El caldo y las albóndigas

Views: 817

Durante este año hemos aprendido los conceptos básicos de las finanzas personales, y sobre todo hemos aprendido que no todo está relacionado con el tema monetario.

La vida está repleta de riesgos y vicisitudes, accidentes y calamidades. Cambios súbitos que ocurren en cuestión de segundos. Uno debe estar preparado.

Preparado para afrontar esas cuestiones. Preparado para prevenir esas cuestiones. O también preparado para transferir esas cuestiones.

No es que desee algo malo para nadie. Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Pero repito son cosas que pasan.

Un automovilista está esperando a que el semáforo se ponga en verde y de repente, del segundo piso del Periférico le cae un camión de basura que perdió el control.

Una persona estaba feliz en su casa, viendo la televisión en compañía de su familia, y de repente empezó a llover, al poco tiempo tenían dentro de su domicilio el agua cubriendo sus muebles.

La semana pasada fui a cambiar mi teléfono celular por el más nuevo, y me ofrecieron un seguro que me ampara por daños físicos el aparato. Me gusta traer el teléfono celular desnudo, sin ningún tipo de carcaza o protección; prácticamente, el teléfono celular que tenía estaba en perfecto estado. Por un momento pensé: ¿Para qué comprar el seguro? Si durante más de dos años mantuve el anterior como nuevo y sin ninguna protección. Bien puedo mantener este otro nuevo. En ese momento, estaba preparándome para enfrentar el riesgo por mí mismo. Asumiría el precio y la responsabilidad si se llegara a estrellar mi pantalla, si se llegara a abollar la esquina, si se llegara a rayar los lentes de las diferentes cámaras, etc.

Así que hice lo que toda persona sensata haría. Comparar. Comparar pros y contras. No podemos ir por la vida, afrontando y haciéndonos cargo de todo. Tampoco podemos ir por la vida evadiendo y transfiriendo los riesgos y responsabilidades de todo.  Debemos encontrar el punto medio. Revisar nuestro presupuesto y ver, como decían las abuelas si el caldo no saldrá mas caro que las albóndigas.

Así que me dije: Son varios miles de pesos lo que me costó adquirir el nuevo teléfono. Por unos cuántos pesos más, me lo reponen por uno completamente nuevo en caso de que llegara a estropearse. Si nunca lo estropeo, y lo mantengo bien cuidado y en perfecto estado, ¿Me habrá dolido haber pagado por esa seguridad?

Desde luego que, para contestar esa pregunta, revisé mi presupuesto y vi con claridad que podía fácilmente pagar para transferir ese riesgo. Ya que, en caso de no adquirir el seguro, cabría la posibilidad de, dos escenarios: Que, si llegara a estropear el equipo, tendría que desembolsar otra vez los tantos miles de pesos, directamente de mi patrimonio para reponerlo. O simplemente soportar tener, en el mejor de los casos, una pantalla toda estrellada, por no decir que afectaría su función y no podría hacer uso óptimo del teléfono.

No hace falta aclarar que decidí pagar para transferir el riesgo.

Al salir de la tienda el asesor me dijo: mire, cuando vaya a expirar el tiempo de su seguro, estrelle la pantalla a propósito, y así le darán uno completamente nuevo.

Y aquí vuelve a entrar el tema de la ética y valores –que ya hemos tocado–.

Legalmente no habría ninguna falta.

Pero si las aseguradoras se dan cuenta de que eso les afecta monetariamente a sus bolsillos, terminarán aumentando los precios. Y eso lo paga directamente El Consumidor. Nada es gratis, recuerde.

También está el tema Ambientalista, ¿recuerda cuando tocamos el tema de las compras sin sentido? Sólo generan más basura.

En fin, es un tema que da para más.