Duelo

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El duelo (dolo,dolor) posee un aspecto dinámico en los sentimientos que aparecen tras una separación, sea ésta por muerte o por lejanía. No se trata de un estado rígido. Ya Sigmund Freud decía en Duelo y Melancolía que el desapego era la solución al duelo, vaciarse de sentimientos para volver a apegarse a otro ser vivo.

  1. Lindemann en 1944 pudo describir las fases del duelo: 1) Negación e incredulidad, 2) Enojo o ira hacia otras personas o interiormente, depresión, culpa, 3) Negociación mental antes de aceptar la verdad, 4) Depresión por desamparo, falta de esperanza y 5) Aceptación, la persona puede vivir en el presente.

Va el deudo, de una etapa a otra, del apego a la pérdida. Dicen que el embotamiento dura unas horas o hasta una semana  de aflicción y ansiedad extremas, después, en las siguientes semanas o meses se vive un anhelo permanente por la persona inexistente, luego viene la desorganización con la subsecuente apatía y de ahí a  la reorganización, no hay futuro mientras tanto.

Parte de las tareas de un buen doliente, consiste en aceptar que la persona que se ha marchado no volverá, que no hay reencuentro posible y convivir con los dolores emocionales y conductuales, actos incomprensibles que los demás pasan por alto al principio, pero que después reprochan como si el sujeto en cuestión pudiera hacer algo de manera natural.

Trabajar el dolor es una de las metas más difíciles porque requiere elegir un nuevo sentido del mundo, hay que recolocar al que partió y seguir viviendo. La mayoría de las personas se bloquean antes de este punto. El famoso dejar ir no debiera ser restrictivo, ya que puede ser un consuelo, una nueva manera de relacionarse con el ausente, de seguir a flote hasta que un día que todavía no se vislumbra, toque la propia partida.