Dos libros dos
Dos libros bastarían para admirar la literatura de Alfonso Sánchez García, periodista de por vida, cronista por artículos que publicando en periódicos, fue creando imagen de sabio sobre cosas de Toluca y Estado de México. Humanista al que nada le fue ajeno: del hombre y de patrimonio de la naturaleza: se constata con el libro: Anecdotario, dedicado a vegetales, plantas y árboles y, demás bellezas de la naturaleza, en compañía de esa mala cabeza que es el ser humano en Tierra.
Dos libros, dos libros bastan para admirar la riqueza cultural y vivencias de don Poncho, no más. Aunque luego de leer Anecdotario y El plumaje del Mosco, pero, medito, acaso me puedo perder su texto clásico: San Juan Chiquito / Un barrio de Toluca, definitivamente es un clásico de las letras toluqueñas y mexiquenses. Él y la brillante generación de mitad de siglo XX y hacia finales del mismo, donde basta con extender la mano y tener páginas del libro de don Javier Ariceaga llamado: Crepúsculos del Señor Desnudo. Es grato recurrir a Marc Bloch, en su libro: Introducción a la Historia, quien piense o desee hacer historia aquí encuentra respuestas. Debemos saber que no existe verdadero historiador o cronista, que no entienda que debe reflexionar sobre sus hallazgos y, en medida de lo posible, dar opinión de sus descubrimientos. Es valioso poner y poner datos que dan muchas veces los archivos de todo tipo, pero a ese descubrimiento el investigador debe ser capaz de dar su opinión sobre descubrimientos que hace. De otra manera, no es mas que un simple recopilador de datos, que si bien son interesantes, no aportan la opinión del que investiga: sea por temor, por no equivocarse o no arriesgar su profesión académica en el mundo de investigadores burocráticos, que temen perder la beca o el pago, por hacer algo más allá de quien le pone camisa de fuerza, para no publicar mas que lo que le dan permiso en tales instancias.
Con don Poncho la libertad está asegurada. Escriba de lo que desee profesor Paquito, me decía, y no permita que nadie le coarte su libertad de hacerlo. Él fue un hombre libre y lo comprueba con su obra que es la de un ave libre, un mosquito, benévolo que sólo picaba cuando sabía que estaba frente a un negro corazón que le merecía la reprimenda por serlo. Marc Bloch dice con objetividad al reflexionar en el papel del historiador y por extensión en el del cronista, que debe ser bueno, de ninguna manera inmoral para terminar convirtiéndose sólo en ideólogo al servicio de cualquier poder. Dice el alemán: Y si casi todo problema humano importante necesita el manejo de testimonios opuestos, es, al contrario, de toda necesidad, que las técnicas eruditas se distingan según los tipos de testimonio. El aprendizaje de cada una de ellas es largo, su posesión plena necesita una práctica más larga todavía, y, por así decirlo, constante. Por ejemplo: sólo un número muy reducido de investigadores pueden vanagloriarse de hallarse bien preparados para leer y criticas una carta puebla medieval, para interpretar correctamente los nombres de lugares (que son, ante todo, hechos lingüísticos), para fijar sin errores la fecha de los vestigios de un hábitat prehistórico, celta, galorromano; para analizar las asociaciones vegetales de un prado, de un barbecho, de un erial. Leer y estudiar con seriedad a los mejores cronistas o historiadores llevan a tales conclusiones: leer mucho, ir a todo tipo de documentación, periódicos, revistas y libros, ha de permitir saber encontrar lo que se busca en la medida de lo posible, cuando ello no es tan fácil como buscar una ahuja en el pajar.
