El conflicto de las identidades

Views: 1167

Mi incursión en la sociología y en la antropología mexicanas no dejan de sorprenderme. Semanas atrás me zambullí en los asuntos de la raza y la clase en México por medio de dos grandes textos de sociólogos ejemplares e intenté dejar sus bonanzas plasmadas en este espacio. Pues, incluso salí con luces sobre lo que ocurre en el seno de mi mismo país. A esto siguieron algunas semanas sobre las eternas Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda, en las que intenté una defensa de una obra que considero magna e inmortal para comprender la riqueza de las visiones chamánicas precolombinas; además de para paliar la ceguera progresiva de nuestra América.

Para terminar mi visita por México, me gustaría terminar comentando un texto de Yásnaya Elena Aguilar Gil, una excelente lingüística de la UNAM. Su trabajo, publicado en 2017, se titula Ëëts, Atom: Algunos apuntes sobre la identidad indígena. Su extensión es breve –poco más de 5 páginas y media– es suficiente para cumplir su objetivo: comprender la relación que existe entre la palabra indígena y las ideas de los sujetos que deciden qué personas se subsumen bajo dicho término. 

El texto empieza pausado, construyendo el terreno al que quiere llegar, diciéndonos que dentro del caudal insondable, de todas las expresiones que usamos en el día a día, dentro de nuestro contexto latinoamericano, y más concretamente en el México actual, sólo algunas de ellas son realmente significativas para dicho medio. Nos dice Aguilar: el fluido sonoro que sale de la boca de uno de los cinco últimos hablantes de la lengua kiliwa fluye ante mis oídos libre de toda restricción que pueda imponerle mi mente no iniciada, la cual, a pesar de todo, trata de buscarle sentidos, unidades, buscar algo que le parezca remotamente conocido.

En esta declaración, Aguilar nos está diciendo algo claro, pero escondido para nuestra visión más inmediata: sabemos que la persona con la que tenemos el encontronazo lingüístico está diciendo algo realmente significativo dentro de su propio mundo y criterios, pero sabemos que para el grueso de la sociedad, sus esfuerzos no pasan de meros fenómenos fonéticos. Aunque se habla, no le importa a nadie. Estamos, en este caso, ante un problema de identidad, nos dice quien lo pone como sigue, de manera genial: La identidad es una operación mediante la cual las personas se piensan y existen como entes discretos. Las personas somos los fonemas o las palabras-individuo impuestas sobre este chorro continuo que es el universo.

Partiendo de este punto Aguilar analiza y discute las riquísimas implicaciones filosóficas de las gramáticas de las lenguas mixes, una etnia del valle de Oaxaca, en las que existe la interesante distinción entre la primera persona del plural en un sentido restrictivo y no restrictivo, que este grupo utiliza en razón de si está hablando directamente para uno de ellos o uno extranjero, y en pocas palabras, quiere decirnos que esta riquísima implicación de esta lengua mesoamericana no puede ser valorada nada más que desde sus propios hablantes, porque desde la realidad amestizada del México exterior, no cabe considerarla como conocimiento riguroso o como un aspecto que sea parte de los intereses fundamentales de la investigación académica actual.

No me gustaría seguir comentando el texto para que los lectores, ya con estos presupuestos, se sumerjan adecuadamente en todas sus implicaciones, principalmente en aquellas relacionadas a cómo los Estados-Naciones moldean y determinan el valor que tiene cada una de las identidades bajo la categoría indígena, cómo el texto se explaya sobre la manera en que estas variedades lingüísticas al interior de México colisionan con los límites establecidos para determinar lo que es identidad mexicana y lo que no. Y, por supuesto, sobre cómo estas mecánicas sociales no nada más vuelven endebles a las identidades de las etnias no hegemónicas, sino que además las obligan a introducirse a un proceso de amestizamiento que exige una renuncia de sus valores y tradiciones para ofrecer inclusión social que supuestamente poseen todos los considerados ciudadanos en un territorio concreto.