+ ¡El atentado a la cabeza de López Mateos, hórrido, increíble y delictuoso!; casi un crimen de lesa humanidad
La frase:
¡Qué falta de respeto para uno de los mejores presidentes –Adolfo López Mateos– que ha habido en el país, y con más orgullo mexiquense!
VÍCTOR HUMBERTO BENÍTEZ TREVIÑO
RECHAZO UNÁNIME A LA DESTRUCCIÓN DE MONUMENTOS
Hasta el momento de escribir la presente columna, cerca de las 17:00 horas de este lunes, ninguna autoridad se había pronunciado sobre los hechos por los que amaneció consternada Toluca ayer lunes, básicamente el pintarrajeo y la destrucción de la llamada cabeza de López Mateos en lo alto del cerro de Coatepec.
Los estudiantes embozados cuya prioridad es que no se criminalice su protesta. Luego de la destrucción que han hecho. Baste ver sus pliegos petitorios: el sectarismo, la exclusión, la amenaza, lo insustancial y hasta ridículo de sus «peticiones», que más bien son órdenes; lo ridículo de los nombres de sus grupos: del enjambre rabioso a los cacomixtles… ha sido una mascarada; una mala puesta en escena, una vergüenza histórica. ¿Y los profesores y los trabajadores no son parte de la Universidad? Y a todo esto: ¿qué tiene que ver el proceso de elección de autoridades con la formación de los alumnos? ¿Cuál es el vaso comunicante?
¡Qué poca, la actitud de los inadaptados que lo hicieron! ¡Qué mente tan putrefacta, para destruir los valores éticos y culturales! ¡Los ignorantes le están ganando la carrera a los seres preparados y de bien! ¡Ese nivel de vandalismo no puede corresponder a estudiantes o jóvenes honestos, es un acto de delincuentes viles y vulgares! ¡Qué violencia para hacerse notar!
Totalmente reprobable la conducta de las personas, que no estudiantes, que arremetieron a golpe de marros y con botes de pintura en contra del monumento al ex presidente Adolfo López Mateos, el que comúnmente se conoce como La Cabeza de López Mateos, el cual es un referente en el paisaje urbano de Ciudad Universitaria y de Toluca misma. No sólo fue una agresión sino una verdadera falta de respeto a los símbolos universitarios, aquellos que han dado cohesión por casi 200 años a esta institución donde tantas generaciones se han formado y a la cual muchos le debemos buena parte de lo que hoy somos.
¿Qué puede generar ese grado de irritabilidad entre quienes tienen secuestrada la Universidad Autónoma del Estado de México como para asumir esa actitud destructiva que demuestra que su único interés es no dejar piedra sobre piedra de esa casa de estudios?

¿Será que día a día observan ellos mismos que su movimiento perdió legitimidad y que están cerca de verse rebasados por la base universitaria, la que reclama ya a gritos que le devuelvan sus edificios y les permitan seguir estudiando para continuar su preparación académica?
Parece ser cierto que ya se acabó el dinero que durante más de 120 días alguien le inyectó para mantener vivo el supuesto movimiento universitario y ahora no les queda más camino que la violencia y el enfrentamiento directo.
Hay que tener mucho cuidado con esas personas, pues el siguiente paso es que se vayan de frente en contra de los miembros de la comunidad universitaria, a quienes, es evidente, no le tienen respeto alguno y sólo buscan un pretexto para agredir.
¿Será cierto que entre quienes mantienen tomadas las instalaciones universitarias hay individuos que tienen largos momentos de alteración nerviosa causada por el consumo de ciertos estupefacientes y que reacciones como la demostrada en contra del patrimonio universitario no son más que resultado de algún grado de intoxicación?
Como sea, la verdad es lamentable y deleznable que ese tipo de cosas estén aconteciendo en los espacios universitarios, donde el respeto y la ecuanimidad deberían ser el común denominador entre quienes, se supone, luchan por causas como la superación y la mejora de la infraestructura, que –ya lo vemos— están decididos a acabar con ella a golpe de marro y botes de pintura.
Un espectáculo muy triste con el que amanecieron los habitantes de Toluca ayer, con todo lo que este representa y lo que da a entender en materia de gobernabilidad al interior de una de las instituciones que debería ser caso sagrada para todos los mexiquenses, pues es el máximo espacio para la formación y superación de las futuras generaciones, las mismas que tendrán en sus manos la alta responsabilidad de cuidar y proteger ese espacio, y no creo que a golpes y con esa falta de respeto vayan a avanzar mucho en ese proceso.
