Dos poemas
EL DULCE MILAGRO
En la oscura noche de mi desconsuelo,
cuando ya tenía toda mi fe perdida,
tú fuiste el lucero que alumbró mi vida,
y como una estrella ilumino mi cielo.
Y surgió de pronto lo que no esperaba,
volvió a renacer mi deseo de vivir,
con solo la luz que me da tu mirada,
sintiendo que vivo, me niego a morir.
Y cambió de pronto mi futuro incierto,
y olvidé del todo tristezas y penas,
y volvió la sangre a correr por mis venas,
y volvió a latir mi corazón ya muerto.
Y le diste a mi alma que moraba inerte,
sintiéndose ya sin derecho a la vida,
el dulce milagro de la fe encendida,
de vivir de nuevo, tan solo con verte.
N U N C A S E R Á
Nunca será que tu sentir lejano
embruje de arrebol mi espacio inerte.
Nunca será que silenciosamente
me tomes tan siquiera de la mano.
Nunca será que tu sutil mirada
se enlace con la mía tan dulcemente,
que al sentir mis caricias en tu frente
se pierdan nuestros ojos en la nada.
Nunca será que al acercar mi oído
a tu pecho, con ansia y febrilmente
del corazón escuche tus latidos
agitados de amor vivo y latente.
Nunca será que por mis venas corra
la sangre que se agolpa aquí en mis sienes
y que mi cuerpo todo lo recorra
cual tibio manantial de amor perenne.
Nunca será que con tu dulce acento
mi nombre escuche en tu voz distante,
y en mi mejilla sienta que tu aliento
me quema con tu aliento delirante.
Nunca será que tu sutil perfume
la ausencia traiga del recuerdo grato,
nunca será, si por tu amor ingrato
El fuego de una hoguera me consume.
Nunca será y tendré que conformarme
con mirar desde lejos tu figura.
y apagar este amor para no ahogarme
aunque mi alma se cubra de amargura.

