ECONOMÍA DE LA SEGURIDAD

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«La seguridad es un factor clave para la confianza de los consumidores y la estabilidad económica».

Barrie Stevens (Asesora de la OCDE)

Cuando la “gente común y corriente” o incluso la mayoría de los “especialistas” -de academia o de café– hablan de Economía, se refieren, principalmente al crecimiento o decaimiento económico reflejado en el PIB, a la inflación, al desempleo, incluso al gasto productivo o improductivo de megaobras con presupuesto desfasado.

Hoy, al borde de lo que la teoría de los ciclos económicos identifica como recesión y que se mide por el movimiento del Producto Interno y por la inflación (estanflación, dirían los analistas), vale la pena reflexionar sobre una de las causas principales. Motivo de razón suficiente, diría Leibniz, desde el siglo 17. Hablamos de la Economía de la Seguridad.

La Economía de la Seguridad es una rama relativamente reciente (como la Economía Circular) de la economía que se enfoca en el análisis de los costos y beneficios de la seguridad en distintos ámbitos, como la seguridad física, la seguridad cibernética, la seguridad en el transporte, entre otros.

La Economía de la Seguridad se basa en la premisa de que la seguridad no es gratuita y que su provisión implica un costo que debe ser considerado al momento de tomar decisiones sobre políticas públicas, inversiones privadas, entre otros aspectos. Tiene un costo de oportunidad muy alto y puede desorientar cualquier otra intención de actividad productiva. Venezuela es un claro ejemplo, Nicaragua y Cuba también.

Entre los temas que aborda la Economía de la Seguridad se encuentran la evaluación de riesgos, la eficiencia de los sistemas de seguridad, la valoración económica de la vida humana y la propiedad, el análisis de los incentivos para la inversión en seguridad, entre otros.

La Economía de la Seguridad es una disciplina en constante evolución, ya que la seguridad es un tema que está en continua transformación y presenta nuevos desafíos.

Recientemente, el presidente de la República aseveró que “México es un país más seguro que los Estados Unidos” y que “se puede viajar por todo el país con seguridad”. El número de muertos por violencia y la seguridad cibernética cuestionada al máximo demuestran lo contrario. Pero además, en nuestro enfoque de hoy, hay un altísimo costo económico que: a) No resuelve el problema y b) Desvía recursos de inversiones productivas.

Precisemos: La economía de la seguridad es un tema que afecta a muchos países en todo el mundo. Algunos países pueden tener más problemas en este ámbito debido a factores como la inestabilidad política, la violencia, el terrorismo, el crimen organizado y la corrupción, entre otros. Algunos ejemplos de países que enfrentan desafíos significativos en la Economía de la Seguridad incluyen:

México: México ha estado luchando contra la violencia y el crimen organizado durante mucho tiempo. Los carteles de la droga, la corrupción y la violencia asociada han generado importantes desafíos para la economía y la seguridad del país.

Colombia: Colombia ha experimentado décadas de violencia y conflicto armado, que ha tenido un impacto significativo en la economía y la seguridad del país. Aunque ha habido avances en la reducción de la violencia y el fortalecimiento de la seguridad, aún existen desafíos significativos.

Afganistán: Afganistán ha estado en guerra durante décadas, lo que ha tenido un impacto devastador en la economía y la seguridad del país. El terrorismo, la violencia y el narcotráfico son algunos de los principales desafíos que enfrenta el país.

Nigeria: Nigeria enfrenta una serie de desafíos en materia de seguridad, incluyendo el terrorismo, el crimen organizado, la piratería y la violencia intercomunitaria. Estos problemas han tenido un impacto significativo en la economía del país.

Venezuela: Venezuela enfrenta una serie de desafíos económicos y de seguridad, incluyendo la inestabilidad política, la violencia y la corrupción. Estos problemas han tenido un impacto significativo en la economía del país y en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Sólo 8 por ciento de los trabajadores del mundo viven en países con condiciones favorables en materia de seguridad económica, es decir, hay coherencia entre lo que se invierte en seguridad y el número de delitos que ocurren, a los que se agregan verdaderas políticas y acciones de regeneración de los delincuentes, señala un estudio generado por el Programa sobre seguridad socioeconómica de la OIT.