Hasta el momento, la autoridad universitaria legalmente constituida no ha emitido un pronunciamiento serio sobre este hecho tan lamentable, pero, desde la sociedad civil, todos tenemos la obligación y el derecho a esas fuerzas políticas que hoy interactúan en la institución a respetar lo más valioso que ahí se tiene, que es la propia historia y tradición institucional, de la cual cualquiera debería sentirse orgulloso.
ESTADIO DE CU
La siguiente es una entrevista al estadio de CU, publicada en mi libro Potros Campeón, cabalga la pasión:
Hola, soy el estadio de Ciudad Universitaria, llevo por nombre “Alberto ‘Chivo’ Córdoba”, me ubico en Paseo Universidad 115, en el Cerro de Coatepec, que significa, según el historiador Manuel Olaguíbel, “lugar de la serpiente”, ya que proviene de las voces “coatl” que significa serpiente y “tepetl” que significa cerro.
Pertenezco a una extensión territorial de 30 has. Iniciales que quedaron en 25, del entonces rancho de Coatepec cuyo casco estaba en lo que es la Facultad de Geografía.
En 1957, cuando aún no se definía nada en concreto de lo que sería más adelante, lucí un anuncio que señalaba: Aquí se construye el estadio municipal de Toluca.
Mi diseño estuvo a cargo del arquitecto Augusto Pérez Palacios, el mismo que diseñó el también emblemático Estadio Olímpico Universitario de la UNAM.
En mi construcción participaron cientos de personas, entre ellos el papá de quien me ha visto como masajista de los Potros, Jesús Vallejo Moreno. Muchos de ellos pertenecían al llamado Ejército del Trabajo.
La ceremonia inaugural se realizó el jueves 5 de noviembre de 1964, en lo que fue la última visita oficial que hizo a Toluca el presidente Adolfo López Mateos, ya que 26 días después entregó la banda presidencial al licenciado Gustavo Díaz Ordaz.
La inauguración tuvo como marco pletórico de personas que, según crónicas periodísticas, reunió a más de 50 mil, tanto en las tribunas del estadio universitario como en lo alto y en las faldas del cerro de Coatepec. Ocho mil estudiantes de las escuelas de Toluca, niños y jóvenes de primarias y secundarias formaron un cuadro plástico en la tribuna principal del estadio con letras de 40 metros de altura que decían: Viva ALM. Un gran retrato de López Mateos coronaba el conjunto.
El presidente llegó a ciudad universitaria después del mediodía y develó una placa alusiva colocada entre las facultades de Jurisprudencia y Comercio, las primeras en ser edificadas. Lo acompañaban distinguidos personajes como los secretarios Jaime Torres Bodet, de Educación; Raúl Salinas Lozano, de Economía; Alfredo del Mazo Vélez, de Recursos Hidráulicos; José Alvarez Amézquita, de Salubridad, además del director del IMSS, Benito Coquet, el gobernador Juan Fernández Albarrán y el rector Jorge Hernández García.

Luego del acto inaugural, el presidente López Mateos se dirigió al estadio, donde recibió aclamaciones de la multitud enfervorecida, en un acto que fue prácticamente su despedida de la vida pública en Toluca. Construida sobre un terreno de 25 hectáreas, Ciudad universitaria, con el Estadio y las Facultades ya mencionadas tuvo un costo global de 20 millones de pesos, pero el mismo día fue inaugurado el edificio de la facultad de Medicina, ubicado en Paseo Colón y Tollocan, con inversión de 5.5 millones de pesos, y en acto simbólico efectuado en la facultad de Ingeniería, el presidente puso en servicio obras públicas en Toluca y en el interior del estado por 40 millones de pesos.
Por la tarde, al filo de las 16:00 horas, López Mateos se reunió con los institutenses en un banquete para mil quinientos invitados que fue servido en el patio poniente del antiguo edificio del ICLA, sede actual de las oficinas de Rectoría.
Posteriormente, recuerdo que en Ciudad Universitaria, la construcción de un edificio de siete niveles para la facultad de Humanidades –que actualmente es conocido como Torre Académica– fue detonador de crecimiento de la planta física de la universidad. Entró en servicio durante la administración del rector Guillermo Ortiz Garduño (1969-1972) y le siguieron otras estructuras, como el busto monumental del licenciado Adolfo López Mateos, en la cima del cerro, que es una mole imponente de 12 metros de altura y 60 toneladas de peso, revestida con cantera rosa, obra del maestro universitario Adolfo Villa González.
¿Quién fue Adolfo Villa González?
