EL CERRO DEL TOLOCHE
Con Margarita García Luna uno puede navegar entre siglos y entre culturas, y las culturas que aborda, les da tanto interés a una como a otra. En eso está su admirable recuerdo. No es la cronista que se deslinda por sólo una época histórica. Cosa que sucede, con aquellos que no van más allá de los textos o documentos que tienen a la mano. Margarita, historiadora de fuste, sabe que las cosas humanas siempre tienen un pasado que no termina de deslindarse en una cultura por más añeja que sea. En este sentido debemos de pensar los mexicanos del siglo XXI, el reto del conocimiento sobre nosotros es más complejo y profundo al pensar cuáles son las culturas originarias en el país, tal y como se refieren, por ejemplo, en la Revista Arqueología Mexicana en su número 171, de ello cuenta Alicia M. Barabas en su ensayo: Acerca de los pueblos originarios, escribe:
Los pueblos que llamamos originarios son los parientes actuales de los pobladores iniciales de Mesoamérica y ese parentesco puede rastrearse a través de los estudios lingüísticos y arqueológicos. No siempre fueron nombrados pueblos originarios, y los que habitan en México en el presente no son los mismos que en el pasado. Ir allá, más allá de lo que podemos imaginar con nuestras pocas lecturas o nuestras nulas investigaciones. Dice bien Sor Juana Inés de la Cruz, al señalar que no estudia para saber más, sino para ignorar menos. La tarea del historiador y el cronista es leer y más leer, vivir el presente pensando en el pasado que son dos cosas iguales, pero en diferente tiempo. Iguales porque hablan al ser humano desde su humanidad y no en sus visiones sesgadas que le hacen caer en el mundo de las ideologías, ese mundo de la falacia y los sofistas, de los dogmáticos y sectarios.
Alicia M. Barabas dice: Los pueblos originarios que habitan actualmente en el territorio mexicano, y parte del sur de Estados Unidos y Centroamérica, son descendientes de los pueblos que los ocupaban desde épocas muy antiguas, previas a la formación de los estados nacionales. ¿Cómo crear pueblos, villas y ciudades si no hemos sido capaces de ir al México profundo que nos plantea el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla?… escribe Barabas: La relación genealógica entre los portadores de idiomas y culturas anteriores a la conquista con los del presente ha podido ser comprobada a través de estudios arqueológicos, de prehistoria lingüística y de etnohistoria, en tanto que la historia y la etnología nos muestra que la vinculación cultural se mantuvo a lo largo de la época colonial y el México independiente hasta el presente, si bien las culturas contemporáneas son nuevas configuraciones construidas en el contexto de los procesos históricos que estos pueblos han vivido.
El mapa que aparece en el ensayo de Alicia es bastante preciso, y cita por entidades cuáles son los pueblos indígenas de México. Destacan tres entidades por tener más de 5 ó 6 culturas indígenas que les dan identidad y orgullo por su multilingüismo y diversidad gastronómica, de vestuario y religiosidad. Oaxaca en primer lugar con 15 ó 16 diversos pueblos. Después Chiapas con 13 ó 14 pueblos y, le sigue Campeche con 12. Es el sureste de México el que más diversidad presente por entidades. Al norte destacan Baja California con 6 y Durango con 6 también. Sonora con 7 y Chihuahua con 4. Estudio que nos da claras muestras de la multiplicidad cultural regada por este territorio que ha sido privilegiado en su patrimonio cultura y su riqueza natural.
El Estado de México con pueblos y culturas que le hacen destacar hasta la fecha, siendo éstos: mazahua, otomí, nahua, matlatzinca y tlahuica. ¿Cómo podemos olvidar ese pasado aún presente en nuestras vidas con sólo visitar San José del Rincón y su tradición mazahua; o el ir a Ocuilan para encontrar rasgos tlahuicas y su defensa del antiquísimo huehuetl? Por igual, en San Francisco —comunidad de Temascaltepec—, donde residen herederos de los matlatzincas. Pensemos en el Valle de México con su diversidad por detalles en la lengua nahua y sus tradiciones ancestrales, por último, en el norte de Toluca y hacia Temoaya y resto de municipios donde los otomíes siguen persistentes en sobrevivir a pesar de los siglos de injusticia cometido contra ellos.
