EL LEGADO DE ALBERTO “CHIVO” CÓRDOBA

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El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo es en el diccionario. Vince Lombardi

 

 

 

Para todos los amantes del futbol americano y muy en especial, para los integrantes de la Fraternidad “Potros Salvajes” del equipo de futbol americano de la Universidad Autónoma del Estado de México, el mes de febrero de cada año, guarda un gran significado, permítame platicarle los motivos que son dos:

El primero, es que como cada 11 de febrero, la Universidad Autónoma Del Estado de México  le rinde homenaje al creador e impulsor del equipo de futbol americano Potros Salvajes de la UAEMEX, el head coach Alberto “Chivo” Córdoba en ocasión del 46 aniversario de su fallecimiento.

El segundo, es que en la misma fecha, se celebrará la 58ª edición anual de la Super Bowl (Super Bowl LVIII) que tendrá lugar en el Allegiant Stadium de la ciudad de Las Vegas, Nevada. Es el evento deportivo más importante de los Estados Unidos y todo un acontecimiento social de gran impacto internacional.

Independientemente de a qué equipo le vayamos, ambos acontecimientos nos hermanan y nos motivan a mantener viva nuestra pasión por el deporte que es símbolo de liderazgo, trabajo en equipo, entrega, estrategia, así como también, nuestra devoción y reconocimiento por nuestro gran head coach, Don Alberto “chivo” Córdoba Ladrón de Guevara.

 

A manera de reverencia y gratitud por las lecciones aprendidas, le dedicamos estas líneas en ocasión de recordarlo en el aniversario de su fallecimiento. Para ello, enmarcaremos este artículo, en dos titanes de este deporte de las tacleadas, Vince Lombardi y Tom Landry.

Dos nombres sinónimos de éxito e innovación en el mundo del fútbol americano, que surgieron como líderes en una era que dio fama al panorama del deporte. Sus caminos se cruzaron a medida que grababan sus legados, transformando sus equipos en dinastías e influyendo en generaciones de entrenadores y de jugadores.

Ambos, grandes líderes inspiradores de varias generaciones, creían en el poder transformador del trabajo en equipo. La idea de que el esfuerzo colectivo de un equipo podía superar el talento individual, constituyó la piedra angular de sus filosofías de entrenamiento.

Su compromiso de formar no solo atletas calificados, sino también a las personas moralmente íntegras , reflejó una comprensión más profunda de su papel en la formación de vidas más allá del emparrillado.

La disciplina, el respeto, la responsabilidad y la rendición de cuentas, eran los eslabones de las cadenas que marcaban cada yarda que se avanzaba en el campo y en la vida.

El estilo personal elegante de Lombardi y de Landry, iba más allá de solo ganar partidos; buscaban fomentar un entorno en que la excelencia era la norma y la mediocridad era inaceptable. Así, recuerdo al coach Córdoba, poseedor de una personalidad arrolladora, autoridad moral y distinguida presencia en el campo y fuera de éste.

La integridad y el carácter eran aspectos no negociables del liderazgo para Lombardi, Landry y nuestro entrañable Alberto “chivo” Córdoba.

 

Como Lombardi y Landry el coach Córdoba exigía respeto a sus jugadores, pero él lo correspondía de la misma manera. A todos por igual, les tenía consideración, aprecio y amor de padre.

 Esta mística inclusiva, contribuyó al sentido de familia dentro del equipo, reforzando la noción de que todos tenían un papel crucial que desempeñar en la búsqueda de la grandeza.

Así lo podrán atestiguar grandes dinastías que se formaron para la vida, de la mano del chivo Córdoba; como los Cuenca Rello, los Benítez, los Peregrine, los Herrera Vallejo, los Munguía, los Arce Mercado, los Ramírez.

Aún recuerdo la motivación que nos daba en sus discursos previos al partido, a menudo mezclados con pasión e intensidad, inspirándonos para dejar lo mejor de nosotros por los colores de nuestro equipo en el campo de juego.

El chivo sabia que gatillos de tu personalidad debía jalar para detonar lo mejor de ti, ya que además de ser un verdadero líder en toda la extensión de la palabra, fue un hombre feliz, padre de familia y esposo ejemplar, íntegro, sin complejos ni rencores, que siempre dio lo mejor de si para transformar vidas, más allá del deporte. Fue un coach de vida.

Recuerdo a algunos que pudieran acreditar lo antes referido como: William de Souza, Raúl García, el famoso MaguilaMarco y Rafa Peregrine, Gabriel Arce, Eugenio Herrera, José Cruz,  Alfonso Trueba, José Luis González, Eduardo Silvestri, Gerardo el colorado Muller.

Los árboles de entrenadores de Lombardi y Landry continúan dando frutos, y cada generación de entrenadores agrega nuevas ramas y hojas al legado, tal y como ha sido Alberto Chivo Córdoba para todos quienes hemos practicado este deporte formativo en el seno de nuestra Máxima Casa de Estudios, hoy magistralmente dirigida por un rector sin igual, el Doctor Carlos Eduardo Barrera Díaz.