Puntual a la cita de sus clases cotidianas, sin dejar a un lado una mezcla equilibrada de seriedad, –que se matizaba con la voz que poseía fuerte, vigorosa– con alzarla un poco bastaba para imponer una disciplina férrea, en aquellos años juveniles y de aparente rebeldía, todo volvía a su cauce entre el murmullo natural de los alumnos cuando entran al salón para su clase de Ética y filosofía Moral, esta última palabra obligaba a algunos a pensar que se trataba clase de religión, la base si en cuanto al comportamiento y las buenas maneras que la sociedad de los años sesenta imponía.
Pasaba lista con rapidez extrema para después adentrarse en el interrogatorio infaltable de lo que se había visto el día anterior para hilar el tema y realizar la exposición de los nuevos conocimientos, así era Adolfo Villa González, una mezcla de desparpajo, pero al mismo tiempo una disciplina que había adquirido en sus años mozos, misma que llegó a conservar hasta el final de su existencia.
Vida rica en experiencias que le fueron proporcionando los años y uno que otro alumno, sobre todo cuando les apasionaba un autor leído, ansiado por conocer, pero que la vida no le brindó esa oportunidad.
De los pintores, jamás preguntaba porque los conoció al revés y al derechos su parte externa y en su interior sobre todo cuando se descubre y se sabe que es artista. Al batallar no por exponer su materia sino por ampliar el panorama de su conocimiento personal lo obligaba a estudiar y leer en abundancia por si algún alumno meloso deseaba ampliar la teoría explicada:… y para que se vea que uno es experto en ella, se tiene que estudiar no al ritmo, que uno se propone Garduño, sino al que le impone uno el aula.
Jamás hay que dar la impresión de que es uno improvisado en lo que explica, porque los alumnos te comen, te pierden el respeto y no se acostumbran a lo que uno les dice todos los días, estudien para que no los repruebe en la vida, se atrevía a confesar ya no frente a todo ni a los alumnos sino a los que, por azares del destino, se convertían en colegas de la cátedra.
Ahí si entraban los consejos –no para aplicarse a pie juntiyas– sino para convertirse en experto en la cátedra y en la materia que se imparte.
El mundo de Adolfo Villa no sólo fue la cátedra sino su pasión por la escultura: ahí si me siento pleno, ahí sí veo la transformación de la materia, ahí sí lo que uno piensa se convierte en realidad, ahí si moldea uno las figuras, ¡lástima que no hablen!
Al principio de los sesenta cuando se dijo que la Ciudad Universitaria iba tener asiento en los alrededores del cerro de Coatepec, con una serie de edificios en donde se ubicarían las facultades como se hizo con el paso del tiempo y se comenzó a construir el Estadio, no para el fútbol sino para las pruebas atléticas que antes se practicaron en el antecedente el Instituto Científico y Literario de Toluca, ahora ya Universidad Autónoma del Estado de México, me propusieron la idea de realizar un busto, pensé que iba a ser algo pequeño, pero después me precisaron que iba a colocarse en la cabeza de este cerro y que sería del que fue director del Instituto, del licenciado Adolfo López Mateos, del que en ese entonces de 1958 ya era presidente de México y su mandato concluía en 1964, de ahí la premura por hacer algo especial.
Fue cuando se me ocurrió hacer su busto, un busto que encerrara la expresión pueblerina o el lenguaje de aquella época como se les decía a las personas muy inteligentes y de gran capacidad de pensamiento ¡Cabeza grande!, era el requisito para ocupar el máximo puesto a que todo hombre aspira ser presidente de su país.
Así se pensó y así, me tuve que quebrar la cabeza para hacer precisamente eso, la cabeza de López Mateos, colocada en la punta del cerro para que la gente cuando pasara lo contemplara en toda su dimensión, no en el cuerpo sino en el asiento de las ideas, así tuve que trabajar para calcular las proporciones, que fuera fácilmente identificable y que comentaran a voz en cuello, sí se parece, sí es López Mateos, la gente tenía que verlo desde los ángulos en que pasara y no tratara de adivinar quién era sino de precisar porque un letrero por encima de ella iba a verse demasiado burdo, ridículo y espantoso. Eso no debía ser. Cumplí con el encargo y ahí la puede usted ver desde la distancia en que se ubique.
Es de los pocos monumentos que han respetado los alumnos. Ya vio lo que le pasó a la estatua de cuerpo entero del licenciado Miguel Alemán en Ciudad Universitaria en la UNAM, en donde hasta que no lo dinamitaron los muchachos revoltosos, se convencieron en que era mejor desaparecerlo. Además a López Mateos ¡sí se le quiere!
