EL ARTE Y LA NEUROCIENCIA EN LAS RELACIONES

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Lesvia Vargas

“Las relaciones sociales son un poderoso predictor de felicidad, mucho más que el dinero. Las personas felices tienen redes sociales amplias y buenas relaciones con la gente dentro de esas redes sociales”

Erik Klinenberg

El arte nos permite apreciar la belleza. A través de las diferentes épocas se ha plasmado al ser humano en la pintura y la escultura. Los artistas que han realizado las maravillas que hasta nuestros días podemos apreciar, han observado con toda delicadeza, profundidad y entendimiento lo que somos como seres extraordinarios.

 

¿Qué pasaría si tomásemos el papel de artistas y pudiéramos observar como ellos al ser humano que tenemos frente a nosotros?

 

Analizar cada línea de expresión, el movimiento de sus manos, el brillo de sus ojos, la forma en que mueve los labios al hablar, su postura, el cómo nos mira -que es lo que se busca también con las obras, ese contacto con el espectador-el sonido de su voz. Creo que seríamos unos grandes artistas del amor, del sentimiento y del aprecio por tener la oportunidad de ese encuentro, de ese contacto.

 

El arte queda plasmado, inmóvil por un lado y, con vida por otro cuando tiene al espectador frente a él. El arte que nosotros crearíamos en el encuentro del día a día, estaría vivo en cada segundo y llenaría de energía la relación del uno con el otro. Nuestro lienzo sería nuestro propio cerebro y corazón, nuestros pinceles los sentidos. No necesitaríamos instalaciones para exhibir la pintura porque estaría dentro de nosotros, plasmada en un código especial en nuestra mente.

 

Las relaciones son el predictor número uno de la felicidad, y como segunda pregunta planteo:

 

¿Son nuestra prioridad principal y realmente son reales?

 

Somos por naturaleza seres sociales y cada día tenemos frente a nosotros la oportunidad de crear una obra de arte relacional que nutra nuestras vidas. ¿Qué es lo que nos impide convertir esta oportunidad en nuestra gran prioridad y enriquecer en conjunto nuestras almas? La invitación es tomar conciencia de que somos especiales, seres humanos especiales, nosotros y los demás; que nos necesitamos y complementamos en todo momento. Observa con toda la intención, foco y amor a quien tienes enfrente.

 

De unos pocos años para acá, la neurociencia ha tenido descubrimientos asombrosos acerca de la conexión que tenemos con los demás. Imagina que, del cuadro pintado, la persona extiende los brazos para abrazarte y así reducir tu respuesta al estrés, y que las manos acarician tu rostro y el cerebro privilegia esta sensación para activar zonas neuronales, principalmente la ínsula, acompañado de una sensación placentera. ¿Acaso necesitamos estar frente a un cuadro físico para recibir esto? ¿Cuántas veces nosotros estamos dentro del cuadro y solo estamos mirando a los espectadores? ¿Qué intercambio y acción operamos?

 

El cerebro cuenta con una extensa red de áreas que se activan cuando estamos con otra persona y cuando realizamos actividades conjuntas y, esto repercute en nuestra cognición y emoción. La neurocientífica Nazareth Castellanos comenta que basado en una investigación de la Universidad de Milán, observaron que la cooperación favorece la sincronización de cerebros, especialmente en las áreas prefrontales. Un área clave para el comportamiento.

 

El contacto es fundamental en las relaciones humanas, estudios han demostrado que la empatía del observador alivia nuestro dolor. Imagínate de nuevo mirando un cuadro donde el personaje está lleno de dolor, ahora tu extenderás tu mano y tocarás la suya, disminuirás su dolor por el acoplo eléctrico entre cerebros.

 

“Y si no hay más,

Tan sólo encuentra lo que hay en tus manos.

Piensa que dar amor nunca es en vano.

Sigue adelante sin mirar atrás”

 

En la Metamorfosis de Ovidio se cuenta que Pigmalión, rey de Chipre, no encontraba a la mujer ideal para casarse, entonces, al él tener la habilidad para la escultura, un día esculpe una mujer tan bella que bien podría ser su mujer perfecta y la llama Galatea, sus ojos enamorados la ven de tal manera que él le habla, la besa, le regala joyas y hasta la recuesta en su lecho. La diosa Venus, conmovida por el deseo de Pigmalión, convierte el deseo en realidad y vuelve real a Galatea, le da vida. En la actualidad creo que sigue vigente esta historia, pero al revés, tenemos frente a nosotros a esa mujer u hombre ideal, a ese hijo, o padre ideal, al amigo, al compañero, y al no valorarlos solo los vemos como una escultura inerte más en nuestro mundo.

 

 

 

 

Formemos una gran colección con nuestras relaciones, los cerebros, los corazones y la respiración se sincronizan. Un estudio ha mostrado que según la tarea que estemos realizando, la comunicación entre los corazones y la respiración varía, pero es necesario que exista. Este acoplo visceral depende de la relación que exista entre las personas. La máxima ocurre entre una madre y sus hijos, pero también es fuerte entre la pareja y los amigos.

 

Hagamos una obra de arte con nosotros mismos y con las personas que forman parte de nuestra vida.

 

“Toda vida verdadera es encuentro”

Martin Buber