El Matlatzinco durante el encuentro de dos mundos

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Dice Carlos Fuentes que Ce Acatl, el año de la caña, fue un año de portentos en el mundo azteca. Las aguas de la laguna hirvieron, se derrumbaron grandes torres, pasaron cometas por el firmamento al medio día, y de noche las lloronas recorrieron las calles previendo la muerte de sus hijos. Los presagios no se equivocaban. En la primavera del Ce Acatl o 1519 de nuestro tiempo, Hernán Cortés y sus conquistadores hispanos arribaron a Mesoamérica. Este 2019 conmemoramos 500 años de este arribo que, sorprendentemente, coincidía con el retorno a México del dios blanco y barbado: Quetzalcóatl.

 

Luego de pasar por territorios de los hoy estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Tabasco, el 22 de abril de 1519 Cortés y sus hombres arribaron a San Juan de Ulúa, Veracruz. Acamparon en la cercana playa Chalchihueyecan y al otro día, Viernes de Semana Santa, día de la Verdadera Cruz, fundaron la Villa Rica de la Vera Cruz, primer Ayuntamiento del continente americano.

 

Cortés siguió su camino rumbo a la gran Tenochtitlán. Para entonces el tlatoani Moctezuma II había enviado mensajeros para llevarle regalos y disuadirlo para que se retirara y no continuara adentrándose en su imperio. Pero los regalos de oro tuvieron el efecto contrario, pues alentaron la codicia de los extraños.

 

Así que siguió su ruta pasando por el señorío de Zempoala que dominaba a los totonacas de la costa. Posteriormente se adentró en tierra firme pasando por los territorios de Jalapa, las faldas del Cofre de Perote, Xicochimalco, Ixhuatlán y Texutla (esta última hoy desaparecida) en Veracruz; luego por Xocotlán (también desaparecido) e Iztacmaxtitlán en el norte de Puebla; de allí pasó al señorío de Tlaxcala, donde tuvo que presentar batalla para poder continuar por Tizutla, Tzompatzinco y Tepectipac, volviendo al estado de Puebla por Cholula, donde Cortés ordenó la brutal matanza del pueblo. Salió por Calpan con las manos manchadas de sangre y se internó en territorio mexiquense.

 

El invasor cruzó el camino entre los volcanes Popo e Izta, hoy Paso de Cortés; luego bajó por Amecameca, Tlalmanalco y Ayotzingo (Chalco). Se internó en el territorio de la Ciudad de México pasando por lo que hoy es Tláhuac e Iztapalapa, para finalmente encontrarse e impresionarse con la gran ciudad asentada en medio del Lago de Texcoco, la capital del imperio mexica.

 

Finalmente, hace 500 años, la mañana del 8 de noviembre de 1519, Cortés y el emperador Moctezuma se encontraron en la Calzada de Iztapalapa (hoy la confluencia de las calles de República del Salvador y Avenida Pino Suárez, en el Centro Histórico de la CDMX). Dice también Carlos Fuentes que, aunque Cortés era hidalgo, conquistador y aventurero, su cita con Moctezuma es uno de los encuentros más asombrosos de la historia. Fue el encuentro de dos mundos, el encuentro de la expansiva Europa renacentista y del aislado mundo indígena mexicano. Ni siquiera el arribo de Cristóbal Colón a Guanahaní (Isla San Salvador, Bahamas) significó un hecho portentoso como el del encuentro.

 

Lo que siguió es conocido: de alguna manera Cortés provocó la muerte de Moctezuma, la viruela venció a Cuitláhuac y luego Cortés y los conquistadores, junto a decenas de miles de indígenas tlaxcaltecas, totonacos y otomites, derrotaron a las huestes mexicas del joven emperador Cuauhtémoc, el único héroe a la altura del arte, quien finalmente capituló el 13 de agosto de 1521.

 

¿Qué pasaba en 1519 en el Matlatzinco? ¿Qué pasaba en estas tierras al tiempo del encuentro en la calzada? Es difícil precisarlo pero lo intentaré.

Se sabe que ese año la cabecera del señorío de Matlatzinco no era la actual Toluca sino Calixtlahuaca. Aquí gobernaba un señor de habla matlatzinca llamado Mazacoyotzin. Este tlatoani fue impuesto por el emperador Moctezuma y, al parecer, no era descendiente del linaje de Chimaltecuhtli, último gran señor del tiempo del Matlatzinco libre, que luego fue conquistado por los emperadores Axayácatl a partir de 1474 y Tizoc a partir de 1482. Cabe señalar que hacia 1490, Chimaltecuhtli ya había sido destituido y desterrado y sus familiares desplazados de Calixtlahuaca, tal vez hacia el sudeste de Toluca, a Santiago Miltepec o los cerros de la Teresona y Coatepec.

 

El señorío era vasallo y tributario del imperio mexica y en él había parcialidades habitadas tanto por matlatzincas como por mexicas (hablantes del náhuatl) y otomíes, grupos que recibieron tierras en pago por la conquista. Teotenango (Tenango del Valle) y Toluca pagaban tributo de manera conjunta y en tierras cultivadas por indígenas toluqueños, se recolectaba tributo para el emperador Moctezuma. Según la Matrícula de Tributos, Toluca entregaba cada ochenta días 400 mantas delgadas de henequén, 200 tilmas finas y 400 mantas de palma. De acuerdo al Códice Mendocino, cada seis meses daba 400 cargas de mantillas de algodón y 1,200 cargas de mantillas de henequén blancas; 2 trojes grandes llenas de frijoles, maíz, chía y huautli; una vez al año trajes y rodelas (escudos); 22 piezas de armas para los guerreros y 22 rodelas de plumas finas.

 

En otros artículos he dicho también que había un dios llamado Coltzin, deidad agrícola que conocemos también con el nombre de Tolo; y que según Bernal Díaz del Castillo, el príncipe Cuauhtémoc, entonces señor de Tlatelolco, tenía aquí muchos parientes por parte de madre. En cualquier caso, sea por su sometimiento a la capital mexica o por los parientes que acá tenía el Águila que desciende, el Matlatzinco era un aliado natural de los aztecas.

 

No se sabe mucho más de la situación del Matlatzinco en el año 1519, al momento del encuentro entre Cortés y Moctezuma. Desafortunadamente tampoco existen códices o escritos que permitan saber qué pensaban los habitantes de la región respecto de la llegada de los hispanos a Mesoamérica o de la conquista (como si existen otros testimonios indígenas, como los recopilados por Miguel León-Portilla para su libro Visión de los vencidos). Hay que seguir investigando para ver qué más se puede hallar al respecto.