El arte del dolor

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Cada persona siente el  dolor y lo define según su experiencia personal; por diversas causas, características físicas, y  aspectos psicológicos y culturales. Esto hace que su significado sea muy diferente. Hablar de la tortura es dirigirse a otro ámbito, referido a un daño corporal inducido otro que es el torturador, y lleva a una persona al sufrimiento,  ¿qué pasa? cuando alguien lo hace porque es su trabajo, que lleva el emblema de lo artístico. El escritor Andrés Torres  Scott  aborda una historia de este tipo en el libro Un artista de la tortura y otras historias verdaderas.

 

Con una introducción al arte de la tortura y el suplicio nos da a conocer el dolor, desde un punto de vista artístico, donde el artista hace de su obra el cuerpo humano, soportando la tortura como un modo de vida, con el fin de llevar a cabo ésta cada día. En la antigüedad al aire libre eran presentados exhibiciones de tortura, para distraer a un público,  por una moneda, el martirizado se dejaba tocar o pegar como un modo de ganarse la vida. Hoy en día la tortura existe con una finalidad atroz, es puramente secreta, practicada en lo más oscuro de una celda a prisioneros de guerra, espías de gobierno y otros.

 

Torres Scott nos muestra un tipo de arte muy distinto al que no se admira, en lo personal no me gusta el sufrimiento, a un espectáculo de este tipo sería difícil para mí asistir. Sin duda por la originalidad de este tipo la novela ha sido galardonada con el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano 2013-2014 de la Universidad Autónoma del Estado de México.

 

El último artista de la tortura no deja su legado a un sucesor ni le interesa que alguien más aprenda a sobrevivir de ese oficio, vive en su propio mundo donde todo gira alrededor de su profesión. Se conoce que el dolor y el placer solo tienen una línea delgada de separación. Amarrado de manos y pies su cuerpo es un confín de mallugadas, cortadas, moretones con métodos que no permitan dañarse para siempre, nada que lo lleve a la muerte. Así cada noche, en su presentación, se entrega a su público, sin tomar nunca analgésicos ni medicina alguna para resistir el dolor.

 

Conocer el suplicio mediante todo este tipo de acciones sobre el cuerpo de una persona, el tormento de arrancarse cada día  una uña y esperar a que le vuelvan a salir para volver a repetir ese castigo, sorprende mucho no es porque no pueda vivir de otra cosa, si no que le gusta hacerlo, se ha preparado para soportarlo, con entrenamiento físico y psicológico, para dar un espectáculo a un público que no tiene la menor idea de lo que tiene que pasarle al protagonista de tales hechos, presentado como el artista que soporta el dolor para recibir un aplauso o una sonrisa.

 

Al leer este libro,  se profundiza en la conciencia del escritor tiene un personaje interesante en la persona Inmaculada, quien asiste a esa clase de espectáculos; desde niña se apasiona por ese arte de la tortura, durante toda su vida, sueña con ser una artista del arte del dolor. Por esta razón elige estudiar medicina especializándose en el entendimiento neurológico del dolor, para llegar a ser la sucesora del artista de la tortura. No sin antes recorrer un camino que la transportará  a ser quien tortura al  propio artista, llevada por el sueño de continuar con este oficio, no tiene lienzos, ni pinceles ni barro que moldear, es el cuerpo martirizado, sangrante y herido al igual que la misma obra de arte.

 

Andrés Torres Scott. Un Artista de la Tortura y otras historias verdaderas.

Colección Premio Manuel Altamirano. México, 2014. 128pp

 

En las últimas décadas el interés por los mártires y sus espectáculos ha disminuido muchísimo. Antes era un gran negocio organizar majestuosos eventos de este género como espectáculo popular, ya sea en las plazas públicas o en los teatros, cosa que hoy, en cambio, es imposible. Eran otros tiempos, eran buenos tiempos para los artistas del suplicio.

Si además se era el mejor artista del martirio sobre la faz de la tierra, no habría otro mejor momento para caminar sobre ella. En ese entonces toda la ciudad vivía a la expectativa del martirizado y sus exhibiciones, breves las diarias y hasta de tres horas la semanal. Todos querían ver al artista del martirio durante sus exhibiciones diarias, ya fuera colgado de cabeza, atado de las extremidades en el bastidor o asfixiándose con un cordel o un cinturón. La gente, agradecida, le dejaba billetes y monedas en los botes y esos donativos no eran de manera alguna poco monto. Muy populares fueron también los shows nocturnos ambientados con sonidos de cadenas, ruidos de fantasmas, gritos de mujeres y aullidos de lobos que aprovechaban el efecto provocado por las llamas de las antorchas en constante movimiento para dar un toque de dinamismo extra a la exhibición.

 

Andrés Torres Scott, ha publicado cuentos y mini cuentos en revistas literarias,  en este libro las otras historias verdaderas anexan tres cuentos con personajes auténticos, que se encuentran en la vida rutinaria, con decepciones, abandonos, derrotas y éxitos, que se relacionan con seres distintos, propios de la imaginación del escritor que forman una sola historia y tienen el mismo fin; la muerte.

 

La abandonada Ángela, que la vida le da un giro con  una oportunidad excepcional el encuentro con el amor y la muerte. Armando Contreras, después de convertirse en un fracasado llega al éxito, sin poder evitar vender su propia alma. La misteriosa mujer que no espera por nadie vendrá también algún día por alguno de nosotros, sin una leve oportunidad de vivir un poco más, solo nos robara el aliento, aliada con el señor destino del que jamás podremos escapar.