DUDO, LUEGO EXISTO

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En nuestro Toluca de los setentas, se podían contar a las personas que circulaban a bordo de los famosos Ford Galaxies, Dodge Mónaco, Chevrolet Impala o Ford Mustang; uno se sentía halagado por decir lo menos,  cuando desde esos largos autos, las personas al volante nos saludaban; hoy en cambio, en nuestras calles llenas de baches, vemos circular a pesar de ello, vehículos de alta gama, los conocidos como premium, como los siempre distinguidos y admirados Mercedes Benz, BMW, AUDI  pero, cuando el conductor nos llega a saludar o al menos voltearnos a ver, lo menos que nos causa en la mayoría de las veces, es preocupación, curiosidad o extrañeza. El entorno nos ha vuelto desconfiados, no obstante, no jalamos el gatillo que nos da la capacidad de dudar. Nos pasamos de largo ante los hechos.

¿Cuántas personas nos parecen a primera vista un mar apacible y amigable, cuando en realidad en lo profundo de su ser, más bien resultan un canal del desagüe?

Tal pareciera que algunos famosos dichos que rezaban: como te ven te tratan o ¿cuánto tienes, cuánto vales? Deberíamos de guardarlos en el baúl de los recuerdos. Sería mejor decir: ¿Cuánto eres, cuánto vales? Y ocuparnos de nuestra reputación y de nuestra capacidad de dudar.

No caigamos en el juego y en una de las paradojas de la actualidad en que vivimos: hay más incertidumbre pero dudamos menos. Nos da flojera detenernos a reflexionar y, ello, erosiona nuestra reputación al verter opiniones a la ligera.

La confianza y la credibilidad, es decir, el capital reputacional, se fomenta mediante una cultura de la participación y de la conversación, explicando y contextualizando la información y los procesos.

Aprender a dudar es asumir la fragilidad y la contingencia de la condición humana que no nos hace autosuficientes. Por eso, se inventó la democracia como la mejor forma de gobierno, porque obliga a contrastar opiniones y a escuchar al otro.

El sentido de comunidad en nuestra gran ciudad, es cosa del siglo pasado. Todos nos conocíamos, o al menos nos identificábamos como conciudadanos. Hoy, a pesar de las redes sociales, saben más de nosotros, pero interactuamos mucho menos en persona y carecemos de sentido de pertenencia.

Se acostumbraba y era un orgullo exhibirnos en Los Portales de Toluca cuando salíamos a caminar, hoy, lo que menos queremos, es salir de la casa por la inseguridad y mucho menos vernos en los otros portales, los de las noticias saturados de fake news.

Con la pandemia y el encierro, se abrió la posibilidad de un gran reseteo para abordar los problemas más graves y acuciantes de nuestra era; ya lo dice el refrán: El buen juez, por su casa empieza.

Seguir haciendo más de lo mismo, llevará a resultados idénticos que pondrán en riesgo la supervivencia de los seres humanos en este planeta tierra. Porque si hay una ventana de oportunidad que este extraño virus COVID-19 nos ha brindado, ha sido este espíritu de reflexión y curiosidad.

No podemos elegir nuestras circunstancias, pero sí podemos escoger nuestros pensamientos y, de ese modo, contribuir decididamente a crear nuestras circunstancias. Uno de los beneficios de la pandemia a mi juicio, ha sido el tener el tiempo para voltear a analizar nuestro interior.

Me pareció interesante abordar sobre el ejercicio de la duda como un elemento positivo para la madurez mental y la convivencia civilizada, como un dispositivo capaz de agitar los juicios, las opiniones, las afirmaciones y explicaciones de lo que ocurre o de lo que está en nuestra mente pidiendo una explicación. La duda sirve para eliminar prejuicios, supuestos no fundados, creencias no examinadas, y no es en absoluto contradictoria con la búsqueda de una supuesta verdad. Descartes utilizó el método de la duda para llegar a la verdad primera, una idea clara y distinta, evidente, desde la que enlazar unas verdades sucesivas. El objetivo del filósofo no era permanecer en la duda, sino que la duda le ayudará a razonar bien.

La duda es la primera aduana que evita las reacciones viscerales, las respuestas emocionales y los votos irreflexivos y contaminados de rencor y amargura.

Ejercitemos el músculo de la duda, para que contribuyamos a un mejor futuro para nuestra casa mexiquense, ya que el próximo año, la entidad estará inmersa en un proceso electoral para renovar el Poder Ejecutivo. La amenaza de una erupción del volcán llamado morena cuya magma y lava de mediocridad y conformismo arrasarían con nuestra historia y la sana convivencia entre los mexiquenses es real. Los lengüetazos de fuego del dragón autócrata no pueden seguir dañando a nuestro país. Hoy ofrecen pan, mañana ofrecerán hambre. Si cae el Edomex en 2023, caerá la República en 2024 y con ello nuestra historia como país libre y democrático.

Hay suficiente tiempo para analizar las propuestas de la oposición autócrata que pretende dinamitar nuestra democracia. Las de ellos, ya las conocemos, las sufrimos, nos preocupan y nos apenan. Eso de retar a nuestro principal socio comercial para ponerse del lado de los tiranos, de ninguna manera nos deja tranquilos. En pocas palabras y acudiendo a nuestra sabiduría coloquial: No te pelees con la cocinera.

No permitamos que a costa de la tranquilidad de algunos entreguistas, se altere la tranquilidad de todos los habitantes del corazón nacional que es el Estado de México. ¿Qué queremos un territorio mexiquense enmarcado en un sentimiento de progreso o en un sentimiento de miedo?.