seguidores nombrarla abarcando todo un continente, cito el poema, La hora: Tómame ahora que aún es temprano / y que llevo dalias nuevas en la mano. / Tómame ahora que aún es sombría / esta taciturna cabellera mía. / Ahora, que tengo la carne olorosa, / y los ojos limpios y la piel rosa. / Ahora que calza mi planta ligera / la sandalia viva de la primavera. / Ahora que en mis labios repica la risa / como una campana sacudida aprisa. / Después… ¡Ah, yo sé / que ya nada de eso más tarde tendré! / Qué entonces inútil será tu deseo / como ofrenda puesta en un mausoleo. / ¡Tómame ahora que aún es temprano / y que tengo rica de nardos la mano! / Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca / y se vuelva mustia la corola fresca. / Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves / que la enredadera crecerá ciprés? Juana de Ibarbourou, nace en Uruguay en 1893, a casi doscientos años del fallecimiento de Sor Juana Inés de la Cruz.

La Décima Musa se pasó dos siglos en su patria ya mexicana escondida por la incomprensión del siglo XVIII y XIX y en devaneos del siglo XX. Los gobiernos del México independiente han dejado pasar dos siglos: primero preparando su liberación en el siglo XVIII, y después en el XIX en guerras fratricidas, que no dejan ver el bosque inmenso de personajes que el país tiene, ejemplo del nuevo ciudadano ya libre de España. Se sabe que en el año 1910 por accidente el tren en que va el poeta Amado Nervo se descompone, y para precisamente al pie dónde nació Juana Inés: Nepantla y sus pequeños lugares de ensueño.

Hasta entonces nadie se ha preocupado por reconocer el alto lenguaje poético que escribió la Décima Musa. Amado Nervo —se dice—, es quien descubre la figura e importancia de Sor Juana. Así lo escribe en libro que es clásico dentro de la Biblioteca Sorjuanista: la misma cuenta con muchos de los mayores estudiosos de Europa y América sobre la mujer ilustres. Muestra y colección de esta Biblioteca dedicada a Sor Juana Inés de la Cruz se encuentra en el Centro Cultural que lleva su nombre ubicado en la comunidad de Nepantla, Tepetlixpa, estado de México. Más de 300 títulos que tocan varias áreas de la cultura humana son presencia concreta de la importancia de esta mujer en la vida humana.

Regreso a la presencia de la Juana de América, versos de Juana de Ibarbourou, son para inicios del siglo XX atrevimiento para quien los lee. Cito un ejemplo: Tómame, ahora que aún es temprano… no se lo dice con temor o pena al amante o al esposo. La mujer debe ser recatada era obligatorio en su tiempo. Sabemos que letras femeninas se reconocen porque en el siglo XX deja atrás temas familiares: los de carácter religioso o dedicados a los hijos. Cambio radical, hacer revolución en géneros de la literatura con su pluma delicadísima, la mujer al expresar sus sentimientos en lo referente a la vida humana y nada le es ajeno.

Es importante esto, pues nos da luces sobre cómo la mujer ha venido avanzando con paso apurado para nivelar igualdad entre los géneros: batalla que no es guerra contra hombres solamente, sino ríspida batalla contra sí misma, en el deseo de mostrar sus cualidades sin temor o censura. Las Dos Juanas son prueba de ello. Leer a la poeta uruguaya es gozo, cito el titulado: La hora escrito por ella como muestra del vanguardismo que ha de traer excelentes poetas al mundo de la literatura; en su mayor cantidad hecha por hombres a través de los siglos en Iberoamérica. Por eso comparar a las Dos Juanas no es tema menor. Revisar lenguaje y hechos de vida comprueban que, a pesar de haber pasado dos siglos del fallecimiento de la Décima Musa, temas y el atrevimiento de la mujer para hablar de amor y de erotismo fue refinándose a través de los siglos. Por lo que Juana de Asbaje y Juana de Ibarbourou representan la dura lucha por decir lo que sienten, expresar lo que saben, y negarse a autocensurase: que es lo que religión, familia y, entorno social no les permiten.

