El Nobel

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Hoy está de moda el Premio Nobel. Ha salido ya el resultado de los jueces y se han decidido por una poeta norteamericana, cuya obra ha sido publicada principalmente en su idioma, y que sólo la editorial española Pre-Textos ha editado varios de sus libros al español.

 

Esto nos convierte, y debo decirlo con todas sus letras, en ignorantes y poco conocedores de su obra. Lo poco que he leído de ella proviene del Facebook, no de otro lado. No tengo en mis manos un solo ejemplar de los publicados por la editorial sevillana.

 

Desconozco su poética, su ritmo, sus palabras, pero eso no me preocupa mucho, en estos días, Louise Glück se ha convertido en tendencia y muchos han sacado sus poemas, repetidos infinidad de veces, por unos y otros y quizá por los pocos que realmente sí la conocen.

 

Hasta este momento, el problema empieza a hacerse realidad. La moda dentro de nuestra república de las letras será esta poeta. En algunos meses, sino es que menos, tendremos a Louise Glück hasta en la sopa de letras.

 

¿Es preocupante? No, quizá sólo sea un reflejo de lo que somos realmente. Desconocemos de manera normal lo que sucede en otras latitudes. No sabemos ni siquiera lo que sucede en el municipio de al lado, no tenemos idea de la palabra que se crea en otra ciudad, o en otro pueblo. Nos encerramos en una burbuja de jabón que, por irónico que parezca, suele endurecerse de tal manera que difícilmente se rompe.

 

Apenas el año pasado, en un viaje que tuve por algunos sitios de la República, una persona me preguntó sí conocía lo que se escribía en aquella ciudad. Con toda honestidad le dije que no, que nada, que las noticias que me llegaban de los escritores locales era tan sólo de rebote, pero que no sabía sí existía un ritmo especial, ese tono que debe llevar la palabra escrita.

 

Sin asombro, esa persona me contestó que así era. Ni siquiera los de la capital del estado sabían lo que ellos hacían ahí, encerrados entre sus montañas, a un lado de sus jardines, o con la problemática normal de cada sitio.

 

Es por eso que no creo en estas modas del Nobel. Cuando el autor galardonado es alguien de quien no hemos tenido noticias, se convierte en tendencia nacional y en boca de todos, aunque en su vida hayan leído los dos o tres poemas que han ido repitiéndose de manera constante desde la noche en que se supo quién era ella.

 

Sí, ya lo sabemos, dentro de poco las librerías van a estar atascadas de sus ediciones, la mayor parte a precios un tanto elevados, que seguramente se van a  comprar para no quedarse atrás en una plática de intelectuales de solapa. Ni modo, así es nuestra pequeña república de las letras.