El GASLIGHTING Y SUS REPERCUSIONES EN LA MENTE DE LAS PERSONAS

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La manipulación de una persona hacia el tipo de percepción que tiene sobre la realidad y sus acciones, se remite a un tipo de violencia psicológica llamada “gaslighting” o “luz de gas” por su significado en español, que puede llegar al grado de afectar no solamente la salud mental de la víctima, sino causarle una depresión severa que la llevaría a tomar acciones que atenten con su vida como el suicidio.

Según la psicóloga Brenda Mendoza, investigadora y académica de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEM, el término “gaslighting”, fue utilizado por primera ocasión en la obra de teatro titulada con el mismo nombre en 1938, dirigida por Patrick Hamilton en los recintos del séptimo arte en Broadway, la cual se basa en un historia en la que un matrimonio padece de graves problemas de comunicación, por lo que el marido pretende volver loca a su esposa, con la estrategia de hacerle creer que está mal mentalmente y no es capaz de hacer nada por ella misma, al grado de tener el control de sus emociones, pensamientos y acciones para asesinarla.

La especialista explicó que la persona que abusa psicológicamente, manipula consciente o inconscientemente a su víctima para que dude de su propio criterio a través de estrategias que la lleven a negar un momento o diálogo ocurrido entre ellos, “al punto de que ya no sabe si creer o no en lo que pasa, le hace creer que las discusiones, los conflictos y las peleas, surgen por errores de ella, lo que le causa confusión, ansiedad, estrés, angustia, entre otros sentimientos que le impiden tener estabilidad mental”.

El 90 por ciento de los pacientes diagnosticados con dicho problema, son mujeres, por lo que deviene en una actitud machista que muy pocas veces es identificada porque la pareja, se asimila como una persona perfecta, sin errores y sin actitudes que pueden llevar al límite a la relación.

Detalló: “como ejemplo están las ocasiones en las que las mujeres creen que son incapaces de alcanzar sus metas, porque el agresor les hace creer que son inútiles, que solo pueden trabajar como amas de casa o que por ser mujeres jamás podrán ser reconocidas. Si piensan en cambiar, su mente simplemente no se los permite, pero para compensar tal violencia el agresor “las consiente” con cosas materiales o dándoles de vez en cuando algún cumplido”.

Tener bajo estado de ánimo, baja autoestima, exceso de justificaciones, pocas relaciones sociales, signos de depresión y ansiedad, son algunas de las características que padecen las víctimas, por lo que instó en reconocer que se tiene un problema, saber que no existe problema si se acude con un experto para expresarse, recuperar las relaciones sociales, especialmente las familiares y reconocer emociones, “no hay nada de malo con sentirnos tristes o sensibles, somos humanos y necesitamos ayuda cuando estamos en peligro”.