Canto cuerpo y espíritu como resultado de un desarrollo natural y limpio, así lo dice el poema de Ibarbourou, Salvaje: Bebo del agua limpia y clara del arroyo / y vago por los campos teniendo por apoyo / un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido / que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido. / Así paso los días, morena y descuidada, / sobre la suave alfombra de la grana aromada. / Comiendo de la carne jugosa de las fresas / o en busca de fragantes racimos de frambuesas. / Mi cuerpo está impregnado del aroma ardoroso / de los pastos maduros. Mi cabello sombroso / esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno, / a salvia, a yerbabuena y a flores de centeno. / ¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena, / cual su fuera la diosa del trigo y de la avena! ¡Soy casta como Diana / y huelo a hierba clara nacida en la mañana! Mejor canto a la belleza de la mujer no se concibe, mejor poesía para decir identidad y cualidades que ofrece la enamorada al amante no se pueden escribir. Por eso es tan amada la poeta uruguaya y reconocida en América. Era audaz para decir con palabras sabias e imágenes de inenarrable belleza lo que es como mujer: fruta madura en su hora. Talentosa e imaginativa sin par.

Mujer que canta la sensualidad femenina. Cualidad que no le es permitido decir, ni sentir o pensar, que puede ser algo propio de ella. La sensualidad es el vestido con el que Juana de Ibarbourou expresa el despertar de la mujer en el siglo XX, así lo escribe en su poema La Tarde: He bebido del chorro cándido de la fuente. / Traigo los labios frescos y la cara mojada. / Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura / de una rosa jugosa, nueva y recién cortada. / El cielo ostenta una limpidez de diamante. / Estoy ebria de tarde, de viento y primavera. / ¿No sientes en mis trenzas olor de trigo ondeante? ¿No me hallas hoy flexible como una enredadera? / Elástica de gozo cual un gamo he corrido / por todos los ceñudos senderos de la sierra. / Y el galgo cazador que me guía, rendido, / se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra. / ¡Ah, que inmensa fatiga me derriba a la grama / y abate en tus rodillas mi cabeza morena, / mientras que de una iglesia campesina y lejana / nos llega un lento y grave llamado de novena. La mujer que está entre la naturaleza, igual que ella, desnuda y entregada sin maldad, florida y en iluminada primavera. Deseosa y anhelante de ser acariciada más que siendo presa de esa camisa de fuerza que en el pasado sólo le permitía decir letanías y odas al Santo Padre.

Juana de Ibarbourou es digna representante de una vanguardia que abre de par en par, lenguaje de la poesía a la mujer el siglo pasado. Dos siglos y más —una mujer— antes que ella: Juana Inés escribe versos de ternura y de amor eterno como éstos: Éste que vez, engaño colorido, / que, del arte ostentando los primores, / con falsos silogismos de colores / en cautelosos engaño del sentido; / Éste en quien la lisonja ha pretendido / excusar de los años los horrores / y, vencido del tiempo los rigores, / triunfar de la vejez y del olvido: / Es un vano artificio del cuidado; / es una flor al viento delicada; / es un resguardo inútil para el hado; / Es una necia diligencia errada; / es un afán caduco, y, bien mirado, / es cadáver, es polvo, es sombra, es nada. Los escritos que unen filosofía con poesía son prueba del más alto de los lenguajes. A ello se dedicó Juana Inés, por ello versos y poemas son eternos. Este poema que cito es prueba del enamoramiento  en la Décima Musa, también su rigor para escribir y capacidad para desnudar su alma: En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo, intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas? / Yo no estimo tesoros ni riquezas, / Y así, siempre me causa más contento / poner riquezas en mi entendimiento / que no mi entendimiento en las riquezas. / Y no estimo hermosura que, vencida, / es despojo servil de las edades, / ni riqueza me agrada fementida, / teniendo por mejor en mis verdades, / consumir vanidades de la vida / que consumir la vida en vanidades. Voz de mujer.