El gato y el día que se fue la luz

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El día que se fue la luz me senté a la orilla de la cama, encorvada, mirando fijamente algo, tal vez nada, la flama de la vela proyectaba la sombra de unas máscaras colgadas en la pared. 

Hay tres perros acostados en el piso de la recamara, uno se lame las patas, otro se rasca la oreja, el más grande duerme plácidamente.

 

La vela se está terminando, me acerco, la cera se ha derramado por toda la mesa y la toco, líquida y caliente, me recuerda al juego que jugaba con mi hermano, el de a ver quién aguantaba más cera caliente en las manos, siempre le ganaba, no sé por qué nunca me dolieron esos juegos, a decir verdad, me eran muy divertidos, y Joel se empeñaba en ganarme, pero siempre terminaba llorando.  

Los perros empezaron a inquietarse, abrí la puerta y salieron casi volando. Ladraban los perros afuera. 

Encendí otras dos velas, tomé una y fui al baño, el espejo esta opaco, pero no impide ver mi rostro ojeroso, paso las yemas de mis dedos por mis pómulos, por mis labios, me lavo la cara queriendo quitar esa expresión que hiere. 

Mi café se ha enfriado, busco a tientas la galleta que dejé en mi escritorio, ya no está,  ese gato negro otra vez, entrometiéndose en mis asuntos, paseándose por mi casa, dejando su olor por todas partes, revolviendo la basura. Me extraña que se coma mis galletas, son demasiado dulces para una criatura de esa naturaleza. Derrame el café encima de mis libros.

 

No tengo sueño, abro la ventana para sentir el fresco de la noche, está completamente oscuro, hace frío, creo que por eso hoy los grillos se oyen más que de costumbre. 

La luz llego por un instante, mismo que me permitió verte entrar por la puerta, con tu chamarra de piel negra, –la de siempre– y tu frase lamento llegar tarde, y cuando se apagó todo, tú también te fuiste. Y recordé ahora la vez que le dijiste a mi hermano que tenía que estar para mí, que tenía que procurarme toda la vida y me volví a sentar a la orilla de la cama, con la foto de Joel y la tuya y escuché la sirena de la ambulancia. En mis lágrimas se asomó su ausencia. 

Sonó mi teléfono, era mi madre, conversamos un rato, nos pusimos al tanto, nada nuevo me decía, y me platicó de la vecina, del tío Luis y de sus dolores,  nada nuevo, le dije y le platique de la ausencia de luz y de mi trabajo, de las fotografías que encontré en una caja hace un rato y le pregunte si se acordaba de la broma de la licuadora. Hizo un silencio, me respondió que sí, pero que no estaba para hablar de eso. Pero yo sí le dije, y me colgó.

Cuando Joel tenía como 9 años y yo 11, planeamos una broma para mamá. Ese día habían avisado que no habría luz durante la mañana, pero que llegaría por la tarde, mi mamá no se acordó y comenzó a preparar la comida desde temprano, pero al momento de poner los jitomates en la licuadora, se acordó, desconecto el aparato y se fue al mercado,  acto seguido, a mi hermano se le ocurrió conectarla y apretar el botón de  la licuadora, sin tapa, me convenció de algún modo y no recuerdo cómo, pero para ambos sería divertido ver la expresión de mi madre y todo el jitomate embarrado en la pared. Mamá llegó con unos peces de colores porque le habíamos rogado que nos comprara unos, Joel estaba tan emocionado que comenzó a ayudarle a mi mamá con las cosas de la comida, le pregunto si podía vaciar el dulcero grande para meter ahí a nuestras nuevas mascotas, entonces mientras Joel vaciaba la dulcera, que estaba en la cocina, mi madre y yo fuimos a su recamara, a mí me había comprado algo especial. De pronto se escucharon tres ruidos fuertes, la licuadora, el grito de Joel, algo de vidrio romperse. Mi hermano no pudo comer en dos días y le dio fiebre esa noche. Recordé  entonces que mi madre me dijo que tenía que estar para mi hermano, que tenía que procurarlo toda la vida.  

Se hizo tarde, me recosté en la cama, no recuerdo cuanto tiempo vi el techo, ni en qué momento se terminó la vela. Al abrir mis ojos, frente a mí, el gato negro me observo por unos segundos me hizo su clásico miau y salió corriendo por la ventana. El gato vino  a mi casa desde que ellos no están.