Adolfo Villa González, nació en Ocoyoacac, en donde se le consideró Hijo ilustre, realizó sus estudios en su tierra natal y Toluca, estuvo en el Seminario Conciliar y realizó estudios como escultor en Francia e Italia, destacan sus obras Un Cristo y 12 apóstoles y el busto del licenciado Adolfo López Mateos.
Adolfo Villa González, de origen otomí, trabajó al frente de un grupo de canteros de Durango dirigidos por el maestro Andrés López y por el ingeniero Víctor Manuel Torres Delgado, encargado de los aspectos constructivos.
La escultura monumental dedicada al que fue presidente, Adolfo López Mateos, que se encuentra en el mirador que está en la cima del Cerro de Coatepec, es una escultura revestida de cantera rosa proveniente de Durango, mide 12 metros de altura y que pesa alrededor de 60 toneladas. A su lado hay una asta bandera, que desde hace unos meses luce la bandera de la UAEM para significar el territorio de Ciudad Universitaria.
El material fue traído desde la mina La Lovera, situada entre Durango y Mazatlán, en 225 piezas de cantera de 62 y 65 centímetros de espesor.
Mis instalaciones, incluyen una moderna pista de tartán, ya que la primera disciplina que se practicó fue el atletismo, después vino el futbol soccer.
En mi sede, de lo cual me siento orgulloso, la selección universitaria asciende de Tercera a Segunda División entre 1974 y 1975; en 1999 nuevamente es sede del ascenso a Segunda División de los Potros. Fue sede de dos Universiadas Nacionales (2005 y 2011). Mi pista de atletismo está certificada internacionalmente. Vi nacer a los Potros como Moscos y los he visto graduarse en la Liga de Ascenso.
Más orgulloso estoy, porque desde la década de 1970, formo parte de la monumental obra plástica titulada Aratmosfera, proyecto del artista Leopoldo Flores Valdés, nacido orgullosamente en Tenancingo, estado de México –fallecido el 3 de abril del año 2016– por la cual, en el año 2014 mediante una votación que aún sigue abierta en el portal español 20minutos.es, el estadio universitario de la UAEMex ostenta el lugar número uno en el ranking de Los 10 estadios de fútbol más originales del mundo.
El maestro Leopoldo Flores comienza a pintar en las escalinatas y la gradería del Estadio un mural representativo que tituló Aratmósfera. Para ello hubo la necesidad de convocar a la ciudadanía, a través de la entonces regidora, Elizabeth Corona Armendáriz, de los líderes de la Unión de Tablajeros de Toluca, Germán Uribe e Isaac Maya y tú, que relatas mi historia tuviste una gran participación, con la convocatoria misma y las entrevistas que les hiciste a los destacados críticos de arte Antonio Rodrigues –de origen portugués– y Raquel Tibol, –de origen argentino–.
En su realización, el maestro Leopoldo Flores hizo los trazos correspondientes y fue auxiliado por unas 500 personas, entre ellas muchos estudiantes de la UAEMéx, los que colorearon con cerca de 7 mil litros de pinturas multicolores.
Aratmósfera, del que formó parte y el Cosmovitral, dan otra dimensión a Toluca, ciudad capital del estado de México. Esto además de otras obras destacadas del maestro Flores, tanto en México como en Perpignan, Francia.
En 1978, muere el querido entrenador del equipo de fútbol americano Potros Salvajes, Alberto el Chivo Córdoba, el cual, llevó al equipo de fútbol americano de la UAEM al campeonato de la Liga Intermedia de Fútbol Americano; es por eso, que desde ese año y en su honor, yo, como estadio, llevó su nombre.
En 2016 fue su primer torneo en participar en la Liga de Ascenso de México gracias al ascenso de los Potros UAEM, así como también en la Primera División de México y en la Copa México al ser utilizado por el Deportivo Toluca en el torneo Apertura 2016, durante la remodelación del Estadio Nemesio Diez. Antes, por sanción al estadio Nemesio Diez, se jugó un partido Toluca-América, en mi lugar, termino igualado a un gol.
Mis especificaciones, son las siguientes: Capacidad máxima de 32,000 personas. Ancho: 216 m. Largo: 210 m. Cancha de pasto natural. Dimensiones de la cancha de 105 x 68 m. Butacas de concreto sobre el arte atmosférico. Butacas de plástico en la tribuna oriente (techada). Pista de atletismo de 8 carriles.
Y desde luego, siento un gran orgullo de ver a mis Potros cada quince días y de ser sede de su coronación para el ascenso a Primera División A. Soy la sede en donde Cabalga la Pasión, para servir a todos ustedes.


