El hombre no necesita de mucho para vivir

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Alejando Dumas, célebre autor de obras como Los Tres Mosqueteros y El Conde de MonteCristo, no se equivocó al enunciar que los orientales son nuestros maestros en todo. Mire usted, ya en otra ocasión le comenté sobre la oportunidad que tuve de conocer esa región y lo comprobé. Varias de mis teorías de ahorro y finanzas provienen del continente asiático.

Hoy le quiero hablar del caso de una mujer china llamada Wang Shenai, esta mujer se caracteriza porque ha logrado vivir con el 10% de su salario durante 9 años y contando. No quiero decir, con esto, que usted deba hacer lo mismo, no es mi intención volverlo un anacoreta o un asceta. Sin embargo, lo que sí quiero es invitarlo a la reflexión, que se pregunte y cuestione si realmente necesita tanto para vivir. Mi teoría es que no. El hombre, no necesita de mucho para vivir.

Desafortunadamente el sistema Capitalista, funciona consumiendo; no le servimos para nada al sistema si dejamos de consumir. Y es por eso que constantemente nos bombardean con anuncios, ya no en la televisión, sino en las redes sociales, plataformas como la azul, o la roja o la de videos cortos, están plagadas de anuncios comerciales que incitan, seducen a todas las audiencias con un único fin: comprar.

Y ¿comprar qué? Lo que sea. Cualquier cosa. Lo que sea necesario para mantener este sistema voraz que se olvida que somos humanos y nos ve como números.

Bueno, ya compré una vez, ¿es suficiente? ¡No! No es suficiente, el sistema necesita que compre, que compre otro, que compre el nuevo, que compre el repuesto, que compre el juego, que compre el complemento, que compre el original, que compre dos… para poder verse como su estrella favorita, como el cantante de moda, como la influencer del momento.

¿Y todo para qué? ¡Para nada! Tarde o temprano se va a dar cuenta de que esa compra no le satisfizo en lo más mínimo, se sentirá vació, y la solución para llenar ese vacío es, lo adivinó: ¡comprar!

Yo se qué es difícil evitar comprar, pero no imposible.

Vivimos en la época del desechable, no sólo los productos, sino también las relaciones. Ya me cansé de ti, te desecho. No hago nada para reparar esta relación. Si eso hacemos con las personas, ¡imagine usted cómo tratamos a las cosas!

El carro ya tiene tres años, ya pasó de moda, hay que comprar otro – no importa que se endeude tres o cinco años pagando un pasivo que se devalúa (ya hemos hablado del tema).

Esta ropa está pasada de moda, quiero ropa nueva – sin importar que la ropa que esta fuera de moda siga viéndose nueva, porque se usó en muy pocas ocasiones.

Mi celular es el 11, ya salió y quiero el 12 – sin importar que el único cambio significativo sea el cambio del 11 al número 12.

No importa lo que tenga que hacer para parecer, – realmente no importa que se sobregire la tarjeta (creo que ese término ya ni se usa, jeje), que se vaya al buró de crédito (lo cual está mal dicho, pero lo dejo para que se entienda la idea), que me endeude hasta las chanclas (como dicen en mi pueblo)… en fin.

Oiga ¿y si, – como dijera Mark Manson, – la solución no es querer más?

¿Y si es querer menos?

Seguimos en la próxima.