Encontrar, encontrar, esa es la palabra: saber buscar y saber encontrar leyendo párrafo por párrafo a don Poncho, escribe en “El plumaje del Mosco / Páginas autobiográficas”, en apartado titulado Mi ingreso a la prensa de rompe y rasga: —De modo que te vas a recibir de maestro… pero también te gusta escribir, ¿cuánto te van a pagar por dar clases? —Cuatro pesos con setenta y cinco centavos diarios. —Hmmm… si quieres vente conmigo, te doy diez y te hago periodista. Mi hermano Heriberto me había llevado para que saludara a Roberto G. Serna, nuestro primo mayor, que entonces era dueño de una gran empresa editorial y tipográfica, y publicaba algunas revistas de espectáculos como Cine Continental, Novelas de la Pantalla, Beisbol, Sol y Sombra y una de asuntos varios, especialmente política, que se llamaba AS. No olvidemos al revisar la biografía de un personaje que todo comienza en el comienzo. Porque resulta fácil alabar a quien tiene éxito en su existencia terrenal y creemos que comenzó cuando ya es reconocido. Sin atender su pasado más lejano, que bien tiene que ver con su árbol genealógico. En este caso, al revisar a don Poncho en sus inicios, lo bueno es que el deja muchas moronitas o moronotas para saber de su orgulloso pasado y de su presente que le hizo uno de los toluqueños más queridos en la capital mexiquense. Por eso es bueno que frente a la Biblioteca municipal José María Heredia y Heredia, frente también al panteón más tradicional y bonito de Toluca. La Soledad, esté el busto, el segundo busto, pues el primero fue robado por los ladrones de lo ajeno, como diría nuestro cronista. El municipio de Toluca a través del Raymundo Martínez Carvajal, hizo poner otro busco, ahora sin lentes, pero que le distingue en su rostro y cabeza que nunca fue voluminosa, sino ligerita de ideas, conocimientos, sabiduría, prestancia.
Cuenta don Poncho sobre su vida: … Fue para mí una salida excelente y decorosa. En verdad no me había gustado la maestreada. En la Normal llevé a cabo algunos manipuleos que me salieron bien, pero en la política grande había visto cosas que me pusieron los pelos de punta. En especial el encarcelamiento de Carlos Madrazo, del que hago referencia en otra parte. El periodismo era un oficio cruento, difícil, pero creía que podía dominarlo, especialmente si tenía buenos mentores como el propio Roberto, había enseñado a mi hermano la profesión de grabador de rotograbado o huecograbado, como decía que se llamaba más propiamente. El día 3 de noviembre de 1945 me presenté con el jefe Serna, al que incluso Heriberto y yo le hablábamos de “Usted”, por tratarse de un pariente mucho mayor, que había triunfado en la vida, que era un personajazo y al que debíamos el mayor respeto como patrón y guía. Me recibió cordial y amistoso. —¿Tienes alguna experiencia? —Bueno, en periodiquitos de Toluca. —Pues aquí te vas a olvidar de todo lo que aprendiste en la provincia y a empezar de nuevo. Tomó de su escritorio unas cuartillas y me las alargó. —Estas es una editorial que acabo de escribir para AS. Revuélcalo a tu modo, sólo tomando el tema… Así comenzó la larga y exitosa carrera de periodista, y por lo mismo, de cronista de sus cosas de vida y de las cosas de vida de hombres y mujeres que cruzaron su camino.
De los hechos y la obra material o creada por la naturaleza, pues insisto, no le fue nada ajeno a nuestro mejor cronista de la mitad del siglo XX para acá. De todo escribió el escritor. Enseñanza que dice claramente: el escritor es lo más importante, el género al que se dedique ha de ser asunto de su elección, de su libertad, pues lo ignorantes tienden a clasificar a quien escribe, y por envidia o por no saber lo que es la Literatura como creación humana, olvidan que escritor, es el que escribe y publica. Y que el escritor de verdad es el que escribe en tal o cual género por gozo, por presumir su libertad de hacerlo, por sentir que su vocación queda plasmada en cualquier género en las páginas blancas que se convierten en miles, como en el caso de don Poncho. Historiador y cronista: Una magnifica pista… la del circo: En 1945 regresó a México el Circo Atayde Hermanos, después de una gira de veinte años por centro y Sudamérica. Creían que su estancia iba a ser breve…”¿Qué hace el cronista ahora metiéndose en asuntos de un circo tan famoso en aquel año para los mexicanos?… Regresaré a mi cronista favorito en un futuro libro donde he de acompañarlo por igual a la política, que a sus ficciones.