Por estas meditaciones y lecturas es que más valoro el hecho de que Margarita le pone toda la atención al cerro del Tolotzin, del que señala: Desde la cumbre del Toloche se ve la Teresona, el Cóporo y en la entresierra los asentamientos antes llamados Tlazalan y Toloca, primitivo asiento de nuestra ciudad. Hacia el sur, abajo, se ubica la iglesia del Carmen y lo que fue el Mercado 16 de septiembre. El culto a Huehueteotl abarcó amplias regiones de México y, atendiendo la sugerencia de Gutiérre Tibón, Rodolfo García señala que probablemente los matlatzincas (incluidos entre las tribus nahuatlacas según la Tira de Peregri Muor) trajeron de las costas occidentales de México el culto a “Coltzin”, el dios anciano (de colli, viejo, anciano, o de coltic, torcido, encorvado, porque los viejos se encorvan). Estos grupos buscaron montañas encorvadas cuyo perfil simulaba la joroba del dios viejo. Poner pasión en las tres etapas históricas de larga vida en siglos. Ir hacia la cultura prehispánica con la pasión que lo hacen los historiadores, cronistas y sabios llamados Ángel María Garibay Kintana, originario de Toluca para nuestro orgullo, y de Miguel León-Portilla, su mejor alumno y que llevó a divulgar el conocimiento de nuestras culturas anteriores a los españoles con singular maestría.
Sí, Margarita nos hace ir al pasado. Más allá de la cultura dominadora que trajeron los españoles a fines del siglo XV, en 1492 a la llegada del genovés Cristóbal Colón por mandato de Isabel la Católica. Las tres carabelas en las que llegaron los europeos, de un viejo mundo, no sabían que estaban descubriendo el nuevo mundo, que de nuevo no tenía más que el aspecto. Pues sus culturas ancestrales eran poderosas formas de civilización en el sentido de sus construcciones arquitectónicas y sus ideologías hegemónicas a través de la guerra, el tributo y sus religiones. Cuenta Margarita: Por otra parte, del jeroglífico de Toluca se representa por una cabecita inclinada, encima de un cerro. Este nombre deriva de Toloa, bajar o inclinar la cabeza. El jeroglífico representa la cabeza del dios Tolo. De dónde se pregunta Rodolfo García ¿Qué significa el nombre de Toluca? El lugar de Tolo, o reverencialmente de Tolotzin.
Hechos que todos los toluqueños debemos saber, de todas las edades, pues así familias, y nuestras diversas edades nos permiten tener la raíz de pertenencia, que estos tiempos de Internet y redes sociales están derruyendo con tal prisa que es difícil que los infantes en la ciudad y el municipio puedan saber dónde está el cerro del dios Tolo.
Saber más y más, datos que parecen intrascendentes, dice Margarita: Entre estas montañas encorvadas, Gutierre Tibón incluye el cerro del Toloche, cuyo perfil se quiebra violentamente hacia abajo, hacia el vallecillo de Santiago Miltepec. Se desconoce el nombre que tuvo en Matlatzinca el Toloche, lo que ayudaría a saber si Coltzin o Tolotzin son un solo dios con características, o bien, se trata de dos divinidades: Coltzin, el dios torcido; Tolotzin, el que tiene inclinada la cabeza. Ambos rasgos se aprecian en el cerro torcido si se ve desde Santiago Miltepec, y como una cabeza inclinada, si se le observa desde el gollizo de Zopilocalco. Investigación histórica y ubicación geográfica. El historiador y el cronista no pueden dejar nada a la vera. Todo sirve para ubicar los estudios serios de quien quiere encontrar la verdad, por encima de las cosas que damos por ciertas sin tener en las manos los pelos del burro para saber su color. Un sólo artículo nos da luces sobre el Tolo, ese dios nuestro.