Por supuesto, México no está incluido en este mini universo y la situación, al igual que el gasto destinado a su solución, se incrementan día con día y podríamos decir que nuestro entorno es más bien de una “Deseconomía de la Seguridad”. Y no puede haber “otros datos”. ¿Cuánto cuesta cercar el Palacio Nacional cada vez que hay un evento en el zócalo? Seguro que mucho más que una liquidación de funcionario con 14 años de trabajo en el INE.

En 2021, el impacto económico de la violencia en México, lo que se dejó de consumir, de producir o de invertir, seestimó en 4.9 billones de pesos (243 mil millones de dólares), equivalente al 20.8% del PIB de México, y a tres veces la deuda de PEMEX. Las disminuciones en delitos como homicidio, secuestro y robo apuntalaron el impacto económico negativo de la violencia.

En contraste, el gasto del gobierno para garantizar la seguridad -hay que recordar que el gobierno es el que tiene el monopolio de la violencia y la obligación de contenerla– alcanzó los 633.1 mil millones de pesos, 31 mil millones de dólares que de ninguna manera mejoraron la seguridad de los ciudadanos. El gasto en contención de la violencia comprende los gastos del gobierno en seguridad pública, las fuerzas armadas y el sistema judicial. Otros 364 millones de pesos se gastaron en seguridad cibernética que no evi

Por otro lado, el Índice Global de Paz, elaborado por el Institute for Economics and Peace, evalúa el nivel de paz y seguridad de 163 países, señala en su última edición, publicada en 2020, que Islandia, Nueva Zelanda, Portugal, Austria y Dinamarca, son los países con mejores puntuaciones. Se gasta poco y la seguridad es mucha, también son los de menores índices de corrupción.

En tanto, el Índice Global de Ciberseguridad de 2020, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), ubicó a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia y Noruega como los países con las mejores puntuaciones en ciberseguridad.

Como podemos observar, México no está entre los mejores países en materia de seguridad, y millonarios recursos se pierden cada año, con resultados descendentes.

Nuestro país ha enfrentado importantes desafíos en materia de seguridad en las últimas décadas, lo que ha afectado su calificación en Economía de la Seguridad y en otros indicadores relacionados con el tema. Aunque se pretenda, no se puede tapar el sol con un dedo.

Entre los factores que han contribuido a la situación de (in)seguridad en México se encuentran el narcotráfico y el crimen organizado, la violencia relacionada con el tráfico de drogas y la presencia de grupos delictivos violentos, la corrupción en instituciones de seguridad, la falta de recursos y capacitación en fuerzas de seguridad, entre otros.

Además, la inseguridad ha tenido un impacto significativo en la economía del país, al afectar la inversión, el turismo, la competitividad y el desarrollo económico en general. Un impacto negativo de 20 puntos por año en el PIB es difícil de comprender, y de sostener. Ahí tendríamos, por ejemplo, la solución al problema del agua en 16 Estados ya en situación de urgencia.

Cierto que, como en otros temas, México ha implementado diversas medidas y políticas para mejorar la seguridad en el país, incluyendo reformas legales y en el sistema de justicia, inversiones en infraestructura (el viernes hablábamos de cárceles privadas) y capacitación de fuerzas de seguridad, entre otros esfuerzos. Sin embargo, la situación de seguridad en el país sigue siendo un desafío importante y se requiere un enfoque integral y sostenido para lograr mejoras significativas en el corto y largo plazo.

DE FONDO: En relación al problema de seguridad, la solución contra el aumento de delitos ha sido aumentar el número de prisiones y, peor aún, aumentar el número de delitos para tener ocupadas esas prisiones. Negocios lucrativos para unos, pero socialmente negativos para todos.

DE FORMA: Bajó la tasa de desempleo a su mínimo nivel histórico, 2.72% de la Población Económicamente Activa. Esto no refleja que, en febrero, se perdieron 400 mil plazas formales y las cubrieron” con 391 mil informales. Tampoco dice esa relativa cifra que disminuyó la Población Económicamente Activa, porque 200 mil mexicanos se dieron por vencidos y dejaron de buscar empleo. En puerta aumento de la informalidad, que ya rebasa al 57% de la PEA y, tristemente, la delincuencia y la inseguridad.

DEFORME: Un “albergue” con rejas y candados sirvió de horno crematorio a 42 migrantes -hasta ahora- que no supieron o no quisieron expresar su inconformidad social en sus países de origen. El punto aquí es que si se les había prometido trabajo, permisos de estancia y “bienestar”, ¿por qué estaban enjaulados?