E-ducación como pilar de una nueva sociedad

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Es válido asociar el grado de desarrollo humano en función de la infraestructura educativa de cada país, puesto que, derivado de la formación de sus habitantes es como éstos hacen frente a los retos que como nación tienen enfrente, por lo que, por encima de las ideas filosófico – culturales en torno a la civilización e interacción poblacional en una sociedad determinada, la educación constituye el principal pilar de la evolución humana y por ello, representa origen y destino de cualquier necesidad y solución para el bienestar.

Resultaría hasta machacón realizar una relatoría del alcance de los efectos de la educación en una sociedad, así como, los mecanismos que históricamente han ido emancipándose del ámbito político, para dar paso a un esquema de competencias que tiende cada vez más a estandarizarse para dar lugar a equivalencias funcionales para desarrollar alguna habilidad aplicada en el ámbito social, es decir, que más allá de regímenes e ideologías, la educación es un proceso que se ha abierto camino a nivel mundial como vía para el desarrollo de las naciones.

Los esquemas educativos a nivel mundial facilitan de manera generalizada la educación presencial, a pesar de que no en todas las sociedades ha sido así, ni, al día de hoy, todas las personas se sujetan a un único modelo educativo, no obstante, la rectoría del Estado en la educación mantiene programas educativos con una estructura más o menos rígida en función del convencionalismo de la transmisión del conocimiento de manera colectiva, como la solución por excelencia que permite desarrollar las habilidades y competencias básicas del alumnado, a través de la adquisición de hábitos y disciplina en el seno de una institución educativa, es decir, un entorno externo al seno familiar en el que las personas logran adquirir habilidades o competencias en una o diversas disciplinas, que a su vez, permite al educando, aplicar el conocimiento adquirido en aquéllas áreas que le son afines como misión y visión de vida.

A título personal, considero que el objeto de la educación en nuestro país que se define en el párrafo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos cubre de manera integral todos aquellos aspectos que se esperan de un mexicano o mexicana, como habitante no sólo de nuestra nación, sino como integrantes de una ciudadanía global, al establecer que: “La educación se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva. Tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a todos los derechos, las libertades, la cultura de paz y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia; promoverá la honestidad, los valores y la mejora continua del proceso de enseñanza aprendizaje”, por ende, el alcance de la educación es tan amplio, que permitiría la plena realización de cada mexicana y mexicano.

Objeto que debe tenerse presente para el desarrollo de cualquier política educativa, ya que, independientemente del método o camino que se elija para lograrlo, debe tenerse presente cuál es el resultado a alcanzar, y en función de ello, la pandemia no sólo ha venido a impulsar la educación digital, entendida como la adquisición de competencias  a través de herramientas digitales, sino que las circunstancias han puesto en descubierto el grado de avance de la técnica, no sólo en materia de tecnologías de información y comunicación, sino en sociología y psicología, con lo que se ha evidenciado que los esquemas educativos deberían evolucionar hacia mecanismos que logren una apropiación más profunda y consciente del conocimiento a través de estructuras híbridas de aprendizaje, lo que implica, que estamos en un momento en que los diversos países deberían destinar esfuerzos hacia nuevos paradigmas educativos.

¿A qué me refiero con esto? Que hemos llegado a un momento en que el conocimiento es asequible desde nuestro hogar, pero ello no implica que todo el proceso formativo deba llevarse a distancia, sino que más bien, las nuevas herramientas deben generar un nuevo espacio de aprendizaje en el que los aspectos teóricos pueden cubrirse de una manera más flexible y dar espacio para que los procesos que deban llevarse in situ, sean relativos a la aplicación del conocimiento en supuestos concretos que permitan desarrollar las habilidades interpersonales del alumnado, la resolución de problemas y la aplicación del conocimiento, así como fomentar la integración de comunidades a través del trabajo en equipo y la coordinación a través de actividades físicas y el fomento del deporte, por lo cual, la dinámica social podría permanecer de manera similar a lo que actualmente acontece, pero con un enfoque diverso que podría ayudar a extender el conocimiento y disminuir las brechas existentes.

Para ello, la formación académica podría transitar a programas escolares abiertos y modulares que reconocieran requerimientos por cubrir y competencias a obtener, a través de mecanismos de evaluación cuantitativos y cualitativos orientados a resultados, con lo que, más allá de buscar acreditar una asignatura u obtener una calificación, permita a la persona reconocer sus facultades y en función de ello, abrir espacios para una mayor especialización a través de la lectura y la investigación audiovisual facilitada por una diversidad de herramientas existentes y por desarrollar en el mismo ámbito educativo – colaborativo.

Esto es así, puesto que el periodo de educación a distancia terminará, esperemos, en el mediano plazo, y, ante la reactivación de actividades presenciales, esta generación habrá marcado la primera pauta para un nuevo modelo educativo, que eventualmente podría resultar de una nueva exigencia basada en la experiencia de la flexibilidad, ubicuidad, personalización, pero a su vez, en competencias duras y objetivas, que, con el uso de las nuevas tecnologías, eventualmente podría acercarse de manera más efectiva a los objetivos aspiracionales trazados en la constitución, cambio educativo, que a su vez, sería la base de una nueva organización social, y no al revés, como en su momento se ha querido asociar con el teletrabajo.

Seguramente, en no mucho tiempo veremos a los gobiernos y sociedades transitar hacia estos modelos híbridos con un nuevo enfoque educativo basado en las tecnologías digitales, para lo cual, el ecosistema educativo, requiere con urgencia, agregar a las habilidades nativas de las personas la programación como parte de ese nuevo idioma universal que tenderá a unir y cohesionar a la nueva sociedad digital, no obstante, la pregunta es ¿en nuestro país podremos aprovechar la oportunidad e impulsar ese liderazgo para empezar a generar acciones con vista a nuestro presente próximo?

Hasta la próxima.