ECOLOGIA Y ECOLOGISMO

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A pesar de la pandemia por COVID19 seguimos en un momento clave para nuestro planeta y es importante que la humanidad este más consciente de ello. La información y la participación son fundamentos básicos para combatir al cambio climático que se consolida como la principal preocupación de nuestra existencia a escala global.

Ante esta situación no debemos confundir dos disciplinas distintas, pero complementarias, claves las dos para afrontar los retos medioambientales a los que nos enfrentamos hoy. Sus nombres son parecidos y a veces se usan indistintamente: ecología y ecologismo. Del mismo modo que estamos muy familiarizados con la política, pero muy poco con la politología, conocemos o hemos escuchado a muchos ecologistas, pero a muy pocos ecólogos o ecólogas.

La ecología es la ciencia que estudia los ecosistemas, es decir, la combinación de especies (incluyendo al ser humano) y el medio ambiente en el que habitan, así como las interacciones entre ellos, mientras que el ecologismo es el movimiento sociopolítico que se preocupa por la protección de la naturaleza. La ecología procura desprenderse de esa etiqueta política que con cierta frecuencia se le adjudica erróneamente. Los y las ecólogas llevamos años intentando que la ciencia a la que nos dedicamos, cuyo objeto de estudio es la naturaleza, reciba el mismo reconocimiento social que otras como, por ejemplo, las matemáticas, la física o la medicina.

La ecología es la ciencia de la que bebe el ecologismo cuando trabaja para conseguir ese mundo ambiental y socialmente justo al que aspira. Un mundo en el que todas las personas tengan acceso a aire y agua limpios y a sistemas de producción de alimentos que no agoten los recursos naturales, que funcionen con energía limpia y renovable. Un mundo, en definitiva, en el que la vida esté en el centro, en el que su cuidado y promoción sean el verdadero objetivo de todas nuestras actividades.

Por otro lado, el ecologismo es una opción política, integradora, que se nutre de los conocimientos generados por la sociología, la antropología, la ciencia política, la filosofía, la economía y, también, la ecología. Del mismo modo, la ecología es una ciencia integradora que combina conocimientos de matemáticas, física, biología, química y muchos ámbitos más de la ciencia y la tecnología.

Los colectivos naturalistas, ambientalistas, ecologistas o conservacionistas, esto es, la sociedad civil no que no es necesariamente comunidad científica genera, a través de la sensibilización y la educación ambiental, un deseo por conocer más sobre las leyes que reinan en la naturaleza, un anhelo por estudiar esta ciencia, la ecología.

 

A menudo, la ciudadanía con conciencia ecologista concentra una gran cantidad de conocimiento especializado del territorio y las especies, son personas aficionadas expertas, y tienen, por tanto, mucho que aportar a la ciencia de la ecología. Por ejemplo, son más proclives a participar en las actividades de ciencia ciudadana que últimamente están proliferando entre la comunidad científica y que tanto valor añadido aportan a la sociedad.

 

Las organizaciones ecologistas son, a menudo, grandes expertas en comunicación social, una tarea que desde la comunidad científica frecuentemente dejamos de lado en favor del ámbito académico. Comunicar a la sociedad los conocimientos generados por la ecología o hacer llegar estos a la clase política es clave para la protección de la naturaleza que es, en definitiva, nuestro objeto último de estudio.

Es fundamental que se conozca, reconozca y fomente la labor de estos dos ámbitos, la ecología y el ecologismo, porque solo yendo de la mano pueden lograr aquello por lo que tanto luchamos unas y otros: la supervivencia de nuestro planeta.

Como humanidad y como individuos podemos emprender la ecología y el ecologismo, que a pesar de la semántica antes expresada, lo fundamental es que seamos agentes activos y consientes para ser medios determinantes de la gran lucha de nuestra época.