El Año Económico 2025 en México: Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo
“2025: el año en que la economía no creció, pero las excusas sí.”
Tomado de Facebook
EL ESPEJISMO ECONÓMICO: El año económico 2025 dejó una fotografía compleja: sin colapso macroeconómico, pero con un estancamiento que se hizo visible incluso antes de los aranceles de Trump. La economía mexicana cerró el año con un crecimiento estimado de entre 0.0% y 0.3%, presionada por una actividad industrial debilitada, un consumo que empezó a desacelerarse y un entorno internacional menos favorable. Nuestra métrica marca un detrimento del 1%, sin maquillar las cifras del empleo.
La inflación general se mantuvo alrededor de 3.6%, cerca del objetivo de Banco de México, aunque la inflación subyacente siguió resistiéndose a bajar. En contraste, el desempleo oficial permaneció en niveles mínimos, alrededor del 3%, pero con un mercado laboral dominado por una informalidad que superó el 54%. ¿Sabía usted que si vende un chicle en una esquina un día de la semana, se considera “persona ocupada”? De tal tamaño es el maniqueísmo.
Los datos oficiales mostraron una reducción de la pobreza por ingresos hasta 2024, pero al mismo tiempo repuntó la pobreza laboral, alcanzando 35.1% en el segundo trimestre de 2025, en un entorno de salarios que pierden poder adquisitivo en alimentos, transporte y vivienda. Menos pobreza y mucho menos calidad de vida (¿ya fue usted al súper esta semana?).
La narrativa oficial destacó tres puntos: estabilidad macroeconómica, récord de inversión extranjera directa y una caída en la pobreza. Sin embargo, estos datos requieren matices. La inflación sentida por las familias de menores ingresos fue más alta que la reportada; el empleo era pleno sólo en apariencia, escondiendo subempleo y precariedad; y la medición de la pobreza se volvió motivo de suspicacia tras la decisión de disolver el CONEVAL y trasladar la medición al INEGI.
El gobierno también encontró una explicación conveniente para la desaceleración: los aranceles de Donald Trump. Aunque efectivamente afectaron las exportaciones mexicanas —especialmente en automotriz y manufacturas—, la desaceleración ya se observaba desde 2024, y los principales inhibidores de inversión estaban dentro del país: incertidumbre regulatoria, políticas energéticas restrictivas, debilitamiento de contrapesos institucionales y un creciente costo de programas sociales poco o nada vinculados con productividad.
Diversos especialistas han advertido desde hace años sobre los riesgos de “administrar” la pobreza desde el discurso político. Gonzalo Hernández Licona, fundador del CONEVAL, ha señalado reiteradamente que sin autonomía técnica cualquier medición se vuelve vulnerable a presiones gubernamentales, generando incentivos para “corregir” metodologías en lugar de corregir problemas reales.
Tras la desaparición del CONEVAL y el traslado de la medición al INEGI, Hernández Licona advirtió -en artículos y conferencias- que “cuando la institución que mide responde al Ejecutivo, los pobres pueden bajar en el papel aunque no bajen en la calle”.
En la misma línea, Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, ha documentado cómo la tasa de desempleo y la inflación oficiales pueden ser técnicamente correctas pero socialmente insuficientes: “una tasa de desempleo baja no significa bienestar si está sostenida en informalidad, subocupación y precariedad”, ha dicho en múltiples análisis.
Y economistas como Gabriela Siller han mostrado que la inflación “sentida” por los hogares de bajos y medianos ingresos supera a la oficial porque estos gastan una mayor proporción en alimentos, gas y transporte. Todos coinciden en lo mismo, cuando los datos lucen mejor que la realidad, el problema no está en la realidad, sino en quién decide cómo medirla. En pocas palabras, se reduce la pobreza con fórmulas y no con acciones.
Lo realmente preocupante es la distancia creciente entre los indicadores y la realidad de millones de familias. La inflación promedio de 3.6% no refleja los aumentos en alimentos, transporte, electricidad y gas. El desempleo de 3% ignoró que más de la mitad de los trabajadores no tienen seguridad social ni estabilidad. La llamada “economía subterránea” (informal) no se mide, “se estima”. La caída en la pobreza coincidió con el desmantelamiento del órgano encargado de verificar su medición. Casi 20 millones de mexicanos ya no forman parte de la población económicamente activa (PEA) simplemente porque ya no buscan un trabajo que no encuentran jamás.
DE FONDO
Al cargar toda la responsabilidad de la desaceleración a los aranceles de Trump, el gobierno optó por la salida fácil. Pero el deterioro institucional, el debilitamiento del Estado de derecho, la incertidumbre regulatoria y el uso político del gasto público son factores internos que están presentes mucho antes de cualquier tensión comercial con Estados Unidos. ¿Se resuelve negándolos? Desde luego que no. Intente usted hacerlo en su hogar y reduzca el gasto porque le dijeron que las coles de Bruselas bajaron de precio, divorcio seguro.
DE FORMA
2025 no ha sido un año de crisis, pero sí un año de advertencias, y muy serias. México sigue siendo atractivo para invertir, pero no irresistible. Tiene estabilidad sin crecimiento, empleo sin calidad, estadísticas sin confianza, y una narrativa económica que busca culpables externos en vez de atender las causas internas, las de a de veras.
DEFORME
Lo bueno existe, lo malo pesa y lo feo crece. La distancia entre los números y la vida real es cada vez más amplia y más soslayada. La economía mexicana no se derrumba estrepitosamente, pero tampoco despega. Y en un mundo que avanza rápido, quedarse quieto -o seguir maquillando la realidad- es otra forma de retroceder. (CONTINUARÁ).

